Pensar rápido, pensar despacio

Resumen Online Gratuito escrito por RamTalks

Cuando me preguntan cuál es mi libro favorito, no tardo ni dos segundos en responder: “Pensar rápido, pensar despacio”, de Daniel Kahneman. La cantidad de conceptos útiles que abarca esta obra es tan amplia que no me he atrevido a hacer un vídeo-resumen donde los exponga… Hasta el día de hoy.

Si te ha gustado este resumen y eres un apasionado de la lectura como yo, puedes comprar el libro pulsando en la imagen o en el botón de abajo.

Introducción. 

La vida del autor es, cuanto menos, apasionante y ejemplar. Habiendo nacido en Israel y crecido en Francia, Kahneman optó por estudiar psicología antes de regresar a Palestina. Después de recibir su licenciatura, el por aquel entonces recién graduado se alistó en la armada israelí, ejerciendo principalmente en el departamento de psicología. El libro que vamos a analizar resume la investigación que Daniel realizó durante tres décadas junto a su fiel compañero Amos Tversky en Estados Unidos. Sus brillantes aportaciones al campo de las decisiones le valieron el premio Nobel de economía en el año 2002.



¿Alguna vez te has preguntado por qué tomas las decisiones que tomas? Puede que ayer tuvieras las suficientes agallas como para levantarte nada más oír el despertador y, por el contrario, hoy hayas pospuesto la alarma un par de veces para quedarte más tiempo en tu cama. Normalmente, a medida que navegamos en nuestras vidas, nos dejamos guiar por nuestras impresiones y sentimientos, y pensamos que la confianza que depositamos en nuestras creencias intuitivas está más de sobra que justificada. Sin embargo, ¿qué es lo que sucede realmente? Con bastante frecuencia, el ser humano se muestra muy seguro de sí mismo y de sus elecciones, a pesar de que esté rotundamente equivocado.

El objetivo del libro es que seas consciente de los fallos más comunes en los que incurre tu mente a diario. Digamos que se han programado en nosotros ciertos errores de fábrica que nos conducen a tomar decisiones que no tomaríamos si fuéramos conscientes de ellos, algunos más fáciles de identificar, parchear y reparar que otros. Lo que está clarísimo es que no es nada deseable pulular por este mundo sin tener unas nociones básicas de cómo nuestro cerebro nos puede dar gato por liebre a cada instante. Así pues, vamos a explorar con detenimiento las cinco partes en las que se divide esta obra.

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Parte I – Dos sistemas

Esta es la base en la que se sostiene todo el libro. Para elaborar juicios y tomar decisiones, existen dos sistemas principales en el cerebro humano: Sistema 1 y Sistema 2. Mientras que el S1 opera de forma automática, rápida, inconsciente y sin realizar ninguna clase de esfuerzo ni control voluntario, el S2 funciona de forma manual, pausada y consciente para enfocar la atención en actividades mentales que demanden un esfuerzo extra por parte del individuo. El S1 está más asociado a la emoción, y el S2, a la razón. No te preocupes, que con los ejemplos que te voy a dar a continuación lo vas a entender todo a la perfección.

Por un lado, algunas de las actividades típicas que realiza el S1 son las siguientes:

  • Determinar si un objeto está más lejos que otro.
  • Localizar de dónde viene un sonido específico.
  • Completar la frase: “de tal palo…”
  • Completar la operación: “2+2=?”
  • Reconocer la cara de un familiar o amigo.
  • Conducir un coche por una autopista vacía.
  • Mostrar asco al ver una imagen desagradable.

 Por otro lado, algunas de las actividades típicas que realiza el S2 son las siguientes:

  • Prepararse antes de dar un sprint.
  • Completar la operación: “17×24=?”
  • Aparcar en un emplazamiento estrecho.
  • Determinar la relación calidad-precio de dos lavadoras.
  • Fijarse únicamente en los hombres que tengan el pelo gris.
  • Concentrarte para escuchar la voz de tu amigo en una discoteca.
  • Contar el número de aes que has escuchado hasta ahora en el vídeo.
  • Escarbar en la memoria para intentar reproducir un sonido estridente.

