Cómo liberarse de las expectativas y su significado

Las expectativas son la causa del sufrimiento

El día que entendí que no se puede esperar nada de nadie, mi vida se convirtió en una caja de sorpresas. No es mi intención preocupar al lector, ni hacer un llamamiento al pesimismo. Y tampoco me refiero a una potestad ineludible, ya que en realidad, sí que es posible proyectar ciertas expectativas sobre una persona o meta, si están respaldadas por múltiples evidencias empíricas.

Si lo primero que tu pareja suele decir nada más levantarte por las mañanas es “te quiero”, entonces nos encontramos ante un comportamiento que refuerza, cada día más, la expectativa de que tu pareja te va a expresar su amor desde el momento en el que abras los ojos.

Pero, ¿Qué pasaría si un día no lo hiciera? Lo primero que notarías es que hay algo que no te encaja del todo. Ese trabajo interno lo ha realizado la expectativa que tú mismo has creado. De acuerdo, ha sido tu novio o novia la que ha filtrado el proceso recursivo en forma de hábito, pero eres tú, en última instancia, el que ha decidido esperar que se siga dando.

La cuestión es: eso que pasa, ¿Tiene que ver con que tu pareja te haya dejado de querer, o más bien se trata de un evento atípico que no se ha analizado y comprendido con anterioridad? Es de vital importancia entender que nadie te debe nada. Absolutamente nadie.

Probablemente, te hayas encontrado con más de un manipulador a lo largo de tu vida. Sí, esas personas que crean una falsa expectativa basada en que tú tienes la obligación de ayudarles, y cuando les rechazas educadamente, insisten hasta la muerte una y otra vez. Hasta que finalmente, se dan cuenta que no estás en disposición de hacerlo, por lo que proyectan la culpa hacia ti… ¡Y todo porque han roto la expectativa que han construido por cuenta propia!

Las expectativas no sólo destruyen las relaciones de pareja y amistad, sino que también acaban destruyendo nuestras vidas. A estas alturas, no sería de extrañar que haya cierto desacuerdo con mis palabras, y no es para menos. De hecho, yo antes me fijaba expectativas altísimas. O eso creía… Es necesario aclarar la dicotomía existente entre las expectativas y las metas, porque…

Una meta es el fin al que se dirigen las acciones o deseos de una persona.

Una expectativa es la probabilidad subjetiva de conseguir dicha meta.

La clave de la sostenibilidad se basa en lo siguiente: vivir con cero expectativas mientras lo das absolutamente todo no son sucesos incompatibles. No quiero que se me malinterprete, ya que no estoy haciendo una apología del altruismo desmedido y de la bondad ciega. El juego trata de diseñar un sistema que avale matemáticamente tus acciones y decisiones, que te permita disfrutar del proceso y que no abra la puerta a exigencias vacuas. Porque, implícitamente, una expectativa es una exigencia subjetiva de merecimiento.

Desde el momento en el que se espera algo de alguien, incluso de uno mismo, y creyendo que se han hecho bien los deberes, aparece en escena la palabra merecer: “Oye, yo pensaba que si hacía esto, entonces iba a obtener esto otro y no lo veo por ninguna parte… ¡Me lo merezco!”

El fallo reside en que la gente desconoce que el éxito es un juego de probabilidad. Has sido tú el que se ha generado la expectativa en cuestión, en lugar de contarte la verdadera historia: “Si hago esto, entonces la probabilidad de cumplir con mi meta será superior con respecto a la probabilidad de cumplirla si no tomo acción”.

Ya viste que las creencias de merecimiento son muy a menudo limitantes:

“Me merezco tener pareja”.

“Me merezco tener un trabajo mejor”.

“Me merezco ser feliz”.

 El problema es que quizás, en este preciso momento, no te lo mereces tanto como crees. Piénsalo: ¿Porqué crees que te lo mereces?

