narcisismo

Psicología del narcisismo

El narcisismo

¿Alguna vez te has topado con alguien que se cree mejor que los demás en todo, requiere admiración constante y, además, se pone a la defensiva ante la más mínima crítica? Pues déjame confirmar una hipótesis que ya barajabas desde hace un tiempo: esa persona es peligrosa. Efectivamente, no sólo vas a averiguar que tus sospechas eran ciertas, sino que se quedan muy cortas en comparación al maremágnum de humillaciones, manipulaciones y embustes del que estos individuos se sirven. Damas y caballeros, sean bienvenidos a la oscura psicología del narcisismo.

La palabra “narcisismo” deriva del personaje mitológico Narciso, quien se enamoró de sí mismo tras mirarse por primera vez en un estanque. Pasaba horas y horas contemplando la radiante belleza de su rostro… Simplemente, era perfecto. Sin embargo, se obsesionó tanto consigo mismo que llegó a un punto en el que era incapaz de separar su mirada del agua, de forma muy similar a Golum en El Señor de los Anillos. Hasta que, un buen día, sucedió lo inevitable: se ahogó. Desde ese momento, Narciso se convirtió en el arquetipo de vanidad y egocentrismo por excelencia: un hombre que, lejos de amarse con pasión, se glorificó indebidamente mediante una espiral de locura que acabó con su propia vida.

narcisismo

Dicho esto, ¿cómo está el panorama hoy en día? Pues no demasiado esperanzador.

De acuerdo a un estudio alemán, existe suficiente evidencia empírica que sostiene que el narcisismo se encuentra en pleno auge dentro del mundo occidental. Uno de los síntomas más clarividentes es un aumento de hasta el 450% de la palabra “yo” tanto en canciones como en libros y películas. Asimismo, otras como “me”, “mi” o “conmigo” tampoco se quedan atrás. A lo largo de la última década, el término “narcisismo” se ha vuelto tan popular como el autismo en lo que a trastornos mentales se refiere. Y no es para menos, pues se ha registrado un incremento del TPN del 30% desde el 1979 al 2006.

El término “narcisista” es frecuentemente utilizado para describir a ciertas personas cuyo egoísmo, soberbia y codicia son especialmente elevados. Lo cierto es que dichos adjetivos no van mal encaminados. Sin embargo, sería conveniente dar una definición en términos psicológicos para no entremezclar conceptos. El trastorno de la personalidad narcisista es un desorden mental en el cual el individuo tiene una percepción desmesurada de su propia importancia. Así pues, el narcisista siente la imperante necesidad de ofrecer al mundo una imagen idealizada, grandiosa y magnificada de sí mismo, es decir, necesita que los demás le consideren como alguien extremadamente relevante, virtuoso e influyente.

¿Y por qué? – te estarás preguntando -. Pues porque piensan que ser más importantes que el resto de la gente compensará su propia inseguridad. En efecto, dicho deseo de grandeza es tan sólo un reflejo de lo tremendamente desesperados que están por lidiar con su falta de autoestima y demostrar que su valía personal no es nula. Aunque pueda parecer todo contrario desde fuera, el narcisista es tan sólo la fachada de un edificio vacío; un “perro ladrador poco mordedor”; un frágil vaso de cristal revestido con falsos diamantes. Lo que pasa es que muchos de ellos son muy astutos ocultando sus desgracias internas.



Una gran parte de las personas con TPN procede de familias disfuncionales donde uno o ambos padres son narcisistas. Si lo piensas detenidamente, esta coyuntura es un caldo de cultivo perfecto para la creación de un nuevo narcisista: ¿cuál crees que será el resultado de un padre o madre que condiciona el afecto y cariño hacia sus hijos según la capacidad que éstos tengan para divinizar su imagen? ¿cómo crees que acabará un pobre e inocente niño que lucha constantemente por endiosar la careta de sus insatisfechos progenitores?

Los padres narcisistas cambian su manera de tratar a los hijos en función del rendimiento en una o varias áreas específicas, como por ejemplo las calificaciones en el colegio, las habilidades deportivas e incluso el atractivo físico. La mente del niño, incapaz de procesar que la persona que le cuida pueda tener un grave problema, se convierte en un auténtico caos: sienten miedo, confusión y estrés por no saber cómo satisfacer a unos padres que, para ir dejando las cosas claras, no están en plenas facultades para serlo. Por si no fuera suficiente, los padres narcisistas nunca les reconocen sus méritos, pues ven los logros de sus hijos como una herramienta que contribuirá a reforzar sus delirios de grandeza, y no como una buena noticia para su desarrollo intelectual, emocional y espiritual.

que es el narcisismo

De este modo, el crío tratará desesperadamente de cumplir las expectativas de sus padres, de contentarles con una sorpresa, un talento, un chiste… Y algunas veces funciona, pero otras tantas, no hace efecto. Sin percatarse lo más mínimo, se están sentando en su cerebro las bases del narcisismo, esto es, “la necesidad de ofrecer una imagen perfeccionada y distorsionada de sí mismo al mundo para que los demás le consideren relevante, virtuoso e influyente”. Este escenario es, sencillamente, terrorífico, pero también, la cruda realidad de miles de familias que merece visibilización: “te quiero, pero sólo cuando me ayudas a embellecer mi faceta de padre perfecto. En caso contrario, eres un estorbo para mí”.

