El arte de la guerra.

Resumen Online Gratuito escrito por RamTalks

El proceso de la toma de decisiones puede resultar un tanto confuso en ciertas ocasiones. Y es que la gran variedad de opciones por las que uno se puede decantar paraliza a miles de individuos cuyas dotes estratégicas no están a la altura de la situación. Por este motivo, yo abogo siempre por el desarrollo de una mentalidad crítica, analítica y empírica que, en combinación con una serie de principios, valores y creencias sólidos, nos permita resolver encrucijadas en momentos clave. En este sentido, existe una profesión en particular de la que rara vez nos han hablado en el colegio y, en suma, aúna todas estas características tan necesarias para la vida: el general de guerra. Así pues, ¿Qué es aquello que le hace único?

Para responder a tal cuestión, hoy hablaremos de un manual militar cuyas enseñanzas han sido acogidas por empresarios, estudiantes, filósofos, atletas y de más profesiones donde una mentalidad estratega sea imprescindible. Si bien sus orígenes no están del todo claros, la mayoría de los historiadores data al presente tratado de la Antigua China alrededor del año 500 a.C., atribuyendo su autoría al general Sun Tzu. Y no te preocupes, que este libro no va de combatir cuerpo a cuerpo, ni tampoco de cortar cabezas o torturar al enemigo… A lo largo del siguiente artículo, escucharás siete valiosas lecciones aplicadas a día de hoy que he extraído de esta magnífica obra. Bienvenidos a El Arte de la Guerra.

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Introducción.

Sun Tzu declara: “la guerra es de vital importancia para las naciones, puesto que implica la vida o la muerte, es decir, el camino hacia la supervivencia o la pérdida del Imperio. No reflexionar seriamente sobre todo lo que le concierne es dar prueba de una culpable indiferencia en lo que respecta a la conservación de lo que nos es más querido. Está claro que, en la sociedad contemporánea, la guerra no respecta un asunto de primer orden en lo que a prioridad se refiere. No obstante, esto no quiere decir que (a) no haya otros asuntos que merezcan nuestra atención, (b) ni que ciertas estrategias bélicas no se puedan aplicar a otros conflictos que sí imperan dentro de las empresas, las familias y los países. Lo que es relevante para nuestra perduración y progreso merece ser objeto de estudio.

Lección 1. Oculta tus intenciones.

Leo uno de mis fragmentos favoritos del libro: “la guerra se basa en el engaño. Por ende, uno debe aparentar debilidad cuando su ejército esté preparado para atacar, y fortaleza cuando no lo esté; reflejar lejanía cuando las unidades se encuentren cerca del enemigo, así como cercanía cuando se encuentren lejos; manifestar desorden interno cuando haya tranquilidad, y orden interno cuando reine el caos. Así se logran las victorias: atacando donde a uno no se le espera, evadiendo batallas cuando la incertidumbre sea demasiado elevada o la desventaja en número sea demasiado evidente, dividiendo el pelotón en caso de que se espere una maniobra mancomunada… En definitiva, embauca y vencerás”.

el arte de la guerra

Sin siquiera conocer términos como teoría de juegos o análisis de riesgos, el general Sun Tzu ya se sabía sus reglas. Y es que adoptar un comportamiento sorpresivo, inesperado e impredecible para con el contrincante es lo más próximo a una táctica infalible. Grandes compañías como Apple, Amazon o Intel invierten cientos de millones de dólares tanto en ocultar sus nuevos proyectos como en conocer los de su competencia. Y no es para menos, pues entrever las maniobras del mercado para idear un producto o servicio innovador sin que ellos lo sepan podría traducirse en una rentabilidad monstruosa. Te sorprendería saber cuántos equipos de fútbol que se han aprovechado de este principio para dar una imagen de desconcierto y abatimiento estando en realidad fuertes y cohesionados. De este modo, el adversario se confía en exceso y sus probabilidades de ganar aumentan drásticamente.

Lección 2. Canaliza la información.