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Creo que ya veis por dónde van los tiros, ¿no? Probablemente, ahora estés pensando: “el cerebro humano es una máquina súper eficiente”. Nada más lejos de la realidad, ya sabes que la mente humana se equivoca a todas horas, y el motivo es muy simple: utiliza el S1 cuando tiene que utilizar el S2, y utiliza el S2 cuando tiene que utilizar el S2. Puesto en palabras más llanas: pensamos rápido cuando tenemos que pensar lento, y pensamos lento cuando tenemos que pensar rápido.

Por ejemplo, los publicistas tratarán de anunciar un producto o servicio cuando vean que su público objetivo se encuentra más cansado o eufórico, ya que dichos estados anímicos predisponen al cerebro a pensar no hay amenazas lo suficientemente considerables como para redirigir su atención o movilizar su esfuerzo. Ellos buscan que tú veas sus anuncios cuando estás utilizando el Sistema 1, no el Sistema 2. Para ello, repetirán una y mil veces sus eslóganes con claridad y utilizarán estímulos audiovisuales llamativos que sean más complicados de ignorar. En definitiva, quieren sacarte de la tensión cognitiva del S2 para sumergirte en la facilidad cognitiva del S1. Así, es más probable que efectúes la compra.

Somos ciegos ante lo evidente y, además, somos ciegos ante nuestra propia ceguera.

Para la mayoría de nosotros, el pensamiento laborioso del S2 requiere autocontrol. Y de esto se aprovechan un sinfín de empresas, gobiernos e instituciones de todo el mundo. Si mientras caminas tranquilamente te piden resolver una ecuación, lo más seguro es que te pares, de la misma forma en que has dejado de contar pases para ver al gorila. Cuando el S2 está ocupado, el S1 tiene mucha más influencia sobre nuestro comportamiento, ya que el dos requiere mucha más energía para funcionar y, por ende, nos agota la fuerza de voluntad.

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Con esto, no quiero decir que haya que utilizar todo el rato el S2 simplemente por ser más fiable que el S1. Recuerda: el S2 consume mucha más energía que el S1, por lo que sería muy poco práctico usarlo todo el rato. ¿Te imaginas estar cuestionando constantemente nuestro propio pensamiento en tareas tan mundanas como lavarse los dientes, identificar las voces ajenas o mantener relaciones sexuales? Sería muy tedioso. La clave es reconocer aquellas situaciones en las que los errores sean más caros y la probabilidad de errar sea más elevada. Es ahí cuando uno ha de utilizar el S2 para evitar desastres.

Parte II: Heurísticas y Sesgos.

Los procesos mentales mediante los cuales cometemos equivocaciones a la hora de sacar conclusiones reciben el nombre de sesgos cognitivos y heurísticos. La segunda parte del libro ofrece explicaciones de por qué nos cuesta tanto pensar estadísticamente. Para ello, Kahneman expone una lista de los sesgos y heurísticos en los que solemos incurrir. Como sería muy aburrido ir explicándolos uno a uno, he elaborado una pequeña historia…

María es una joven estudiante de 14 años que se ha cambiado de colegio recientemente. Hoy es su primer día de clase, motivo por el cual se encuentra un tanto nerviosa por ver cómo reaccionarán sus nuevos compañeros. A fin de cuentas, ella sabe que no hay una segunda vez para una primera impresión, y que la gente de clase podría caer en el error de juzgar su personalidad e inteligencia en base a las primeras cualidades que perciban de ella, tales como su ropa, su atractivo físico o su simpatía (Efecto Halo). Justo la noche anterior, le preguntaba a su madre: “¿por qué la gente sustituye el “qué siento” por el “qué pienso” con tanta recurrencia? (Heurística del afecto) Que una persona no te caiga bien por pura intuición no es prueba alguna que sea menos ética o agradable”.



Sin embargo, a María le da igual que la tomen por borde, ya que se enfada con muy poca frecuencia y siempre suele tratar bien a todo el mundo. Lo que le preocupa más es que la gente piense que es estúpida… Y es que, a pesar de que la recién incorporada alumna saca muy buenas notas, suspende un examen de cada treinta por mala suerte. Claro, ¿os imagináis que María suspende el primer examen y, al enterarse toda la clase, la califican de mala estudiante prematuramente? De darse el caso, sería una conclusión muy pobre desde el punto de vista estadístico, ya que la muestra de exámenes realizados es todavía demasiado pequeña (Ley de los Pequeños Números) para sacar conclusiones fiables.

