Psicología de la mentira: ¿por qué mentimos los seres humanos?

Descubre cómo detectar a un mentiroso

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Todo lo que sabemos acerca de la mentira es, simple y llanamente, mentira.

Permítanme comenzar con una pequeña historia…

En el otoño de 1989, la universidad de Princeton dio la bienvenida a un joven estudiante llamado Alexi Santana, cuya historia es, cuanto menos, sobrecogedora. Apenas recibió una escolaridad digna y pasó su adolescencia dependiendo de sí mismo, sin un hogar al que acudir. Aun así, esto no supuso ningún impedimento para que se entrenase en el desierto de Mojave para ser un corredor de fondo.

Su historia no tardó en hacerse eco entre las paredes de la facultad. Santana se convirtió en la estrella indiscutible del campus. «¡Qué enigmático y apasionante es este chico!» – murmuraban sus compañeros. Al hombre le rodeó siempre de un halo misterioso que le proporcionó un valor social incalculable. Por si no fuera poco, sus calificaciones eran brillantes. Sin embargo, algo olía raro…

La historia de Santana fue una mentira. Dieciocho meses después de su matriculación, una mujer le reconoció al haberle visto en la universidad de Palo Alto (California) hace más de seis años. Santana ni siquiera era su nombre verdadero. James Hogue sirvió en la prisión de Utah por posesión de armas robadas. En suma, la policía le detuvo en varias ocasiones por acosar a transeúntes por la calle o alentar al desorden. Todo parecía tan real desde ojos ajenos…  

La verdadera cuestión es: ¿por qué tuvo la necesidad de hacerlo?

La mentira es esencial para la supervivencia.

La mentira es algo a lo que todos nosotros somos adeptos. Embaucamos con facilidad, por pequeñas y grandes cosas, a desconocidos, compañeros de trabajo, amigos e incluso amantes. Y sí: dar gato por liebre es mirado con malos ojos. Sin embargo, ¿es este acto ilícito sin importar la causa de su aparición?

Ha de tenerse en cuenta que la moral cristiana ha arraigado fuertemente en el código de conducta social contemporáneo. Así pues, ateos y cristianos comparten una gran cantidad de valores y principios básicos como el respeto, la amabilidad o la honestidad. No hay más que observar el octavo mandamiento: “no dirás falso testimonio ni mentiras”.

Aunque la Biblia cabe a tantas interpretaciones como personas que la lean, es entendido por la mayoría que la mentira, sea cual sea su procedencia, magnitud o intención, es irrevocablemente calificada como un gesto de deshonra, ultraje y vejación al prójimo. La mentira es un pecado y el embustero una persona de mala fe.

Sin embargo, la evidencia científica más vanguardista ya ha desmentido dicha aserción. La habilidad de ocultar o sesgar información es tan fundamental para la supervivencia del homo sapiens como la necesidad de confiar en los demás, estrechar lazos afectivos y jerarquizar por grupos. La cuestión es discernir en qué situaciones es lícito y en cuáles no.

Expertos en materia especulan que el comportamiento de mentir surgió prácticamente al unísono que el lenguaje. Manipular a los otros sin emplear la fuerza física ostentaba una clara ventaja competitiva por los recursos materiales y la descendencia. En el reino animal, el auge de las estrategias de engaño resultó crucial para camuflarse contra los depredadores y conseguir alimento.

Dos formas de pensar.

¿Hay algo en particular acerca de la estructura cerebral de los individuos que mienten con más frecuencia?

En el año 2005, el psicólogo Yaling Yang y su equipo compararon los escaneos cerebrales de tres grupos: 12 adultos con un historial de mentirosos compulsivos, 16 con trastorno de personalidad antisocial (TPA) sin ser mentirosos y 21 sin ninguna de las dos condiciones.

Los investigadores descubrieron que los mentirosos tenían al menos un 20% más de fibras neuronales por volumen en la corteza prefrontal, lo cual implica que los que estaban habituados a calumniar disponían de mayor conectividad dentro de sus cerebros. Es posible que este factor les predisponga al engaño, pues son capaces de elaborar bulos a una velocidad superior.

El hombre es proclive a creer falsedades, incluso cuando están inequívocamente contradichas con claras evidencias. Tali Sharot, una neuróloga de la universidad de Londres, ya demostró los efectos adversos que acarrea el hábito de mentir u ocultar información: el estrés provoca una incomodidad emocional continua.