Un plan maquiavélico.

Antes que nada, he de recalcar que el narcisismo per se no se manifiesta necesariamente como un desorden mental. En algunos casos, consta como un rasgo de la personalidad que el individuo sabe manejar correctamente. Estoy hablando de acciones tan cotidianas como mirarse en el espejo y verse guapo, compartir metas, proyectos y victorias con los demás, priorizar intereses personales en ciertas etapas de alta demanda performativa, etc. Es evidente que no hay nada de malo en quererse a uno mismo y tener ganas de mejorar. Pero el problema del narcisismo no es el qué, sino el cómo y el por qué.

Ten en cuenta que apuntalar un estatus de superioridad artificial requiere mucho trabajo por su parte; no les va a salir gratis. Es a partir de ahí cuando surgen actitudes patológicas y comportamientos disfuncionales que perjudican gravemente a quienes se encuentran a su alrededor. ¿De qué forma se aseguran de parecer más importantes de lo que en realidad son? ¿Cómo lo hacen? Para que veas a lo que me refiero, vamos a pensar por un segundo como lo harían ellos…

Psicología del narcisismo 1

Imagina que un jefe narcisista mantiene el contacto con cincuenta trabajadores dentro de su empresa. Recuerda: él no verá a las personas como seres sociales con los que compartir experiencias, emociones y aprendizajes, sino como instrumentos que servirán a su mayor propósito: ensalzar su imagen social. Como buenos egocéntricos, soberbios, engreídos y condescendientes que son, saben perfectamente que no todas las personas de su alrededor pueden alimentar su deseo de grandeza por igual. El objetivo principal es buscar a gente que les admire, les reconforte y les valide a través de acciones, palabras o emociones. Dicho de otro modo, el candidato ideal es aquel que le proporciona el denominado “suministro o mercancía emocional”, es decir, validación, admiración y confort.

Habitualmente, los grupos que mejor aprovisionan dicha mercancía emocional son:

1) Personas muy empáticas, es decir, que sean capaces de ponerse en su lugar fácilmente.

2) Personas muy optimistas, esto es, que presupongan siempre lo mejor del narcisista.

3) Personas con la tendencia a rescatar a quienes hayan sufrido traumas en el pasado.

4) Personas con alta propensión a perdonar los defectos ajenos.

Supón que, de esos cincuenta empleados, veinte no cumplen las características. Ahora, la opción de personas susceptibles de convertirse en víctimas se reduce a treinta. Bien, pues lo que el narcisista hará a continuación es realizar lo que se conoce como la fase de testeo.  En ella, actuará de forma totalmente normal – e incluso excesivamente agradable – con el resto del equipo. Les prometerá resultados extraordinarios si se toman en serio su trabajo y se emplean a fondo, escuchará las necesidades de sus trabajadores y será muy paciente con ellos. La situación no parece mala en absoluto. ¿Cuál es el problema entonces?



No te dejes embaucar, querido: lo único que está haciendo el jefe narcisista es recopilar información para utilizarla a su favor posteriormente. En efecto, sus promesas son falsas, sus escuchas son temporales y su paciencia es limitada. Poco a poco, la faceta narcisista cobra vida en forma de manipulación, apatía y arrogancia. Su comportamiento frío, retorcido y calculador comienza a aflorar de sobremanera para con los más empáticos, optimistas, rescatadores y permisivos. El francotirador ya está listo para disparar. Vamos a ver en qué consiste su maremágnum de técnicas psicológicas…

– En primer lugar, te presento a la herramienta de manipulación por antonomasia de todo perverso narcisista: el gaslighting. El término fue acuñado por una obra de teatro llamada “gaslight”, donde un marido intenta hacerle creer a su mujer que está loca. Al principio, le esconde diversos cuadros y joyas acusándola de tener mala memoria por no saber dónde los había puesto; más tarde, su modus operandi se vuelve todavía más retorcido: empieza a usar el gas para cambiar el brillo de las luces de la casa. Cuando la esposa le pregunta por qué las lámparas están atenuándose cada dos por tres, el marido le contesta que no sabe bien a lo que se refiere. En definitiva, le está haciendo creer que es sólo una ilusión.