En relación con el punto anterior, el escritor declara: “si conoces tanto al enemigo como a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas; si desconoces al enemigo, pero te conoces a ti mismo, sufrirás una derrota por cada victoria obtenida. Y si no conoces  ni al enemigo ni a ti mismo, sucumbirás sin excepción”. ¿Cómo pretende uno sorprender al enemigo si ni siquiera sabe lo que éste espera y lo que no? En cuanto a las relaciones interpersonales, bien sea en la guerra, la amistad o los negocios, la información es poder.

Por ende, es de vital importancia aprender a interpretar ciertas señales del adversario:

– Si los soldados enemigos producen llamaradas nocturnas, es que están atemorizados.

– Si los soldados enemigos ven una ventaja y no la aprovechan, es que están cansados.

– Si los soldados enemigos se apoyan unos en otros, es que están hambrientos.

– Si los aguadores beben en primer lugar, es que las tropas están sedientas.

– Si los pájaros están sobrevolando una ciudad, es que el ejército ha huido.

¿Y por qué la información es poder? Muy sencillo: el conocimiento del que dispongamos determinará la estrategia que utilicemos. Uno de los ejemplos que el general proporciona en su obra se basa en las diferencias comparativas en el tamaño de los ejércitos:

– Si tus fuerzas superan por 10 a las del enemigo, rodéale por completo.

– Si tus fuerzas superan por 5 a las del enemigo, atácale directamente.

– Si tus fuerzas superan por 2 a las del enemigo, divide tu ejército.

– Si tus fuerzas igualan a las del enemigo, lucha con él cara a cara.

– Si tus fuerzas son inferiores a las del enemigo, escóndete.

– Si tus fuerzas son muy inferiores a las del enemigo, huye.

resumen el arte de la guerra

Sin embargo, en caso de que no sepamos la ratio entre ambos ejércitos, ¿Cómo podremos estar seguros de si estamos aplicando la estrategia correcta? ¿comprendes ahora la enorme importancia del conocimiento? Ante circunstancias diferentes, acciones diferentes. Existe un gran maremágnum de ámbitos de la vida real en los que puedes aplicar dicho principio:

Si conoces el formato de un examen y en qué sueles fallar, es más probable que apruebes.

Si conoces las preferencias de tu jefe y qué espera de ti, es más probable que asciendas.

Si conoces los alimentos saludables y tu tipo de cuerpo, es más probable que adelgaces.

Ahora, sería conveniente que te plantearas ciertas cuestiones:

¿Hay algún dato que me podría facilitar la vida? ¿Cómo podría acceder a esa información?

¿Hay algo de mí que no quiero que se sepa? ¿Cómo podría proteger esa información?

Lección 3. Adáptate a las circunstancias.

De acuerdo al general, existen cinco elementos fundamentales a tener en cuenta a la hora de entrar en batalla: doctrina, tiempo, terreno, mando y estructura. Me gustaría comenzar este punto con los componentes de la naturaleza: el tiempo y el terreno:

– El tiempo (w) recoge las características meteorológicas y estacionales: el día y la noche, el frío y el calor, la lluvia o el sol, la primavera o el otoño, etc.

– El terreno (g) recoge las características geológicas y geográficas: peligrosidad del campo de batalla, distancias largas o cortas, el grado de apertura, etc.

Ya eres conocedor de que recopilar esta información para impactar al enemigo es crucial. Partimos de la base de que, en palabras literales: “existen tantas estrategias como guerras ha habido en la historia, pues cada una tiene su propia doctrina, tiempo, terreno, mando y estructura”. En este sentido, hay ciertos elementos dentro de una batalla concreta – i.e. el campo de batalla o el periodo estacional – que apenas cambian o lo hacen en un grado minúsculo, por lo que debemos únicamente adaptar la operativa entre batalla y batalla.



Por ejemplo, no es lo mismo luchar en un terreno local (donde hay que mostrar especial precaución por nuestras personas, mercancías y propiedades), que en uno clave (donde el primero que lo tome tiene ventaja sobre el segundo), uno desfavorable (donde aguardan montañas boscosas o desfiladeros abruptos que dificultan la visión), uno cercado (donde la vulnerabilidad es enorme debido a su estrecho acceso y su tortuosa salida) o uno mortal (donde la derrota está prácticamente garantizada y sólo queda pelear hasta el final). Sería fantástico que la información acerca de los jugadores fuera cien por ciento simétrica, fiable y accesible. Sin embargo, tú y yo sabemos que las cosas no son tan perfectas en el mundo real: así como sucede en la guerra, la coyuntura permuta a la velocidad de la luz.

