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Cómo decir que no con asertividad

Decir no con asertividad:

Tony Blair, el primer ministro de Reino Unido, pronunció las siguientes palabras durante un discurso: “decir que sí es demasiado sencillo como para que sea la mejor opción”. Prácticamente todos los que estamos aquí presentes somos gente con metas, objetivos y ambiciones sumamente considerables, lo cual implica que perder el tiempo con minucias es un lujo que, simplemente no se encuentra a nuestro alcance. Cada segundo es un lingote de oro menos que jamás regresará a las arcas de la vida.

Es de vital importancia que comprendas que cada vez que dices que sí a un favor, proyecto o compromiso, estás diciendo que no a otro favor, proyecto o compromiso, es decir, estás pagando un coste de oportunidad. El mundo iría mucho mejor si las personas tuvieran en cuenta tanto las consecuencias de hacer algo como las consecuencias de no hacerlo.


Dime, ¿acaso existe algo más fastidioso que hacer cosas que tú no quieres hacer sólo por miedo a defraudar, dañar o perder a otra persona? Desempeñar una acción por obligación de un tercero – y no por la propia voluntad de ayudarlo – fomenta la desregulación interna, esto es, nos saca de un estado homeostático: aquel que posibilita el buen mantenimiento de un organismo que se adapte correctamente a los estímulos del entorno.

A veces, parece que no nos queda más remedio. Corremos el riesgo de cabrear al emisor de la petición, dañar una relación de pareja, ser excluidos de un grupo, ser despedidos de un trabajo, etc. Además, cuando uno se rehúsa a cooperar con el prójimo, parece que pierde todo su derecho a pedirle ayuda y, encima, se crea una especie de deber implícito a colaborar con él en un futuro próximo para compensarle.

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Por supuesto, todas estas sensaciones son errores producto de atajos mentales que no eres capaz traspasar al plano consciente: claro que puedes denegar. Déjame decirte que optar por un no bien dicho en vez de un mal dicho es la vía más rápida para ganar respeto en lugar de perderlo. Aunque, lamentablemente, este escenario no es el más habitual. Las respuestas más comunes que observamos en la gente se dividen en tres categorías:

– Los pasivos ceden ante las peticiones externas por miedo a ser agredidos, violentados o rechazados, reflejando debilidad, inseguridad, cobardía y falta de autoestima.

Vale, pues lo hago ahora – cuando no quieren hacerlo ni ahora ni nunca.

A lo mejor sí puedo hacerlo – cuando saben perfectamente que no pueden.

– Los agresivos avasallan, chantajean e imponen sus propias preferencias ante los demás humillando verbalmente al otro interlocutor mediante un estilo rudo y directo.

No, al menos que me compenses – exigiendo explícitamente algo a cambio.

¿Estás sordo? Te he dicho que no –  ridiculizando drásticamente al demandante.

– Los pasivo-agresivos adoptan una conducta basada en la resistencia indirecta mediante terquedad, resentimiento o frialdad expresiva con tal de evitar confrontaciones.

Ah… Venga, dime qué necesitas – reverberando un tono quejoso y hostil.

Sí, te ayudaré con las tareas – olvidándose de hacerlo por arte de magia.

La mayoría de la gente acepta pasivamente estas situaciones mientras pierden el respeto sobre ellos mismos. Otras tantas personas, tras haber soportado ingentes barbaridades durante un largo periodo de tiempo, llegan a su límite y estallan en un ataque de ira.



No permitas que nadie te haga sentir culpable, ni que se aprovechen de tu infinita bondad explotando tus debilidades. El objetivo es aprender a decir no desde la asertividad, puesto que este rol posibilita que uno pueda defender de forma eficaz sus derechos y decisiones – sin agresividad, cobardía o ambigüedades -, expresando firmemente sus pensamientos, sentimientos y convicciones con empatía y respeto.

Antes de proceder con las claves esenciales, quiero recordaros que tenéis a vuestra entera disposición un vídeo donde hablo en profundidad acerca de la asertividad. Si no conocéis mucho sobre el tema, podría serviros como conocimiento base para afrontar los bombazos que voy a soltar a continuación.

Tres áreas esenciales.