Aun así, poco importaban todos sus pensamientos… ¡Ya había entrado en la clase! Eso sí, había llegado un poco tarde y la profesora de biología ya había entrado por la puerta, por lo que no le dio tiempo a presentarse todavía. Lo primero que planteó la maestra fue lo siguiente: ¿pensáis que el azúcar es bueno o malo para la salud? Inmediatamente, la clase comenzó a teclear en su ordenador para buscar información en Google. Cuál fue la sorpresa de María cuando se dio cuenta de que sus compañeros no estaban buscando si el azúcar era bueno o malo, sino directamente por qué el azúcar era malo. “Qué grave error”, pensó la muchacha. “Intentan reforzar lo que ya piensan en vez de comprobar de forma objetiva si lo que piensan es verdadero o falso (Sesgo de confirmación).

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¿Por qué la gente tendía a favorecer, buscar, interpretar y recordar la información que concuerda con lo que ya pensaban? María ya sabía de sobra que el problema no era el azúcar en sí, sino el azúcar añadido. Aun así, buscó en Google: “beneficios y perjuicios del azúcar”, para evitar cometer tal fallo. Acto seguido, la chica que estaba en el pupitre de la izquierda curioseó su pantalla; al darse cuenta de lo que estaba escribiendo, le reclamó a nuestra joven protagonista: “pues el azúcar mata, porque le diagnosticaron diabetes tipo II a mi tía y recuerdo que le prohibieron terminantemente su consumo”.

“Pero eso no prueba nada” (Heurístico de disponibilidad), contestó María. Me da a mí que has sustituido la pregunta que nos ha mandado la profesora – ¿Pensáis que el azúcar es bueno o malo para la salud? – por otra pregunta distinta para intentar responder a la primera – ¿Qué recuerdo yo acerca del azúcar? -. “Lo correcto sería que te pusieras ya a buscar información”, recalcó. La compañera se quedó impresionada por su respuesta, por lo que le contestó: “es verdad, muchas gracias. Ya me imaginaba que, con esas gafas y brackets, serías una chica inteligente. Te pega mucho”. A María le molestó un poco que la tacharan de inteligente sólo por cumplir un estereotipo (H. de representatividad).

En el recreo, le dio tiempo a entablar conversación con varias personas, pero la campana sonó con bastante rapidez… ¡El recreo sólo duró quince minutos! Ella estaba convencida de que la pausa de media mañana sería de media hora, porque su madre le dijo unos días atrás que apostaba a que duraría una hora. Claro, como María ya tenía la referencia de sesenta minutos de su madre, a la cual consideraba un tanto optimista, calculó que el tiempo que estaría en el patio sería unos treinta minutos cuando, en realidad, una cosa no tiene nada que ver con la otra: María se había dejado influenciar por el punto ancla de su madre – 60 min. – para llegar a una conclusión propia – 30 min. – (Efecto ancla).

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Sí, María no es perfecta: ella también está expuesta a los sesgos cognitivos y heurísticos. Se nota que una chica lista a la hora de inferir estadísticamente y usar la lógica para extraer conclusiones. Su secreto – y esto quiero que lo apuntes – es que, en vez de recurrir a los hechos mediante su memoria asociativa para justificar ciertas relaciones causales, ella se interesa por la probabilidad de que éstos ocurran. Normalmente, a la hora de razonar, las causas puntuales triunfan sobre la estadística, lo cual es un error cognitivo.

Parte III: Exceso de confianza.

La tercera sección del libro sugiere que las personas sobreestimamos el conocimiento que tenemos acerca del mundo y, a la par, subestimamos el papel del azar. Recopilamos datos del pasado, los moldeamos en base a nuestras vivencias, creencias y sentimientos y, para colmo intentamos realizar predicciones del futuro mediante nuestra intuición. Dicho esto, ¿pensáis que María se desenvolverá tan bien cuando sus emociones estén a flor de piel?

