Cómo convertirme en la mejor versión de mí mismo

Descubre cuál es tu máximo potencial

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Todo ser humano ha optado por una elección de la cual se ha arrepentido a posteriori… La toma de decisiones se traduce en un impacto sobre la vida de las personas, ya sea positivo o negativo. No obstante, ¿qué es una buena decisión? ¿acertar a la primera en reiteradas ocasiones es siempre lo mejor?

La teoría de cuerdas explica que existen diferentes universos paralelos más allá de nuestra interpretación de las tres dimensiones. Esto es, un intervalo de tiempo dividido en unidades temporales – por ejemplo, segundos– constituye un multiverso, es decir, un conjunto de universos cuya cantidad aumenta conforme avanzamos en dicha línea.

Según William James, las decisiones que el individuo toma en cada unidad temporal crean una serie ilimitada de versiones de sí mismo que pertenecen a distintos universos que se bifurcarían hasta el infinito, pues el devenir cotidiano está repleto de múltiples opciones que la ciencia no es capaz de predecir.

Quizás exista una versión de ti que ya ha alcanzado la libertad financiera.

Quizás exista una versión de ti que ya ha decidido marcharse de su país natal.

Quizás exista una versión de ti que ya ha conocido el amor en su máxima expresión.

O directamente una que esté en contra de las relaciones monógamas… ¡Quién sabe! Técnicamente hablando, no es que exista una: existen infinitas.

El condicionante que dirige al individuo en la toma de decisiones se rige por un modelo multifactorial compuesto por regresores estocásticos tales como el entorno, la genética, la educación, el azar… En definitiva: las experiencias moldean al hombre y construyen su propia realidad, quien recopila información, la procesa y la pone en tela de juicio.

Así pues, todas las combinaciones posibles de tu persona quedan representadas en una distribución probabilística. Se ha asumido una campana de Gauss en pos de simplificar el modelo. Tus mejores versiones se sitúan a la derecha, mientras que tus peores versiones se sitúan a la izquierda.

Entonces, ¿por qué hablamos de dos versiones de uno mismo si, en realidad, existen ilimitadas representaciones del yo? Atento: no se trata de dónde te encuentras en un determinado momento, sino que es hacia dónde te estás moviendo lo que define tu esencia. La actitud ante las vicisitudes es lo que te convierte en excelente o negligente.

La eterna batalla entre tus dos yo ha consumido más recursos de lo que estás dispuesto a reconocer. Incontables intentos quedan a tus espaldas, mas la figura que contemplas delante del espejo sólo refleja un contorno con el que no te identificas. La única pregunta posible es: ¿desde cuándo decidí abandonarme a la intemperie? 

Levantas, caes, y sientes que tu vida está inmersa en una hórrida espiral donde cada peldaño subido implica una bajada posterior. Acto seguido, tratas de endulzar el amargo sabor de la derrota con remedios fugaces y experiencias hedónicas para no admitir lo que es evidente: tu mente está bloqueada.

¿Me estoy volviendo loco?

¿Me estoy obsesionando con estupideces?

¿Me estoy comiendo la cabeza sin razón aparente?

A primera vista, parecen dos personalidades diferentes que buscan fusionarse. Hasta cierto punto es verídico, pero tan sólo una de ellas acabará ejerciendo su dominio. Recuerda: para definir dos caras de una misma moneda, ya no hablamos de lo que fue, pudo haber sido, será o podría ser; hablamos de lo que eres y de lo que tiendes a ser.

La colisión.

El psicólogo Leon Festinger propuso la teoría de la disonancia cognitiva, que explica cómo las personas intentan mantener su consistencia interna a toda costa. Sugirió que los individuos tienen una imperante necesidad que les empuja a asegurarse de que sus creencias, actitudes y conducta son coherentes entre sí.

Cuando existe inconsistencia entre los tres elementos, el conflicto intrínseco conduce a la falta de armonía. En otras palabras, la tensión aparece cuando las creencias del sujeto no se corresponden con las acciones que ejerce. Lo peligroso del asunto es que, si el sistema límbico se interpone a la parte prefrontal, dicha disparidad puede llevar a la defensa incondicional del sistema de creencias limitantes mediante el autoengaño.

