Obsesión psicológica: ¿buena o mala?

Averigua qué es la obsesión y cómo superarla

Puedes ver el post en forma de vídeo haciendo click aquí.

Se te mete algo en la cabeza y no hay quien te lo saque.

Intentas concentrarte en una actividad importante cuando vuelve otra vez lo mismo de siempre: esa persona tan atractiva que no puedes dejar de anhelar, esa preocupación por saber si vas a completar la tarea con éxito, ese conflicto interno que tienes sin resolver, etc.

¿Por qué pienso lo mismo sin parar? La queridísima obsesión…

Amor de sabios, odio de necios.

Placer de unos, sufrimiento de otros.

¿Buena o mala? ¿aliado o enemigo? ¿constructiva o destructiva?

Todos y cada uno de nosotros caemos con frecuencia en este tipo de procesos mentales. Buda manifestó que todo aquel que no disponga de las herramientas necesarias para manejarla o erradicarla por completo está cableado para el sufrimiento, ya que la obsesión nos hace rumiar en sentimientos aflictivos.

Mi intención es estudiar la obsesión desde un punto de vista psicológico, esto es, definir su significado, hallar sus causas y proponer soluciones efectivas para lidiar con ella. Es más, ¿y si te contara que podrías sacarle partido para alcanzar sus metas?

AVISO PREVIO.

Este vídeo no tiene por objeto tocar el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), pues es un tema bastante más complejo. Acude a un especialista en caso de duda.

¿Qué es la obsesión?

Se trata de un estado mental en el que la persona recurre de forma consistente a una palabra, idea o imagen, la cual se impone repetidas veces con independencia de la voluntad del obseso, por lo que no es tarea fácil reprimirla o evitarla.

En el peor de los casos, la obsesión es una máscara de hierro que enfoca al individuo en una sola cosa: actúa como una potente ola que arrastra cualquier otro pensamiento o preocupación por completo. La obsesión se puede desarrollar hacia una persona, lugar, objetivo, concepto, sujeto e incluso objeto. Y más importante aún: es una adicción.

Como todas las adicciones, éstas no muestran ninguna clase de piedad y van desestabilizando a su hospedador con el tiempo.

Ejemplos concretos hay a raudales:

1. Magnificación de eventos improbables: temor incesante a que un contratiempo horrible le suceda a un ser querido.

2. Deseos de placer: pensamientos sexuales demasiado asiduos, insistentes e intensos.

3. Deseos de poder: ansias desorbitantes por obtener la riqueza, la fama y el aplauso.

4. Hipocondría: preocupación continua por contraer una enfermedad crónica.

5. Anticipación de catástrofes: pavor a hacer el ridículo delante de mucha gente.

6. Pensamientos irracionales: miedo a dañar objetos inanimados.

Lo realmente peligroso del asunto es que resulta muy reconfortante en un principio, especialmente si el sujeto se sentía vacío con anterioridad. Sin embargo, aunque no se sintiera incompleto de antemano, la obsesión crea una falsa sensación de poder, control y capacidad.

Poco a poco, comenzamos a desatender ciertos aspectos de nuestra vida cotidiana; al dejar que la obsesión nos consuma, las áreas descuidadas sufren una devaluación prominente hasta extremos perversos. Incluso si nuestra vida continuara en equilibrio, reaccionaríamos de forma adversa si se nos quitara el objeto de la obsesión.

¿Qué implica esto? Pues lo mismo que para un fumador veterano al que se le priva de su cigarrillo: piensa que ya no va a poder ser feliz. No obstante, uno ha de interiorizar que la verdadera felicidad es precisamente lo que se encuentra al otro lado de la obsesión.

Si no muestro cariño incondicional a mi ex, ¿cómo voy a ser feliz?

Si no gano más seguidores en Instagram, ¿cómo voy a ser feliz?

Si no limpio mi casa tres veces al día, ¿cómo voy a ser feliz?

¿Te resulta completamente inimaginable? No es casualidad: es ciencia. Seguramente no hayas comprendido bien en qué consiste la felicidad.

¿Por qué nos obsesionamos?

¿Hace falta que te diga que esta creencia es una ilusión? En efecto, el apego a esta adicción tiene asociado el mismo proceso que una droga, pues afecta al circuito de recompensa, cuya mecánica motiva a la persona a repetir comportamientos que suplen necesidades básicas, tales como comer y pasar tiempo con seres queridos.