Tras un largo día de clase, María le comentó a su padre: “papá, echo de menos el antiguo colegio. Ahí todo era maravilloso: las clases terminaban antes, me reía con mis amigas, me gustaban los profesores…”. Ante las quejas de su hija, el padre respondió: “Escucha, normalmente tendemos a recordar las experiencias pasadas mucho mejor de lo que eran en realidad (Sesgo de retrospección idílica). Fuiste tú quien pidió un cambio de colegio, ¿te acuerdas?”. María estaba desanimada, pero eso no le hizo pensar ni por un segundo la opción de volver a su antiguo colegio o cambiarse a otro, puesto que era plenamente consciente de que el estado emocional influye muchísimo en las decisiones que tomamos (Efecto Marco). En ese momento, era como si llevase puestas unas lentes grisáceas que le hacían ver el mundo con negatividad, desesperación, hostilidad y arrepentimiento.



De repente, su madre entró al salón con excitación y dijo lo siguiente: “¡Escuchad! Han cancelado las clases en los colegios y universidades por el coronavirus. Mis compañeras de trabajo ya están haciendo cola en los supermercados, y me comentan que la gente está llevándose todo lo que encuentran… ¡Me voy corriendo, no vaya a ser que nos quedemos sin comida! (Efecto manada)”. En efecto, la madre se estaba dejando arrastrar por el comportamiento gregario de las masas, sin darse cuenta de que el hecho de que todo el mundo haga algo o esté de acuerdo en algo no quiere decir que sea lo más apropiado en esa situación. Poco después, su hermano entró al salón anunciando que a él también le habían cancelado las clases presenciales, y no pudo callarse su opinión al respecto.

“El presidente del gobierno es demasiado optimista: está valorando la situación bastante mejor de lo que es en realidad (Sesgo del optimismo). ¿De verdad piensa que las pérdidas económicas en el PIB van a ser sólo de un 8%? Está clarísimo que ha sobrevalorado los beneficios e infravalorado los costes. Y no me extraña: seguro que ha caído en el error de fiarse ciegamente de los expertos simplemente porque ellos son la autoridad (Ilusión de aptitud). El hecho de ser experto en una determinada materia no implica en absoluto que la correlación en los aciertos de sus predicciones sea superior. Que no se olviden de que el mundo es francamente impredecible, y más aún en estas circunstancias.”

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“Gran reflexión, hijo”, remarcó el padre. Si es que no era tan difícil tomar medidas antes de que todo esto pasara… ¡Los políticos son los culpables!”. Ante su inminente cabreo, su hijo contestó: “Papá, ¿no crees que te estás dejando llevar por el resultado a la hora de evaluar la actuación de los políticos? (Sesgo del resultado) Tendemos a culpabilizar a quienes toman por buenas unas decisiones que tuvieron un mal resultado, así como a no reconocerles medidas acertadas que parecen obvias después de ser aplicadas. Parece que sólo nos fijamos en lo que hacen mal y damos por sentado lo que hacen bien.” 

María se interesó por la conversación y añadió: “en parte tienes razón, Pablo. No vamos a caer en el error del ´lo sabía´, cuando solamente estábamos conjeturando con distintos escenarios. Aun así, los políticos no dejan de ser unos hipócritas irresponsables, no sólo por haber enfocado su atención únicamente en lo que conocían, sino también porque ignoraron completamente que había factores que no conocían (Ilusión de control). A fin de cuentas, el ´nadie lo podía prever´ es una excusa tan poco válida como el ´yo lo sabía ya´. Lo más correcto sería: ´yo me preparé por si algo así acababa sucediendo´.  

“Yo estoy de acuerdo con María”, replicó el padre. Pensaron que no actuar era mucho mejor que actuar (Sesgo de omisión), y es evidente que esto no es necesariamente cierto.

El ser humano prefiere errar por omisión que por acción. Sin ir más lejos, habría sido más deseable que se tomaran medidas con antelación y que, finalmente, éstas no hicieran falta. Además, la responsabilidad ante la presente crisis sanitaria se ha repartido entre tantas personas que ninguno de ellos se ha atrevido a ejercer un rol dominante (Efecto de espectador). “¡Es verdad!”, puntualizó María. Siempre soy yo la que hace la parte difícil de los trabajos en grupo, ya que el resto piensa: ´bah, pues ya lo hará otro´”.