Piensa en un jugador de fútbol completo: Cristiano Ronaldo, Edinson Cavani… Ellos no se limitan a entrenar un único atributo particular de su cuerpo, sino que prestan atención a múltiples partes que se retroalimentan entre sí creando poderosas sinergias: velocidad, resistencia, fuerza, técnica, salto, pierna izquierda, pierna derecha, etc.

Bien, nosotros vamos a hacer exactamente lo mismo: trataremos diferentes áreas de la comunicación para tener ventajas sobre el otro interlocutor; en concreto, tres.

a) Lenguaje corporal.

Los estudios más vanguardistas denotan que el 55% de la comunicación humana es no verbal – gestos, postura, expresión facial y contacto visual -. Dentro de la comunicación verbal, el 38% es acústica – timbre, tono y claridad de la voz -, mientras que el 7% restante es textual. Y, por si fuera poco, de ese 7% tan sólo se recordará el 10%. Sí, sería incorrecto afirmar que lo que se te escapa por tu dulce boca no tiene importancia alguna; pero, desde luego, lo que dices no es tan relevante como la manera en la que lo dices.

Quiero resaltar algunos puntos básicos que no puedes pasar por alto:

  • Utiliza tus manos.

Es una acción ancestral que transmite confianza y denota que no hay intenciones ocultas detrás. Evita esconder las manos en los bolsillos o dejarlas totalmente estáticas en lugares poco visibles. Jugar con ellas para matizar los puntos más importantes o para establecer contacto físico con el interlocutor te va a proporcionar muchísimos puntos positivos.

  • Mantén el contacto visual.

Los ojos son el espejo del alma. ¿Te imaginas que estuviera mirando a las musarañas cada vez que me pongo a grabar? ¿qué pensarías de mí? Probablemente, que no tengo ni idea de lo que estoy hablando, que estoy muy inseguro o que tu presencia me interesa menos que la arquitectura. La mirada es a la retórica lo que la suma a las matemáticas

  • Modulación de la voz.

Pudiera parecer un canal de segunda, pero la gestión de la prosodia emocional (tono, timbre, velocidad, profundidad, pausas y silencios) es fundamental para generar una buena impresión. Un tono de voz grave, sin titubeos y con fluctuaciones de intensidad según el momento proporciona credibilidad a nuestro discurso; absolutamente nada que ver con un tono agudo, plano y estridente, el cual denota inseguridad.

Existen otros detalles no menos importantes como sonreír genuinamente, mantener una postura firme, realizar preguntas, etc. En este artículo de oratoria, te adelanto algunas pautas clave a la hora de comunicar tus ideas con efectividad. Para que veáis exactamente a lo que me refiero, voy a decir la misma frase de dos formas completamente diferentes:

decir no con asertividad

Me caes muy bien, pero lo mejor es que seamos sólo amigos. ¿Te parece?

Me caes muy bien, y lo mejor es que seamos sólo amigos. ¿Te parece?

Ya os he adelantado otros secretos, ¿os habéis dado cuenta? Sigamos.

b) Lenguaje verbal.

Nos adentramos en el maravilloso mundo de la palabra. ¿Y si te dijera que, modificando las estructuras lingüísticas, eliminando ambigüedades y añadiendo creatividad es posible hacer que tu mensaje suena muchísimo más convincente?

Por un lado, hemos de cuidar muy bien tanto la morfología y sintaxis.  

Lo que jamás debes hacer al rechazar una proposición es recurrir a un juicio de valor después de una conjunción adversativa. Evita expresiones del estilo:

“Me gustaría acudir a la fiesta, pero…”

“Me sorprende mucho tu propuesta, aunque…”

“Me encantaría quedarme contigo. Sin embargo…”

Fíjate en la diferencia tan abismal que existe entre las siguientes oraciones:

Me encantaría diseñar tu página web, pero tengo muchísimo trabajo pendiente.



– Podríamos optar por una conjunción copulativa: “tengo muchísimo trabajo pendiente, y me será francamente complicado diseñar bien tu página web”.

También sería correcto utilizar una conjunción causal: “no puedo diseñar tu página web porque tengo muchísimo trabajo pendiente”.