¿Qué pasaría si descubres de repente que el enemigo te supera en número, y no al revés?

¿Qué pasaría si una niebla espesa invade el hasta entonces despejado campo de batalla?

¿Y si te tienden una emboscada? ¿y si te bloquean las vías de comunicación? El mensaje está claro: la guerra no es un proceso estático, sino dinámico. Así pues, hay que actualizar la información constantemente y adaptarse a los cambios según vayan llegando. Algunas cosas no son lo que parecen a primera vista: “si la mitad de las tropas enemigas avanza y la otra mitad retrocede, el enemigo está tendiendo una trampa; si se enfrentan a ti con ardor, pero demoran el momento de entrar en combate sin abandonar el terreno, es muy probable que estén preparando un ataque sorpresa”.

el arte de la guerra

Lejos de ser características fijas, inmutables y constantes, los 5 componentes previamente mencionados son variables, mutables y volátiles incluso dentro de una misma batalla. Ya no es sólo que pueda ponerse a llover o que se haga de noche, sino que puede haber ciertas características del enemigo que hemos tomado como verdaderas sin serlo realmente. Qué gran similitud con respecto al mundo empresarial, donde el entorno (i.e. demanda y oferta de productos, precios de mercado, proveedores, competencia, poder de negociación…) puede sufrir vertiginosas transformaciones en cuestión de días. Un emprendedor nato no pasará por alto valores como la resiliencia, la adaptabilidad, la perspectiva y la evolución.

Conviene añadir otro axioma: “Ante circunstancias cambiantes, acciones cambiantes”.  Por ende, más importante aún es tener la capacidad para reaccionar ante los imprevistos, es decir, aquellos eventos cuya aparición se produzca sin previo aviso. En efecto, un buen general no sólo se ocupa de conocer en profundidad a sus contrincantes, aliados y ejército, sino que entiende además que no todo se puede conocer. Lo mismo pasa con el individuo en el plano psíquico: hay cosas que sabe que sabe, cosas que no sabe que sabe, cosas que sabe que no sabe y cosas que no sabe que no sabe. Y la sabiduría en su sentido más amplio consiste en actuar conforme a los cuatro cuadrantes, maximizando así la probabilidad de éxito.

Lección 4. Administra tus recursos.

Otro elemento indispensable en la guerra es la estructura, la cual hace referencia al orden jerárquico dentro del ejército (subdivisiones, tamaño, rangos, etc.) y a la planificación de los recursos (vías de comunicación y transporte, materiales, presupuesto, etc.). La cuarta lección se resume en esta cita: “no existe ninguna nación que se haya beneficiado de una guerra prolongada. Así pues, aunque toda acción precipitada es indeseable, el objetivo principal es atacar y derrotar al enemigo con la mayor brevedad posible. De este modo, el impacto en la tesorería se minimizará. Una buena milicia jamás debería precisar de refuerzos o nuevas provisiones. Muchas guerras se han perdido sólo por el desgaste físico y psicológico de la armada o por escasez de provisiones”.

Factores como una mentalidad ahorradora, planificadora y largoplacista son estrictamente necesarios para ganar una guerra: “cada unidad monetaria recaudada ha de ser utilizada eficientemente. A este respecto, un general ha de ser cauteloso a la hora de transportar las armas pesadas, calcular el número de caballos que hacen falta, cuidar los alimentos, asignar los cargos y mantener en auge el espíritu colectivo”. Así es precisamente como las empresas y las familias tendrían que actuar: midiendo con lupa cada céntimo que entra en la comuna, gastando en justa medida, y, como bien diría Séneca unos siglos más tarde, preparándose para la escasez y la desgracia en tiempos de abundancia y fortuna.