Cuando fantaseamos con alguien inalcanzable, se produce un chute de dopamina que causa una euforia temporal, provocando el refuerzo positivo – pero perjudicial – del hábito en cuestión. Se trata de una auténtica tortura ocasionada por un cerebro estúpido que pica una y otra vez en el anzuelo.

Por si no fuera suficiente, el cerebro se adapta reduciendo la capacidad de respuesta celular en el circuito de recompensa. Esto reduce el incremento hormonal que la persona experimentó por primera vez, es decir, aumenta la tolerancia de la misma manera en la que un alcohólico necesita beber cada vez más para estar igual de borracho. Los pensamientos en bucle con cada vez menos agradables y más aflictivos.

No estoy argumentando a favor de la extinción de la obsesión, sino en pos de su control o sustitución. La habilidad de crear de la nada emociones que nos favorezcan es muy limitada, pero no la de manejarlas según la coyuntura vigente. Por ahora, nos focalizaremos en proponer soluciones efectivas para eliminar las obsesiones limitantes y, mejor aún, transformarlas en obsesiones potenciadoras.

Paso 1 – Identificar el origen.  

Sin un buen diagnóstico, olvídense del tratamiento. Reconocer la fuente primigenia de la obsesión supone el 50% del proceso para domesticarla; en otras palabras, es tan relevante saber por qué uno hace lo que hace como trabajar para cambiarlo.

La mayoría de las obsesiones se crean en la infancia mediante un evento emocionalmente intenso que originó una creencia sumergida, aunque en realidad se pueden generar en cualquier fase de reúna la suficiente trascendencia emocional. Pondré un sencillo ejemplo para que entendáis el esquema…

Pedro tiró a la basura un peluche viejo cuando tenía ocho años. Al percatarse del hecho, su madre le dio una reprimenda de tal intensidad que el crío echó a llorar desconsoladamente de inmediato. Al finalizar, la mujer terminó su discurso con las siguientes palabras: “pobre peluche, ¿cómo te atreves a tratarle así? Qué vergüenza, con lo que debió estar sufriendo”.

Desde ese momento, Pedro se muestra ansioso cada vez que se rompe un objeto inanimado por accidente o se va deteriorando con el tiempo, pues asocia deshacerse de él a ser mala persona. Lo cierto es que él no tenía la culpa de que su madre le regañara. Lo que sí tiene ahora es la responsabilidad para reconocer que sufre una obsesión, ver cuál ha sido el factor determinante de su aparición y trabajar para controlarla.

En tu caso, ¿cómo empezó todo? Esa es la pregunta que debes formularte:

– Puede que estuvieras muy nervioso, aunque se supieras un examen a la perfección. Una mala ejecución podría ocasionar una obsesión con el fracaso. ¿Para qué voy a seguir estudiando? Total, voy a suspender de todas formas.

– Puede que estuvieras muy triste en el momento en el que tu pareja rompió la relación. Una mala gestión emocional podría generar una obsesión con él o ella. ¿Para qué voy a seguir enamorándome? Total, jamás sentiré lo mismo por otra persona.

Haz acto de introspección e identifica el origen. ¡Ojo! Un matiz muy importante: el origen no es la causa. El error no es que tires un peluche, suspendas un examen o te deje tu chico o chica, no… Ese es el origen de la obsesión.

El error es la causa por la cual esa misma obsesión se ha manifestado en primer lugar; el error fue haber basado tu felicidad en el resultado del examen y no en el esfuerzo invertido en él; el error fue haber iniciado una relación de pareja sin haberte amado a ti mismo con anterioridad. Y del primer ejemplo, el error fue de la madre, no del niño.

Paso 2 – Modificar el hábito.  

Una adicción no es más que un hábito perjudicial cuya intensidad o frecuencia es demasiado elevada y del que no se puede prescindir fácilmente al existir dependencia.

Recordemos cuál es el ciclo de un hábito: señal, rutina y recompensa.

– La señal es el estímulo externo o interno que causa la necesidad de iniciar el hábito.

– La rutina es el ritual o la acción que desempeñamos para satisfacer dicha necesidad.

– La recompensa es el estado emocional o físico en el cual nos sentimos satisfechos.

Pondré como ejemplo típico el de un fumador:

– La señal es la falta de nicotina o la sensación de la misma.