Cuando no hacemos nada y nos quedamos  de brazos cruzados, la probabilidad de éxito es 0 y la probabilidad de fracaso es 1.

P(E) + P(F) = 1, P(E) = 0, P(F) = 1

Cuando tomamos acción por primera vez, la probabilidad de éxito es mayor que 0 y la probabilidad de fracaso es menor que 1.

P(E) > 0, P(F) < 1

Fallamos, mejoramos tu plan y lo volvemos a intentar. Una, y otra, y otra vez. Y cuando tomamos acción después de 20, 30 ó 40 fracasos, la probabilidad de éxito es ligeramente menor que 1 y la probabilidad de fracaso es ligeramente mayor que 0.

P(E) < 1, P(F) > 0

Cuando uno habla de merecimiento, es necesario hacerlo con cierto rigor matemático, sabiendo a lo que se refiere y con una mentalidad resiliente que pueda hacer frente a la injusticia.

¿Qué hubiera pasado si hubiésemos hecho eso mismo sin exigirle al destino un resultado exitoso? ¿Qué hubiera pasado si lo hubiésemos hecho sin pensar de forma errónea y estúpida que la probabilidad de éxito es un 100%? ¿Pensarías ahora que te lo mereces, sabiendo que la probabilidad de no éxito es mayor que 0? ¿O estarías más ocupado retocando tu sistema de producción, cambiando los engranajes de tu operativa y buscando un enfoque alternativo?

Las expectativas derriban tu humildad, aumentan tu frustración y te impiden considerar el hecho de que eres humano y, por tanto, te puedes equivocar. El juego no va ni de esperar, ni de merecer, ni de obtener. El juego va de hacer y ser. Punto.

Y reitero, porque es de suma importancia, que el hecho de no tener expectativas no implica que no haya que fijarse objetivos y metas, sino todo lo contrario.

No quiere decir que uno tenga que prostituirse a cambio de nada.

No quiere decir que uno no tenga que creer en sí mismo.

No quiere decir que uno  no vayaa a por la victoria con todo su ser.

No quiere decir que el éxito residual no exista. Como dice Mario Luna: “apunta a las estrellas y llegarás a la luna”. Todo esto está muy bien.

Pero como he mencionado al principio del post, no es lo mismo. Y aunque no niego la existencia de una posible correlación entre las expectativas y las metas, estoy convencido de que la combinación más humilde pasa por reducir tus expectativas al mínimo y trabajar al máximo. La cabeza en el cielo y los pies en el suelo.

Un compañero de clase me comentó que conocía una ecuación que le cambió la vida:

Satisfacción = Realidad – Expectativas

¿Cuántos de vosotros os habéis puesto alguna vez más contentos con un 5 que con un 8? Si un examen te ha salido muy bien, lo más probable es que tus expectativas sean las de aprobar con buena nota. Sin embargo, si te ha salido muy mal y te convences a ti mismo de que has suspendido, la satisfacción que siente uno cuando ve un aprobado es inmensa. Incluso puede pasar que un 8 sea una auténtica decepción, si pensabas que ibas a sacar un 10.

En la vida, como en los exámenes, no se va para sacar un 5 raspado. Se va para sacar un 10. Se estudia para sacar un 10. Tus metas tienen que ser de diez, y tus expectativas, ni de 3, ni de 2, ni de 1, ni de 0. Porque no es lo mismo tener unas expectativas de cero que tener cero expectativas. ¿Entiendes ahora por qué vida se convirtió en una caja de sorpresas cuando las eliminé? Puede parecer muy utópico, porque en realidad no se pueden eliminar las expectativas al 100%, pero… Amigo mío, si lo hicieras, la satisfacción sería igual a la realidad. Y eso increíble.

Después del examen, lo último que necesitas es especular sobre lo que has sacado y proyectar una expectativa basada en resultados externos. No te olvides de esto: los resultados son muy importantes, pero de ellos nunca se extraen emociones. Se extraen lecciones.

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