En suma, un buen estratega no sólo se encarga de optimizar los recursos económicos, sino también los psicológicos. Un equipo de trabajo chamuscado por el estrés, una familia sin normas de convivencia o un cónyuge desmotivado conducirán de forma inequívoca a la entropía. Y es que Sun Tzu tenía muy clara la ley de los rendimientos decrecientes: más no siempre es igual a mejor. Un ejército demasiado grande es más difícil de coordinar y nutrir, pudiendo incluso llegar a ser contraproducente si el adversario se percata de que la movilidad, la comunicación o la obediencia comienzan a ser más difusas. Exactamente lo mismo sucede con una sociedad limitada: podría darse la situación de que más personal y capital no equivalga a más productividad, al ser los costes de mantenimiento demasiado altos para el rendimiento que generan. Los recursos son finitos. Úsalos con cabeza.

Lección 5. Equilibra tus valores.

La doctrina y el mando son los componentes morales de la guerra.

Por un lado, la doctrina (d) consiste en el grado de subordinación de los rangos inferiores hacia los gobernantes. Así, el grado de armonía entre soldados, comandantes y generales depende, en gran medida, del marco regulatorio dentro del ejército. Si la proporción entre los castigos y las recompensas es justa, firme, aplicada y respetada por sus miembros, el orden doctrinal tenderá a instaurarse. A fin de cuentas, acabamos de describir los tres elementos de cualquier sistema jurídico moderno: poder legislativo, ejecutivo y judicial. Y basta con que uno de éstos falle total o parcialmente para entrar en decadencia.

El arte de la guerra. 3

No obstante, por muy bien que las leyes se redacten y apliquen dentro del ejército, ningún soldado se subordinaría a las órdenes de un general que carece de los valores imperativos para dirigirlo. En relación con esto último, el mando (c) recoge aquellos atributos que los gobernantes han de tener, y son los siguientes: sabiduría, sinceridad, benevolencia, coraje y rigor. Como bien declara Sun Tzu: “el mayor signo de que el general no es tomado en serio es la falta de disciplina en su ejército”. Análogamente, es menester hacerse eco de la doctrina y el mando dentro del núcleo familiar: si un niño observa que los castigos son demasiado frecuentes, que los premios son escasos o inexistentes y que la figura paternal no practica con los valores que predica, ¿qué cabría uno de esperar sino el desconcierto?

Y muy atento, porque este es el broche de oro del general en el plano ético: “cualesquiera de las cinco virtudes mencionadas son dañinas en exceso”. ¿Te suena esto de algo? Así es, se trata del concepto de aurea mediocritas o media dorada de Aristóteles: la virtud se encuentra en la moderación. Una vez más, observamos cómo la filosofía helenística y la oriental convergen armónicamente. Pasando al plano aristotélico las palabras de Sun Tzu:

El término medio entre la cobardía y la temeridad es el coraje.

El término medio entre la permisividad y la severidad es el rigor.

El término medio entre la ignorancia y la erudición es la sabiduría.

El término medio entre la blandura y la crueldad es la benevolencia.

El término medio entre el secretismo y la locuacidad es la sinceridad.

El arte de la guerra. 4

El estratega militar ha de tener la sabiduría de un lince, el coraje de un león, la velocidad de un tigre, el sigilo de una mantis, la benevolencia de un perro y el rigor de una hormiga. Y tú, ¿Qué valores querrías adoptar a partir de ahora?

Lección 6. Aprende a rectificar.

Mantras propagandísticos como “nunca te rindas” han calado fuertemente en el código moral contemporáneo. Y lo cierto es que, aplicado al contexto íntegro de la vida de una persona, tiene bastante sentido. Sin embargo, cosa distinta sucede a la hora de abordar un cometido específico. Escuchemos las palabras del general: “hay caminos que no se deben seguir, ejércitos que no se deben atacar, pueblos que no se deben asediar, posiciones por las que no se debe luchar y batallas que no se deben librar. Si cierto movimiento te coloca en desventaja o carece de sentido holístico, rectifica tus planes y mantén la posición”.