Incluso valdría con una conjunción disyuntiva: “amigo, debo elegir entre diseñar tu página web o terminar el trabajo pendiente”.

Por otro lado, no estaría de más apoyarse en algunos recursos literarios.

La hipérbole funciona especialmente bien para dejar tus toques humorísticos:

Mejor vamos otro día, que estoy más muerto que una gacela delante de un león.

Si no veo a mi pareja por su cumpleaños, va a derramar un mar de lágrimas.

– La metáfora y el símil pueden trucar la mente subconsciente del receptor:

Si no me bombardearan con tantos informes en el trabajo, lo haría encantado.

Si mi día tuviese 48 horas, haría auténticas maravillas con tu equipo profesional.

Si no acabo mis ensayos para la universidad, el profesor me va a violar el orto.

Y, ante todo, necesito que tu mensaje sea simple, claro y sencillo. No lo recargues con excusas baratas, engorrosas explicaciones ni complicaciones semánticas para que parezca que tus justificaciones son válidas. Tu motivo ha de ser entendido como irredimible, contundente y no negociable. ¿Capito? En caso contrario, podría ser contraproducente:

– Tío, vente conmigo a las rebajas de Navidad.

– Es que no puedo ir de compras este fin de semana.

– Qué pasa, ¿que no quieres venir conmigo?

– No, es porque tengo que estudiar para los exámenes.

– ¡Pero si te quedan dos semanas todavía!

– Ya, pero además estoy súper cansado.

– Ah, ¿pero no decías que era por tus exámenes?

Adornar el mensaje en exceso es innecesario. Mira cómo se podría haber solventado:

– Tío, vente conmigo a las rebajas de Navidad.

– ¿Eso significa que vas a hacer los exámenes por mí?

– Qué exagerado, si te quedan dos semanas todavía.

– Dos semanas donde voy a estar muy jodido… ¡No me lo recuerdes!

– Bueno, pues que tengas mucha suerte. Ya me contarás cómo te han salido.

– Doy por hecho que te veré cuando termine, ¿no? Qué ganas de ser por fin libre.

– ¡Claro que sí!

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c) Lenguaje emocional.

Qué rabia daría efectuar los dos pasos previos bien para que una mala gestión emocional lo ponga todo patas arriba. Bien es cierto que, corrigiendo tu comunicación verbal y no verbal, tus reacciones emocionales van a mejorar drásticamente de forma automática. Sin embargo, no siempre será así. Te recuerdo que el objetivo fundamental del peticionario es conseguir arrancar de tu boca un sí o, al menos, algo que se le parezca mínimamente.

Tienes que estar preparado mentalmente, porque no son pocas las ocasiones en las que un vendedor, compañero, transeúnte o familiar cercano sabe de qué va la vaina. Lo que ya no saben es que, adoptando estas estrategias, tú estarás más preparado que ellos.



En primer lugar, evita las sensaciones difusas.

Todo lo que no sea confianza, seguridad y firmeza en tus decisiones es carne de cañón para el demandante, pues intentará penetrar en tu ethos y, de ese modo, tener más poder con el fin de alterar tu elección inicial. Visto desde otro ángulo: si el espectro emocional que proyectas está ligado al miedo, la duda o la ira, serás mucho más vulnerable.

Estos son algunos ejemplos que debes evitar a toda costa:

Pues no te puedo confirmar nada ahora mismo, en principio… Uf, no sé.

Anda, pero si soy yo el que siempre te está haciendo favores. Qué morro.

No me mates, júramelo… Me parece que este fin de semana no podré asistir.

En segundo lugar, agradece en lugar de disculparte.

Si muestras una actitud demasiado lastimosa y compasiva, el otro individuo percibirá una de dos cosas: (a) o bien que te sientes culpable de haber dicho que no, (b) o bien que eres un falso intentando quedar bien. Para ser más prácticos: una auténtica cagada, porque le estás subcomunicando al otro individuo que te sientes mala persona por haberle rechazado o, en su defecto, que tratas de reflejar algo que no eres para no perder su aprobación.