Los escaneos de la amígdala, la región cerebral encargada de procesar las emociones, denotan un hecho sorprendente: su respuesta pierde fuerza conforme seguimos incurriendo en la mentira, incluso si ésta se va reduciendo en credibilidad. En otras palabras, el sistema límbico facilita la mentira conforme ésta se hace más recurrente.

¿Quiere decir esto que faltar a la verdad esté justificado? En absoluto, mas es imprescindible entender por qué incurrimos en el hábito una y otra vez. Por desgracia, la historia está repleta de sazonados y astutos mentirosos como James Hogue en el caso Santana.

Causas de la mentira.

Para conocer sus causas a fondo, nos apoyaremos en un gráfico circular seccionado por áreas facilitado por National Geographic.

Razón A – Promoción

Se trata de mentir para obtener una ganancia.

Ánimo de lucro (16%)

Mentir para percibir ganancias económicas es todo un clásico. El dinero es el medio principal de subsistencia del Siglo XXI, pues determina en gran medida qué comemos y vestimos, dónde residimos, de quién nos rodeamos e incluso cuánto tiempo vivimos. En definitiva, influencia notablemente quiénes somos y qué hacemos.

No es de extrañar que sea objeto de los fraudes más escandalosos que se puedan imaginar. Existen rufianes que escudriñan artimañas para obtener recompensas injustas, como Bernie Madoff engañando a los inversores de su compañía con un esquema Ponzi, o Richard Nixon negando su papel en el escándalo Watergate.

Ni siquiera un campo como la ciencia académica, cuya máxima fundamental por esencia es buscar la verdad, se salva del escabroso componente humano. La mayoría de estudios científicos convencionales en lo que respeta a nutrición están financiados por empresas privadas cuyos incentivos no son precisamente altruistas. Ya saben: cuando hay dinero de por medio, la verdad se esconde.

Ventaja personal (15%)

Se trata de mentir para percibir ganancias emocionales. En otras palabras, el embaucador busca desesperadamente sentir placer mediante la experimentación de una emoción específica.

Ganar una discusión de pareja, entendiendo por ganar ser el que no cede ante el otro, produce satisfacción a corto plazo. Dos miembros de una relación tóxica ven el desentendimiento de ambos como un conflicto donde uno ha de imponer su forma de pensar a toda costa. Es tal el confort de la victoria que, en ocasiones, los choques vienen acompañados de toda clase de mentiras innecesarias.

La falsa victimización también supone una ventaja personal. La persona se coloca como un protagonista leal y noble que ha sido atacado por una injusticia. Lo peor siempre les sucede a ellos, nadie parece dar importancia a su vida y el universo les ha sentenciado en una espiral punitiva y hostil… O por lo menos eso creen. De este modo, se refugian en el cálido manto del autoconsuelo para no tomar acción.

Inflación de imagen (8%)

Consiste en mentir para percibir ganancias sociales. Esto es, alterar la percepción ajena acerca del propio status para obtener ventajas competitivas. 

¿Cuántos de ustedes han fingido algo que no son por redes sociales o han reflejado tan sólo una parte de la realidad? Las plataformas digitales son escaparates donde uno enseña al público las prendas más atractivas, cuando la verdad queda mejor representada por lo que se encuentra en la trastienda.

El presidente Donald Trump es experto en materia. Una de sus mentiras más famosas fue afirmar categóricamente que la cantidad de gente que acudió a su inauguración como presidente fue mucho mayor que la de Barack Obama.

¿Y todo para qué? Aceptación. Sentir que uno forma parte de un grupo emana del propio instinto de supervivencia. Al estar programados para vivir en un entorno de escasez, lo que piensen los demás es concebido como una cuestión de vida o muerte.

Humor (5%)

Mentir para hacer reír a la gente es más común de lo que se piensa. Elaborar historias surrealistas en torno a nuestra persona hace creer al interlocutor que somos gente interesante, ya que lo nuevo llama la atención y nosotros queremos ser protagonistas.

Razón B – Protección

La mecánica es muy distinta, pues ahora se busca evitar una pérdida. Por ende, estas mentiras pueden ser incluso más temerarias y exageradas que las de promoción, ya que el ser humano es averso a la pérdida por naturaleza.

