Cómo desarrollar la verdadera humildad

Para hacerse grande, primero has de ser pequeño. La verdadera humildad.

El estimado psicólogo y filósofo William James alzó en alto su voz y pronunció las siguientes líneas: “El mayor anhelo del ser humano es el deseo de sentirse apreciado y aceptado”. En el camino del éxito, no es de extrañar que uno sea considerablemente susceptible a tropezar y perder el ritmo, a quejarse de los obstáculos que se interponen en el camino y a torturarse psicológicamente con un “no puedo” que coge más y más fuerza conforme la umbría garra de la duda araña cada rincón del alma.

Todos estos impedimentos requieren un enfoque alternativo; un planteamiento radical e innovador que permita renovar las antiguas creencias limitantes por otras potenciadoras, con objeto de superar las contingencias que acechan en el horizonte.



Sin embargo, existe una cualidad que, de ser pasada por alto, da rienda suelta a todo tipo de valores destructivos y hostiles: ego, vanidad, arrogancia, soberbia, psicopatía, frustración y arrepentimiento. Recibe el nombre de humildad. Antes me cuestionaba por qué ser humilde está tan infravalorado en la sociedad actual. Bien, ya he encontrado la respuesta: la humildad se infravalora porque no se comprende.

la verdadera humildad

El estudio empírico posiciona a la humildad como un rasgo cuyo valor añadido es exageradamente elevado:

  • Mejor performance académico y laboral.
  • Excelencia en el liderazgo empresarial.
  • Eelaciones sociales e íntimas más fructíferas.
  • Mayor grado de contribución.

Pero, ¿qué es realmente la humildad?

Multitud de expertos ofrecen y siguen ofreciendo diversas definiciones para explicar este concepto. No obstante, yo considero que, para su correcto entendimiento, uno no debe comprender de antemano qué es la humildad, sino lo que no es.

La sociedad confunde la verdadera humildad con auto-denigración y falta de amor propio. Nada más lejos de la realidad, una concepción apropiada de esta virtud se apoya en dos componentes principales: el trato hacia uno mismo y el trato hacia los demás hacia los demás.

Como dice Mario luna: “no hay nada que repatee más que la falsa modestia para que la gente te dé palmaditas en la espalda”. Denota un comportamiento falso, inseguro y dependiente de la aprobación ajena. A fin de cuentas, la especie humana todavía tiene incrustados los mismos resortes psicológicos que nuestros ancestros solían requerir para su propia supervivencia.

que es realmente la humildad

Todo el mundo ha tenido el típico compañero de clase que sollozaba: “no sé si voy a aprobar este examen…”. En realidad, era perfectamente consciente de que lo había clavado tras estudiar más que el resto del aula en su conjunto. Su lema es: “si todo el mundo dice que el examen ha salido mal, yo también”.

¿Qué me dices de aquella chica que trata a sus familiares y amigos como la madre Teresa de Calcuta, pero luego que humilla y ridiculiza a los tres compañeros de clase menos populares para sentirse socialmente aceptada?

¿Qué me dices de aquel chaval que afirma que no quiere seguidores y no está en las redes sociales por la fama, pero que luego se deprime cada vez que una foto tiene menos interacción o un vídeo recibe menos visualizaciones?

¿Qué me dices de aquel profesor que inculca a sus alumnos el valor del esfuerzo y la constancia, pero que luego es incapaz de hacer autocrítica y mejorar su método de enseñanza año tras año, y canaliza toda su rabia cogiendo manía a estudiantes echándoles la culpa de hasta el más mínimo detalle?



¿Qué me dices de aquellos padres que se quejan de que la juventud debería trabajar tanto como lo hicieron ellos, pero que luego no se paran a pensar que se comportan y se han comportado exactamente igual que sus hijos? Qué raro que hayan decidido acomodarse en un pensamiento arcaico y obtuso…

¿Qué me dices de aquellas personas que sólo abren la boca para lanzar críticas inútiles y destructivas, pero que luego sus vidas están completamente vacías de realización personal y profesional? Qué raro que no se critiquen nunca a ellos mismos…

Ahora me veo en la potestad de otorgar una definición aceptable de la verdadera humildad.