Especialmente peligroso es el gaslighting en las relaciones de pareja tóxicas:

“Nadie te va a querer como yo. Tienes demasiadas manías y rarezas que aguantar”. 

“Eso nunca ocurrió. Ya lo sabes, cariño: tienes la tendencia a exagerar las cosas”.  

“Te veo muy sensible últimamente. ¿Acaso no puedes tomarte las cosas con humor?”.

“Te veo muy reactiva últimamente. ¿Te has planteado buscar ayuda psicológica?”.

 “Estás siempre enfadado. Me da lástima que hayas elegido sentirte de esa manera”.

“Estás siempre deprimido. No tienes ningún derecho a sentirte de esa manera”.

“De hecho, no te sientes así. Déjame decirte cómo te sientes en realidad”.

Lógicamente, atacar la percepción ajena fraudulentamente es una forma terrible de abuso emocional que causa que la pobre víctima se cuestione sus propios sentimientos, instintos, creencias y cordura. Y es que, si la otra persona se ve envuelta en permanente confusión, dudando hasta de la manera en la que percibe la realidad, el narcisista gana mucho poder de negociación sobre ella, ya que se vuelve mucho más dependiente e insegura. De esta manera, el tirano obtiene toneladas de mercancía emocional: nada le satisfará más que ganar control y autoridad sobre los pensamientos de un tercero.

Psicología del narcisismo 2

– En segundo lugar, incurrirán sin piedad en un sinfín de descalificaciones y humillaciones acerca de diversos temas, como tu estética, tu inteligencia, tus acciones o tus emociones.

La mayoría de las veces usarán un lenguaje agresivo cargado de resentimiento, hostilidad y sarcasmo, y esto lo hacen para arrastrarte de la tranquilidad a la ira, la duda o la tristeza, es decir, sentir que tienen el control para alterar tu estado emocional. A los narcisistas les encanta el conflicto y, en muchas ocasiones, son ellos mismos quienes lo crean y buscan.

Increíble, pero totalmente veraz. Piénsalo: entrar en disputa es una oportunidad perfecta para reforzar su burbuja de grandiosidad y, sobre todo, hacerse las víctimas.

Y es que, desde el momento en el que uno responde de vuelta con violencia a un narcisista, se acabó: el juego está perdido. Ellos saben defenderse muy bien y, además, no pararán hasta que quede bien claro que son los ganadores de la pelea. Esta victoria no es más que mercancía emocional en forma de validación, de sentirse aptos para la vida al derrotar a un contrincante. Cada vez que consiguen frustrarte, cada vez que consiguen amargarte, cada vez que consiguen ofuscarte, están obteniendo el suministro que necesitan. 

No son pocas las veces en las que familia o amigos narcisistas dicen cosas del estilo:

“Si es que eres un inútil. Ni siquiera puedes hacer bien lo más simple del mundo”.

“Si es que eres muy tonto. Ya te tengo dicho que dejes hacer eso a otra persona”.

“El día que hagas algo provechoso con tu vida vienes y me hablas, fracasada”.

“Deja de perder el tiempo con estupideces que luego no le importan a nadie”.

“¿De verdad crees que vas a llegar a algo? Hay gente mucho mejor que tú”.

Sin embargo, otras veces sus comentarios siguen un estilo más pasivo-agresivo. Parecen normales en forma, pero son sibilinos y rastreros en el fondo. Esta vez, el objetivo ya no es implantar ira o tristeza, sino más bien miedo, rencor o culpa:

“Pues hablas inglés muy bien… Casi tanto como tu primo”.

“Antes tenía un amigo como tú, pero acabó volviéndose loco”.

“No sé muy bien qué necesidad hay de ir presumiendo de tus dones”.  

“Seguro que tenías planeado asistir a su cumpleaños sin que yo lo supiera”.

“Entiendo que tus amigos sean más importantes que yo. Total, ya casi no nos vemos”.



– Por último, pero no menos importante, reconocerás inequívocamente a un narcisista por su incapacidad congénita tanto para reconocer los méritos ajenos como para rectificar los errores propios. En efecto, jamás dan la enhorabuena ni piden perdón, excepto si ven que te estás alejando de ellos y quieren recuperarte. La explicación es sumamente sencilla: su autoestima es tan delicada como una muñeca de porcelana; su ego, tan grande como un estadio de fútbol; y, su envidia, más insana que la de un hater en las redes. En su cabeza, felicitar a alguien por un logro concreto es lo mismo que reconocer que esa persona es superior a él y, disculparse por los errores cometidos, equivalente a reconocer que él es inferior que ella. ¿Entiendes ahora por qué el narcisista es un ser débil e inseguro?