Cubrir un mal comportamiento (22%)

En ocasiones, hacemos algo de lo que nos arrepentimos y no queremos sufrir las consecuencias de nuestros actos. En lugar de inflar la imagen para que la gente piense mejor de nosotros, el porqué de la mentira es evitar que se desinfle para que no piensen peor. Lo que la mayoría no sabe es que hay veces en las que la exposición del embuste es tan notoria que no merece la pena tomar el riesgo.

El nadador americano Ryan Lochte se emborrachó junto a sus compañeros de equipo en una fiesta en Rio de Janeiro durante su participación en las Olimpiadas de 2016. ¿La excusa que ofreció a los medios de comunicación? Que fue robado a punta de pistola en una gasolinera. Ya no es sólo el hecho de que bebiera de forma irresponsable, sino que mintió a toda una nación mientras la estaba representando.

Evitar situaciones (14%)

Hablamos de escapar de situaciones embarazosas e indeseadas o evadir a otras personas: niños fingiendo estar enfermos para no asistir a clase, vagos poniendo excusas sin sentido para no trabajar…

Razón C – Impacto

Tim Levine citó: “todos mienten, pero no todas las mentiras son iguales. La gente miente o dice la verdad en base a una meta específica; si el camino de la honestidad no nos acerca a nuestro propósito, optamos por el camino del fraude”.

Dejar nuestra huella en el prójimo puede tener un fin malicioso (que consiste en herir a otras personas), altruista (que consiste en ayudar a otras personas) y social (que consiste en encajar en reglas sociales para evitar la apatía).

No se trata de ganar o perder algo en concreto, sino de que otra persona gane o pierda algo. No obstante, he de mencionar que los fines altruistas y/o perniciosos albergan su causa radical en el más puro egoísmo. Permítanme decir que las personas que mienten por el bien ajeno merecen mi visto bueno.

Razón D – ???

No siempre ha de existir una causa eventual y extrínseca para inducir a la mentira. Ésta puede ser desconocida (cuando los motivos que no están claros) o patológica (cuando se ignora o malinterpreta la realidad).

En resumen: miento porque (a) quiero obtener algo, (b) quiero evitar algo, (c) quiero provocar algo o (d) porque sí. Es más, es bastante probable que varias de estas razones se combinen al mismo tiempo.

Mi intención es que entiendas que una persona que miente no lo hace necesariamente de mala fe: a lo mejor pretende ayudar, evitar un conflicto o simplemente está acostumbrada a hacerlo y no lo ve como algo perjudicial.

Que no te engañen.

Detectar una mentira es un tema extremadamente complejo y delicado. Sin embargo, sí quiero introducirte un concepto clave: la facilidad cognitiva. Se trata de un proceso mediante el cual tendemos a aceptar algo como verdadero sin necesidad de que lo sea. Los factores que nos hacen más susceptibles de creer un juicio son cuatro:

  1. Experiencia repetida: decir lo mismo una y otra vez.
  2. Exposición clara: dar un discurso coherente, cohesionado y adecuado a la situación.
  3. Idea primada: escuchar algo que ya tomamos como cierto.
  4. Buen humor: comunicar de forma amena y distendida.

Los anuncios funcionan tan bien porque nos repiten lo mismo una y otra vez hasta que se cansan, utilizan un tono desenfadado, llamativo y gracioso acompañado de canciones pegadizas y tienen un mensaje sencillo narrado por una voz contundente.

La mayoría de las personas confían demasiado en su intuición. Suelen encontrar el esfuerzo de realizar una reflexión pausada bastante insatisfactorio. Por ello, cuando la gente ya creía en algo con anterioridad, es más probable que los argumentos que apoyan esa misma idea pasen el filtro de la mentira, ya que ponerlos en tela de juicio requiere un sobreesfuerzo por su parte.

En mi opinión, la verdad siempre sale a la luz, pues la mentira nos atrapa en un juego tóxico cuyo final es completamente inevitable. Se puede mentir a poca gente durante mucho tiempo; se puede mentir a mucha gente durante poco tiempo; pero no se puede mentir a todo el mundo todo el tiempo.

Por desgracia, en esta vida van a toparse con multitud de personas que te la van a intentar colar… ¡Pero recuerden! No todos lo harán para dañarles.

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