El sabio general procede con esta auténtica joya: “en ocasiones, perder una batalla es el primer paso para ganar una guerra. Una retirada a tiempo puede significar la victoria”. Sin duda, mi frase favorita de todo el libro. Y si me preguntan el motivo, respondería que es reflejo de un impecable pensamiento matemático y, sobre todo, rebosante de humildad. Aunque cueste creerlo a priori, hay veces en las que no actuar es mejor que actuar, no seguir es mejor que seguir y no avanzar es mejor que avanzar. Según Sun Tzu, uno tiene que saber cuándo es inteligente luchar y cuándo no. Puedo dar fe de que, así como sucede en la guerra, la vida exige tomar decisiones difíciles, incómodas y contraintuitivas.

Cambiarse de un trabajo que no te revaloriza como capital humano, dejar una carrera que no te llama la atención en absoluto, romper una relación con una persona desequilibrada o abandonar un país donde las oportunidades escasean no tiene absolutamente nada que ver con el derrotismo, la cobardía o el conformismo. Más bien, justo al revés: es el hecho de aprender a rendirse en el plano micro lo que posibilitará la victoria en el plano macro. Hay que ser muy inteligente, sobrio y tenaz para perseguir un objetivo con ímpetu. Pero la capacidad para reconocer cuándo conviene dejar de hacerlo corresponde únicamente al sabio. No hay peor decisión que seguir inmerso en una batalla equivocada.

Lección 7. Adquiere el control.

Terminamos con un principio que he machacado una y otra vez: la dicotomía de control. Y es que no hay nada más perjudicial, ingenuo y estéril que depositar nuestra atención en aquellas tareas que se encuentran fuera de nuestra área de influencia. Si algo no se puede controlar, ¿para qué dedicarle nuestro tiempo y esfuerzo? Esto es precisamente lo que el escritor transmitió en este fragmento: “el arte de la guerra nos enseña a confiar no en la probabilidad de que el enemigo venga, sino en nuestra propia disposición por recibirlo”. Desconfiad del general cuyo sentido de la responsabilidad recaiga exclusivamente sobre la actuación del adversario en vez de en su propio accionar. Si deseas profundizar más en este concepto, no dudes en revisar los 10 mandamientos de la filosofía estoica. Ya has escuchado las siete lecciones que he extraído de El Arte de la Guerra. No obstante, me gustaría dejar la puerta abierta para una segunda parte, ya que la cantidad de analogías aplicables a día de hoy son muy numerosas. Eso sí, lo más sorprendente del libro es que estas máximas se pueden comprimir en una sola. Ahora, es momento de que la escuches. ¿Estás preparado?

el arte de la guerra

Dice Sun Tzu: “no hay mejor resultado que tomar una nación enemiga dejándola intacta. Los beneficios de destruir todo lo que uno encuentra en su camino no son ni la mitad de fructuosos que capturar una armada completa, con sus respectivos recursos humanos y materiales. Por lo tanto, la excelencia suprema no consiste en luchar todas las batallas y destruir todas las comarcas, sino en quebrantar la resistencia del oponente sin pelear”.  Y esto no será posible para un general que no sabe cómo (1) ocultar sus intenciones, (2) canalizar la información, (3) adaptarse a las circunstancias, (4) administrar los recursos, (5) equilibrar sus valores, (6) aprender a rectificar y (7) adquirir el control.

Más de dos mil años después, el general Sun Tzu sigue inspirando a directivos, políticos, estrategas y militares. Pese a que realmente se conoce muy poco de él y de su vida, ya ha pasado a la historia como el gran filósofo de la guerra. El Arte de la Guerra introduce al lector en el mundo del compromiso, el honor, la disciplina y el sacrificio. Nos enseña que utilizar la cabeza es siempre la mejor estrategia entre todas las opciones que se encuentran a nuestra disposición y, por supuesto, a salir al campo de batalla para lograr la victoria en situaciones difíciles. Las armas ya están bajo tu poder. ¿Tienes las agallas para utilizarlas?

Y si te has quedado con ganas de más, tenemos varios resúmenes que seguramente te resultarán interesantes:

Puedes ver el resumen del libro en forma de vídeo aquí:


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