Retomemos ahora el caso del jefe autoritario. A pesar de que son treinta los trabajadores susceptibles de caer en sus garras y proporcionarle mercancía emocional, él es consciente de que diversificar tanto también tiene sus costes, motivo por el cual opta por reducir su red de manipulación a tan sólo diez personas. Su última baza es, sin duda alguna, la más cruel: el aislamiento. La víctima tiene que pensar que está sola en esta batalla, que nadie comparte su malestar hacia el tirano y que lo único que puede hacer es servir sus intereses para que no haya graves consecuencias. Así, la indefensión aprendida es absoluta.

Psicología del narcisismo 3

Debes saber que este modelo está muy simplificado. En total, existen más de cien técnicas psicológicas que los narcisistas utilizan de forma constante para manipular, desprestigiar y confundir a sus víctimas. Necesitaría, no uno, sino varios artículos para exponerlas todas en profundidad. Dicha estrategia se aplica también en otros ámbitos, como un cónyuge controlador que tiene que elegir pareja que le soporte, un profesor que debe elegir un alumno con el que descargar sus frustraciones o, como he mencionado antes, un padre que usa a su hijo como un instrumento de poder. Sabiendo todo esto, ¿qué podemos hacer al respecto?

Protocolos de actuación.

En definitiva, los delirios de grandeza del narcisista, quien pretende construirse un mundo fantástico donde todos tienen la obligación de endiosar su imagen social, son tan sólo un reflejo de sus carencias. Su imperante necesidad de obtener alabanzas y admiraciones, es decir, de recibir su mercancía emocional, le coloca en una posición crítica. El narcisista se cree es superior a los demás y, por lo tanto, que tiene el derecho a pisotearles sin piedad y abusar emocionalmente de ellos con todo tipo de artimañas mentales.

Los narcisistas pueden ser sumamente magnéticos y atractivos. Tienen una habilidad magistral para crear un personaje carismático, prodigioso y seguro de sí mismo que atrae con facilidad a las personas mediante promesas de ensueño y maravillas utópicas. Cuanto más frágil sea la percepción de valor que uno tiene de sí mismo, más probabilidad hay de que pique en su anzuelo. Pero ten mucho cuidado: cualquiera de nosotros podría ser su candidato perfecto. A fin de cuentas, ¿quién no querría sentirse importante por una vez en su vida? ¿a quién no le gustaría que su figura fuera reconocida por más personas?

No obstante, ya conoces el dicho: no es oro todo lo que reluce.

Si ves que promete más de lo que puede ofrecer, sospecha.

Si ves que trata a los demás despectivamente y a ti no, sospecha.

Si ves que se jacta demasiado acerca de lo relevante que es, sospecha.

Si ves que justifica sus faltas de respeto con traumas de su pasado, sospecha.

¿Cuáles son las soluciones? Voy a ser muy explícito: la mejor alternativa para lidiar con un narcisista es cortar el contacto con él. Así de sencillo. La frecuencia relativa de casos de TPN que se han recuperado total o parcialmente es esencialmente baja. Esto se debe, como bien habrás deducido, a la propia naturaleza del trastorno: si nunca reconocen que se equivocan, ¿Cómo van a admitir que tienen una patología mental y necesitan ayuda? Las pocas veces en las que se han observado mejoras sustanciales ha sido por un evento emocionalmente intenso que les ha concienciado a cambiar.

narcisista

Mi recomendación, como siempre, es que seas honesto, empático y asertivo a la hora de decir adiós. Tu decisión ha de ser tajante e irreversible. Para ello, te recomiendo escribir los motivos por los que has elegido alejarte definitivamente de esa persona en un papel y releerlo todas las veces que haga falta. Es imprescindible que pongas tu concentración y esfuerzo en aquellos proyectos personales que más te llenen, pases tiempo con tus seres queridos y, por supuesto, sigas educándote en materia de narcisismo y psicología en aras de seleccionar mejor en un futuro al tipo de gente que quieres que te acompañe.

Sin embargo, no siempre es tan fácil. Hay ocasiones en las que, en el corto plazo, uno no puede despedirse sin más del narcisista. Por desgracia, es posible que seas un hijo que depende económicamente de sus padres, un cónyuge que depende económicamente de su amante, un alumno que tiene un profesor con alto grado de neurosis, etc. En este tipo de situaciones, ¿qué podemos hacer para que el narcisista nos deje en paz definitivamente?

Exacto: cortar la mercancía emocional. Para ello, nos serviremos de un método milenario creado por un maestro estoico hace casi dos mil años: la piedra gris. Podrás encontrarlo en otro artículo de la web.  

Concluiré con una frase de Shelly Winters que define a la perfección la mala experiencia de todos los que hemos tenido que soportar a un amigo, familiar o pareja narcisista en un momento de nuestras vidas: “teníamos tanto en común… Yo lo amaba y él se amaba a sí mismo”.

Puedes ver el artículo en forma de vídeo aquí:


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