Se trata de una orientación psico-social caracterizada por:

(1) La sensación de autonomía emocional.

(2) La libertad de control del reflejo competitivo.

El primer componente es pieza fundamental de una autoestima sólida.

El segundo componente es el gran desconocido: ¿qué es el reflejo competitivo?

Se trata de un impulso visceral y preconsciente para oponerse y negar a los demás, o para reaccionar de forma automática ante percibidas amenazas para el detrimento de la sensación de autonomía emocional, es decir, del primer componente.

¿Qué tienen en común los cinco ejemplos que he proporcionado? Fácil: son incapaces de identificar sus virtudes y sus defectos, de aceptar sus fortalezas y debilidades, de reconocer sus propias limitaciones y de adoptar una mentalidad de crecimiento. Ellos lo saben todo y siempre tienen la razón.

¿Y sabes cuál es el factor más irónico? Que son precisamente este tipo de personas los que sentirán la ardiente e imperante necesidad de decirte: “¡Tú no eres humilde!”. Es pura proyección de su más grave carencia.

la real humildad

La verdadera humildad no implica:

  • Dejar que otras personas te traten de cualquier manera por miedo al rechazo social que implica decir basta.
  • Sacrificar constantemente tus intereses por los de los demás para luego sentirte una víctima o un mártir.
  • Reprimir tus emociones y sentimientos por miedo a alienar a los demás.

La persona que entiende la verdadera humildad es sobria por naturaleza. Evalúa sus logros, dones y talentos desde la perspectiva adecuada. Entiende que ha de ser extremadamente precavido con su éxito, puesto que venirse excesivamente arriba en las victorias implica vulnerabilidad y fragilidad en las derrotas.

La persona humilde entiende el concepto de neutralidad emocional: no necesita ponerse ni por encima ni por debajo de los demás, sino que demuestra con hechos y apoya con gestos. Ya no considera a los demás su competencia; trata de ayudarles para que ellos también sean capaces de desplegar sus alas.



La persona que comprende la verdadera humildad sabe que, en ocasiones, tendrá que recompensarse cuando el resultado sea malo y preocuparse cuando el resultado sea bueno. Es aquel individuo capaz de discernir entre la calidad de su ejecución y los resultados que obtiene. Ha interiorizado que lo más importante de todo es el proceso.

la verdadera humildad no implica

El legendario terapeuta Fritz Perls dijo: “yo soy yo y tú eres tú. No estoy en este mundo para vivir bajo tus expectativas, y tú no estás en este mundo para cumplir las mías”.

Muchos de nosotros hemos picado alguna vez en el truco de la falsa humildad por el miedo al qué dirán.

Para vencer al reflejo competitivo dispones de una interminable lista de preguntas:

¿Das tu opinión cara a cara acerca de otra persona sin que te lo haya pedido de forma explícita u ofreces tu apoyo y cariño desde la asertividad?

¿Instruyes a la gente cómo tiene que llevar a cabo un proyecto sin que hayan terminado de contar su idea o les sugieres potenciales claves y les motivas a empezarlo?

Cuando alguien comenta un dato erróneo, ¿cómo reaccionas?

Cuando tienes una opinión diferente a otra persona, ¿cómo reaccionas?

Cuando te ponen a parir delante de todo el mundo, ¿cómo reaccionas?

Si sientes que una incesante presión para demostrar lo listo que eres y lo mucho que sabes, ahora sí: te falta humildad.

La humildad no es tanto una cuestión de autocontrol como de autoestima.

No se trata de quedarse paralizado ante los juicios externos, sino de mostrar la valía y empatía suficiente para contestar de la forma más inteligente. Cuanto más alta sea tu sensación de valor, más facilidad tendrás para apreciar a los demás, apoyarles en sus batallas y propulsarles hacia la victoria con la verdadera humildad.

En muchas ocasiones, nuestros talentos y habilidades hablan por sí solos, provocando revuelo y desconcierto en aquellos que son incapaces de explotar su creatividad hasta tal nivel. Pero déjame decirte que detrás de cada “muestra más humildad y no te tomes las cosas tan en serio” se esconde un “necesito rebajar el nivel de los demás porque mi inseguridad me impide elevar el mío”.

 



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