Saber que fumar es tan perjudicial para la salud y continuar fumando al mismo tiempo produce un estado de disonancia entre dos cogniciones: “debo estar sano” y “fumar perjudica mi salud”. Sin embargo, en lugar de dejar el tabaco o sentirse mal porque fuma, el adicto busca maneras de autojustificarse acudiendo al sistema cortical.

“De qué me sirve vivir mucho si uno no puede disfrutar de la vida”.

“Lo que tendría que haber hecho es dejarlo cuando estaba a tiempo”.

“Si no me fumo el cigarro después de comer con un café no seré feliz”.

Estos pensamientos no tienen nada que ver con que el fumador sea tonto. La inteligencia lógica se convierte en una esclava de emociones temporales cuya dinámica no ha sido capaz de entrever, por lo que se siente obligada a utilizar cualquier recurso – incluso la mentira – para no cambiar el acto pernicioso de inhalar humo. James Merrill Carlsmith demostró que la mente de un embustero resuelve la disonancia cognitiva aceptando la mentira como una verdad.

¿Cómo es uno capaz de romper con esta bélica dualidad?

Versión 1 – El negligente.

No hay rumbo, dirección ni camino. Un insignificante velero es empujado a merced de la marea sin piedad, manteniendo al navegante atrapado en un torbellino de frustración incesante. Así pues, la única norma de la travesía es: hacia donde el viento me lleve. No existe filosofía más imprudente en plena era digital: aquel diminuto pez que no selecciona a conciencia su destino será tragado, masticado y deglutido por el tiburón blanco.

Tan desdichado y falto de amor propio es el negligente que siente la imperante necesidad de arrastrar a su desgracia a todo el que se cruce en su camino. Jamás olviden: la miseria ama la compañía. Su única prioridad es ser aceptado por la masa banal de borregos que se dejan llevar por el viento, al carecer de la determinación y el coraje suficiente para tomar las riendas de su vida.

El único consuelo ante tal hastío vital es refugiarse en toda forma de evasión cuya recompensa sea efímera: entretenimiento para las masas, drogas socialmente aceptadas, relaciones de pareja tóxicas… No obstante, ellos mismos son conscientes de que no existe cigarro, trago, película, atuendo o amante que les saque de su pozo de monotonía y letargo: jamás será suficiente; piden más y más del mismo veneno.

Poco a poco, su bioquímica empieza a deteriorarse y, con ello, la segregación adecuada de los niveles de dopamina, endorfinas, oxitocina y serotonina: las cuatro llaves de la felicidad. Se ha malacostumbrado a un organismo diseñado para vivir en un entorno de escasez, otorgándole retribuciones injustificadas que no son procesadas en su totalidad debido a su capacidad de crear goce efímero y volátil.

– La falta de dopamina reduce el ansia de esforzarse para hallar lo que uno necesita.

– La falta de endorfina impide sobrellevar o ignorar el dolor físico o emocional.

– La falta de oxitocina imposibilita confiar en los demás y estrechar lazos afectivos.

– La falta de serotonina disminuye la sensación de respeto ajeno y propio.

La evidencia científica más vanguardista muestra cómo regiones del cerebro específicas pueden verse reducidas en tamaño en individuos que experimentan depresión. El decremento de dichas secciones afecta directamente a su funcionamiento. Las consecuencias de un cerebro subóptimo son atroces: encefalitis (inflamación del cerebro), hipoxia intermitente (restricción de oxígeno), alteraciones en su estructura y conectividad…

Una parte de los pacientes que sufren de depresión suele notar extraños efectos sobre sus niveles de empatía y tolerancia. Esto se debe a que la corteza prefrontal y la amígdala trabajan mano a mano para controlar las propias respuestas emocionales ante estímulos externos y el reconocimiento de patrones emocionales ajenos. Asimismo, su memoria se ve considerablemente mermada por la reducción del hipocampo.

El estado biológico ha apagado la cognición: ahora son las turbulentas emociones las que toman el mando de su vida. ¿El resultado? Unas creencias sumergidas limitantes producto de reacciones neuronales adversas. El cansancio, el miedo y la confusión comienzan a aflorar… ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿quién soy?

El negligente descalificará y desprestigiará todas las hazañas y proezas ajenas con el único objeto de arrastrarte a su manto de mediocridad. El que justifica su imprudente comportamiento basado en impulsos preconscientes y viscerales con nuevas convicciones destructivas ha sido sometido al yugo de sus adversas emociones.

El afectado ya ha asumido que su situación molesta es irremediable después de haber luchado para encontrar una solución. En efecto, la disonancia cognitiva se ha roto, pero a un precio demasiado elevado: la resignación de un diminuto pez que podría convertirse en la bestia más temida del océano.

Versión 2 – El excelente.

Qué gran desfachatez hay que tener para exigir el primer premio sin haber participado en el concurso. Te planteo una pequeña cuestión: ¿de verdad te crees con el derecho a experimentar lucidez y abundancia sin pagar el precio correspondiente? El bienestar psicológico no es un derecho, sino un deber. Suplica deleite, suerte e inmediatez, y te será negado; ofrece optimismo, trabajo e ilusión, y te será concedido.

Los viejos esquemas empiezan a resquebrajarse. Has probado la mediocridad durante toda tu condenada vida y ésta sólo te ha proporcionado una cadena de desgracias. Entonces, ¿qué sucedería si optaras por el camino de la superación personal? Nace aquí una identidad, un yo pudiente de compromiso para el que nada es irrealizable. 

Derribar las divergencias en el pensamiento sin adquirir una indefensión aprendida permanente es posible mediante el desarrollo de dogmas tan firmes que empoderen considerablemente al espectro subconsciente. De este modo, las acciones se convierten en una inevitable consecuencia de las recientes modificaciones a nivel neuronal. Esto es, cambiando el sistema de creencias podemos cambiarnos a nosotros mismos.

Al principio, la modificación de las sinapsis es un proceso relativamente lento comparado con los tiempos típicos de los cambios en los potenciales eléctricos que sirven de señal entre las neuronas. No obstante, trascurrido un período de tiempo, el fortalecimiento de dichas conexiones sinápticas se hace demasiado evidente, lo cual fomenta la solidez y consistencia de las acciones. Éstas ya no son simples mecánicas que uno debe forzarse a repetir: se han desarrollado hábitos.

El cerebro se convierte en una todopoderosa máquina al servicio de tus inquietudes y desafíos. Un hacedor nato entiende que la calidad de los inputs determina, en última instancia, la calidad de los outputs. La entrada de elementos perjudiciales produce resultados nefastos; la entrada de elementos beneficiosos, resultados espléndidos.

Ahora es cuando las piezas del puzle comienzan a encajar. El hecho de que tu historia sea extraordinaria en un instante t no implica que en t+1 lo siga siendo. El hecho de que tu historia sea miserable en un instante t no implica que en t+1 lo siga siendo. Infinitas ramificaciones dan lugar a infinitas posibilidades, lo cual significa que se puede acceder a la realización plena desde cualquier circunstancia.

Pensar que las cosas podrían haber ido mejor es tan cierto como pensar que las cosas podrían haber ido peor, ya que la probabilidad de lo contrario es 1 / ∞ = 0. Sin embargo, para alcanzar la excelencia no has de tomar las mejores elecciones desde el punto de vista resultadista, sino inferir desde la información que se encuentra a tu disposición y utilizar el resultado para aprender en caso de que hayas errado.

Por ello, lo que parece una victoria hoy podría ser una derrota camuflada, ya que el que gana siempre y demasiado pronto no tiene la oportunidad de extraer una valiosa lección del fracaso y, por lo tanto, se expone a un futuro fallo cuyas consecuencias podrían ser devastadoras. ¿No te das cuenta? Lo mejor que podría haberte pasado a día de hoy es haber tenido el viento en tu contra cuando no tenías nada que perder, puesto que sabrás cómo evitar la pérdida cuando lo hayas ganado todo.

Despierta. Tu mejor versión de ti mismo no es un universo paralelo donde la dificultad brilla por su ausencia, sino un escenario donde tu actitud – no negligente, sino excelente – te permite superar cada contratiempo existente para acabar alcanzando el percentil superior de la distribución.

Queda en tu mano abrazar el camino de la excelencia.

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