Cómo decir que no con asertividad 1

Si sustituyes una disculpa barata por un sincero agradecimiento, crearás el efecto opuesto: la persona sentirá que ha dado un salto en sus capacidades cognitivas y emocionales, es decir, que su nivel de comprensión de la realidad como sujeto social es más alta ahora.

Me fastidia muchísimo no poder ir, en serio. Millones de gracias por invitarme.

Me siento muy halagado de que me hayas tenido en cuenta. Mira, quizás esta persona tenga la respuesta a lo que buscas. ¿Quieres que le pregunte si te puede ayudar?

No todo el mundo habría sido capaz de entender mi situación, y tú lo has cumplido con creces. Agradezco enormemente tu comprensión, eres un auténtico sol.

En tercer lugar, nunca humilles ni avergüences.

Sigamos el valioso consejo que Dale Carnegie expuso en su libro “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas”: mantener el ego del receptor intacto es pieza fundamental para evitar que se sienta atacado o se ponga a la defensiva. Para ello, una buena táctica es hablar siempre de lo que tú sientes – lo cual es un hecho -, a la par que evitar dar tu opinión – lo cual es un juicio -. Lo subjetivo es tentador y susceptible de ser contrarrestado; lo objetivo, en cambio, no lo es.



Por ejemplo, en lugar de un “es mejor que tú no conduzcas el coche”, podrías optar por “me siento incómodo cuando alguien conduce mi coche y prefiero ser yo el que lo haga”. Mientras que los agresivos (“¿Pero qué desgraciado te ha dado el carnet de conducir?”) y los pasivos (“Bueno, pero ten cuidado con las señales, ¿eh?”) hacen lo suyo propio, tú utilizarás diversos recursos psicológicos para apagar su mecanismo de auto-protección.

En definitiva: ser capaz de decir no de forma exitosa es cuestión de combinar una actitud decisiva con las acciones y palabras adecuadas. Si logras sintonizar con la frecuencia de la asertividad, te garantizo que te convertirás en el dueño de tus propias decisiones.

¿Qué pasa si nada funciona?

Con todo lo mencionado hasta ahora, lo más probable es que una persona con dos dedos de frente no ponga serias trabas a la hora de procesar tu respuesta. No obstante, existe un tipo de ser que traspasa todas las barreras ético-cívicas en cuanto a educación, empatía, respeto, cordialidad y gentileza se refiere: el manipulador.

La figura del manipulador comenzará haciéndote un pequeño favor sin razón aparente, al cual, naturalmente, tú respondes con agradecimiento. Al principio, podría parecer un simple acto altruista, pero se trata en el fondo de una técnica retorcida para sacar jugo de ti. Este perfil tóxico tiene la tendencia a ver a las personas como receptáculos donde depositar capital emocional que devengue unos astronómicos intereses en un futuro.

Dicho de otro modo, piensan que el hecho de haberte ayudado es motivo suficiente para exigir, demandar, reclamar que tú tengas que devolverles dicho favor de vuelta. Pero eso no es todo, pues se apalancarán en su falsa generosidad para establecer unas condiciones abusivas sobre su petición: el favor que ellos te van a pedir es infinitamente superior al que te han concedido. En ocasiones, resulta hasta insultante.

Y, cuando no puedas devolverle el favor por factores meramente circunstanciales o por las expectativas tan surrealistas que han fijado sobre ti, sacarán la artillería pesada:

Eres un desconsiderado… ¡Con todo lo que he hecho por ti!

Eres un egoísta, no sabes cómo ponerte en el lugar de los demás.

Estoy flipando en colores, de verdad que no esperaba que me fallases.

Estoy decepcionado… ¿Sabes? Yo también renuncié a cosas para ayudarte.

Sólo he tenido que lidiar con dos personas así en mi vida: un chico y una chica. Sí, fue especialmente doloroso decirles adiós, ya que han llegado a ser de mis mejores amigos. Sin embargo, ¿sabes lo que habría sido aún más doloroso? No hacerlo. Y es que daba exactamente igual cuán asertivo, respetuoso y comprensivo fuera yo: su respuesta era siempre una lluvia de culpas, acusaciones, falsedades y humillaciones.

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Puedes ver el artículo en forma de vídeo aquí:



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