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“Todavía no sé cómo sigues apoyando a la ultra-derecha de España, papá”, dijo el hijo con cierta hostilidad. “Pablo, hubo un día en el que tú también lo hiciste. Lo que pasa es que a las personas nos cuesta reconocer estados pasados del conocimiento o creencias que han cambiado (Sesgo de retrospección)”. Una vez adoptamos una nueva visión del mundo, perdemos parte de nuestra capacidad para recordar lo que solíamos creer antes de que nuestro pensamiento cambiara”.

A menos que el entorno sea muy predecible y practiquemos nuestras predicciones de forma sostenida en el tiempo, las intuiciones no son nada deseables cuando tengamos que anticipar escenarios futuros. Sócrates decía: “sólo sé que no sé nada”. Ahora, yo te digo: “sólo sé que estás sesgado”. No caigas en el error de creerte la excepción. Mientras sigas siendo homo sapiens, eres perfectamente susceptible de meter la pata.

Parte IV: Elecciones.

La cuarta sección del libro puede resultar un tanto engorrosa para quien no disponga de nociones básicas de economía. No pretendo profundizar mucho en ella. Sin embargo, hay múltiples conceptos que no podemos pasar por alto, ya que son los que utilizó Kahneman para cuestionar la teoría de la utilidad de Bernoulli y, así, ganar un premio Nobel. ¿Qué factores hay que tener en cuenta al tomar decisiones importantes en nuestras vidas?

En primer lugar, hemos de interiorizar que las pérdidas pesan más que las ganancias. Para ilustrarlo mejor, presta atención al siguiente ejemplo: imagínate que te propusieran jugar al cara o cruz apostando dinero. Si sale cara, pierdes 100 dólares; si sale cruz, ganas 100.



¿Aceptarías el juego? No he visto los comentarios todavía, pero apuesto lo que sea a que la mayoría de vosotros diría que no. La explicación no es otra que la ya mencionada: las pérdidas tienen más carga psicológica que las ganancias. En otras palabras, el ser humano es averso a la pérdida (Aversión a la pérdida). Un grupo de científicos ha demostrado que, si se desea que el número de personas que aceptan la apuesta supere al de personas que la rechazan, las pérdidas deben ser aproximadamente la mitad que las ganancias. Con una pérdida de 50 dólares, el juego ya estaría más equilibrado en términos psicológicos.

Aunque, como es lógico, esto ya depende de cada persona. Ahora, yo te pregunto: ¿cuál es la pérdida mínima que tú aceptarías para jugar? Cuanto más elevado sea ese número, más rechazo te provoca perder. Así de simple. Hasta aquí, Kahneman y Bernoulli estarían de acuerdo: no nos gusta perder y, en suma, valoramos más las pérdidas que las ganancias. Sin embargo, nuestro querido israelí introdujo un concepto crucial: el status quo. Se trata simplemente del punto de referencia del cual parten los agentes económicos cuando han de tomar decisiones. Volvamos al mismo ejemplo de antes, pero con una (no tan) pequeña salvedad: imagina que eres un jeque árabe al que le sobra pasta por un tubo. ¿Rechazarías la apuesta o, por el contrario, te daría exactamente igual si jugar o no? Probablemente, te importaría muy poco perder 100$. Sin embargo, imagina que sólo tienes 100$ en tu cuenta bancaria y te proponen jugar. ¿Perder te seguiría importando tan poco como antes?

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Así se gana un premio Nobel: en una decisión, no solamente importa lo que puedes ganar, lo que puedes perder y lo que está en juego, sino que también importa lo que tienes en ese preciso momento, es decir, el status quo. El punto de referencia de un jeque árabe no es el mismo que el de un estudiante universitario y, por lo tanto, la aversión al riesgo en este problema particular será completamente distinta para cada uno de ellos.

Y espérate, porque eso no es todo: Daniel menciona dos sesgos muy importantes, que son el efecto de posibilidad y el efecto de certeza. Dicho de otro modo, tendemos a magnificar la ocurrencia de los eventos poco probables y, por otro lado, a minimizar la ocurrencia de los eventos muy probables. Un cóctel mortífero sería combinar el efecto de posibilidad con el ya mencionado heurístico de disponibilidad. El ejemplo más típico es el del miedo a los aviones: casi todos nosotros somos conscientes de que los accidentes aéreos son muy raros. Sin embargo, la gran cantidad de películas y telediarios que han representado este tema facilita que uno pueda imaginar muy bien cómo son los accidentes de avión.