– La rutina es sacar un cigarro, encenderlo y fumarlo.

– La recompensa es el estado de relajación posterior.

¿Cómo procederemos entonces con la obsesión?

a) Reconocimiento de la señal: ¿en qué momentos, lugares, situaciones o estados te encuentras más proclive a obsesionarte? El objetivo es reducir la cantidad de veces en las que recurrimos a los pensamientos obsesivos, pues quizás descubras que se manifiestan justo antes de dormir, al ver a determinadas personas o al no saber lidiar con tu soledad.

b) Sustituir la rutina: cambiar la rutina anterior por otra que ofrezca la misma recompensa. En este caso concreto, la rutina es imaginar escenarios idílicos o catastróficos hasta que el cerebro reciba el chute hormonal que tanto ansía.

¿Hay alguna otra obra que pueda proporcionarte tranquilidad y confort? Mejor aún, ¿hay alguna otra obsesión que pueda propulsarte a trabajar en vez de a procrastinar?

Paso 3 – Toma de conciencia.

¿Por qué nueva acción se puede suplir la antigua?

A continuación, haremos uso de un elemento denominado disruptor, que se define como un gesto, acción o marco que descoloca por completo al proceso de divagación mental. Éste permite pasar del rol pasivo al que la obsesión en cuestión te somete a un rol activo, mediante el cual reconoces el patrón adictivo y lo rompes.

Hay toda clase de disruptores que se encuentran a tu disposición:

Físicos: respirar profundamente, meditar, bailar, correr, entrenar, caminar…

Intelectuales: leer un libro, estudiar, aprender idiomas, charlar con amigos…

Sin embargo, la gracia del asunto es ser creativo y flexible:

¿Temes el posible suspenso mientras estudias para el examen? Levántate, haz diez sentadillas y vuelve a la carga cada vez que suceda.

¿Esperas desesperadamente el mensaje de tu chico o chica nada más despertarte? Mírate al espejo y di en voz alta: “madre mía, últimamente estoy irresistible”.

Lo divertido es ir jugando con distintas mecánicas que rompan el bucle y le transmitan a tu mente que tu obsesión es, a fin de cuentas, de lo más absurda e innecesaria. Encuentra tu disruptor y sal del bucle. Si te lo tomas en serio, podrás disminuir considerablemente la fuerza y cadencia de estos episodios mentales.

En múltiples ocasiones, una idea fija nos atormenta sin cesar a modo de recordatorio simplemente porque no hemos terminado la tarea en cuestión. A lo mejor no hemos revisado el capítulo de un libro, planeado los últimos detalles de un viaje o declarado a la persona que nos gusta.

El secreto final.

Pero esto no es todo… ¿os imagináis que el camino el éxito pudiera ser adictivo? Mientras que la mayoría de las personas conciben el proceso como un arduo castigo que uno ha de sufrir para obtener una recompensa, nosotros vamos a entenderlo como un sendero donde se experimenta tanto placer como dolor, y por lo tanto, algo que deseamos fervientemente. ¡Y todo ello gracias al poder de la obsesión!

En suma, es necesario reconocer que es bastante improbable realizar un propósito sin cierto grado de obsesión. De hecho, cuando se canaliza correctamente, ésta se traduce en un incremento de energía, empuje, determinación y resiliencia; en términos psicológicos, es altamente adaptativa bajo un pilotaje adecuado basado en el flujo de la creatividad a la hora de resolver problemas complejos.

Yo estoy loco por documentarme, escribir guiones y elaborar contenido audiovisual.

Yo estoy loco por invertir con cabeza y desarrollar mi inteligencia económica.

Yo estoy loco por aprender distintos idiomas y comunicarme con nuevas personas.

Estoy obsesionado con lo que hago. Y no soy el único que lo está.

Sustituye tu obsesión limitante por una potenciadora.

A pesar de que a estas conclusiones han llegado expertos en materia como Alex Lickerman, Darlene Lancer o Vance Jackson, el gran desconocimiento del público coloca a la obsesión como un trastorno irrevocablemente pernicioso. Es mi función aportar mi granito de arena como economista para recordar que, así como sucede con el estrés, la soledad o la disciplina, la obsesión se rige bajo la ley de los rendimientos decrecientes: es buena hasta cierto punto.  

En resumen: (1) identifica el origen, (2) modifica el hábito y (3) retoma la conciencia.

Deja un comentario