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Antes de que nos demos cuenta, ya nos volvemos de lo más paranoicos y catastrofistas, magnificando así la irrisoria probabilidad de que el avión se estrelle. El efecto de certeza es lo mismo, pero al revés. Por ejemplo, ¿no os ha pasado alguna vez que habéis estudiado muchísimo para un examen que es fácil y os empezáis a comer la cabeza por si metéis la pata en él? La razón dice: “controlas todo muy bien, es casi seguro que apruebes”; pero la emoción grita: “uy, pero qué nervioso estás… Yo no me confiaría tanto, que el examen es muy importante”. Y, en consecuencia, tendemos a minimizar la elevada probabilidad de aprobar el examen. Sed conscientes de esto y elegid bien.

Parte V: Dos yo.

Nos adentramos en la parte final de esta extensa obra. Es aquí donde Daniel se vuelve un poquito más filosófico para hablarnos de los dos tipos de yo existentes: el que recuerda y el que experimenta. ¿Qué le pasó a María cuando se puso a pensar en su antiguo colegio? Pues que su retrospección estaba sesgada por lo que sentía, es decir, como recordaba los momentos felices con mucha más claridad que los momentos tristes, su valoración tendía a ser mucho más positiva y optimista. De hecho, de este fenómeno psicológico procede la famosa expresión “todo tiempo pasado fue mejor”. Se trata de una verdad a medias, ya que lo que experimentamos no siempre coincide con lo que luego recordamos de ello.

El yo que recuerda prevalece sobre el yo que experimenta al evaluar el pasado, puesto que el yo que recuerda es el único que registra, almacena y ordena lo que aprendemos de la vida. Por ello, confundir la experiencia con la memoria de la misma es una poderosa ilusión cognitiva que nos puede llevar a tomar decisiones pésimas. Mucha gente comete este error a la hora de romper una relación tóxica y volver tras un periodo de abstinencia. Como su mente sólo les ha provisto de un resumen con los momentos más álgidos de la relación, se sienten tentados a volver a experimentar el objeto perdido. No obstante, sólo se trata de un espejismo creado por una retrospección rosácea, sesgada y engañosa.



Conclusión final.

Los que hayáis leído el libro tendréis ganas de asesinarme: “¿cómo se te ocurre omitir lo que tú ya sabes? No puedes dejar a tus suscriptores sin esa palabra de siete letras que les cambiará por completo su paradigma”. Precisamente por eso me la he reservado para el final del vídeo: tras interiorizar todos los conceptos expuestos, los voy a sintetizar en una única – sí, una – palabra. Y esa palabra es… WYSIATI.  

WYSIATI es el acrónimo de “What You See Is All There Is” (en español, “lo que ves es todo lo que hay”). Cuanto más limitada es la información que se encuentra a nuestra disposición, más coherentes parecerán las historias que construimos. Dicho de otro modo, cuanta menos información tengamos para evaluar una situación concreta, más coherente nos resultará nuestra interpretación de la misma… ¡Pero esto no quiere decir que sea real! WYSIATI hace referencia a que, en diversas ocasiones, conformamos nuestros juicios e impresiones de acuerdo a la información que tenemos disponible.

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Generalmente, no solemos perder mucho tiempo pensando: “bueno, todavía hay muchas cosas que no conozco”. No: simplemente, hacemos valer lo que conocemos. Y con montar una historia que sea coherente ya es más que suficiente. La historia no tiene por qué ser exacta, completa o fiable, sino coherente. Parece mentira, ¿eh? Un pequeño conjunto de información incompleta y no representativa en nuestra cabeza ya nos sirve para interpretar el mundo. Lo que pasa es que, por supuesto, la manera en que nosotros interpretamos las cosas no siempre equivale a las cosas en sí mismas. Intentemos no caer en WYSIATI

Y si te has quedado con ganas de más, tenemos varios resúmenes que seguramente te resultarán interesantes:

Puedes ver este resumen de libro en forma de vídeo aquí:



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