3 principios estoicos de Séneca.

¿Cuáles son los principios estoicos?

Hubo un tiempo en el que mi alma se perdió por el camino. Necesitaba un cambio.

Los viejos esquemas comenzaban a resquebrajarse a una velocidad vertiginosa. Tocaba construir un castillo cuyos muros estuvieran cimentados con yeso en lugar de barro. Así pues, busqué durante incontables horas una doctrina filosófica basada en el dominio y control de los eventos, pasiones y creencias que perturban la vida, utilizando como arma la valentía y la razón del carácter personal. El objetivo era muy claro: alcanzar la sabiduría y la felicidad prescindiendo de los bienes materiales. Por aquel entonces no lo sabía, pero había una escuela de pensamiento que satisfaría mis anhelos de progreso: el estoicismo.

No obstante, el referente que os traigo hoy poco tiene que ver el elenco de escritores de esta corriente, pues su aproximación deja a un lado los planteamientos lógicos y físicos del estoicismo tradicional para centrarse en la dimensión moral y la ética del hombre.  No podría ser otro que el único e irrepetible Séneca.

Lucio Anneo Séneca fue un político, orador y escritor romano nacido en Córdoba en el año 4 a.C. conocido por sus obras de carácter moral. Además de ejercer como senador, cuestor, pretor y cónsul sufecto, se posicionó como consejero del emperador Nerón. Así pues, el filósofo se dedicó a investigar, discutir y resolver varios problemas pertenecientes a la física, la cosmología y la teodicea. Sin embargo, hoy me quiero centrar en su faceta de escritor, pues ésta le colocó como uno de los máximos representantes del estoicismo junto a Epícteto, Zenón de Citio y Marco Aurelio.

3 principios estoicos

Eso sí, te advierto de que algunos de sus libros son auténticos pergaminos indescifrables.

Por suerte, yo he resumido para ti los puntos esenciales de su pensamiento a través de sus obras más influyentes en este artículo. Dicho esto, quédate hasta el final, porque las claves que te voy a ofrecer están ordenadas de menos a más útiles. Espero que puedas aumentar todavía más tu arsenal de herramientas estoicas. ¿Estás preparado?

 

Premisa básica.

Antes de sumergirse de lleno en los principios de Séneca, es de vital importancia conocer cuál es motor principal de sus reflexiones: su espiritualismo filosófico. En este sentido, el escritor desarrolla su concepción de las dos causas principales que explican la realidad: la materia y el logos. Mientras que la materia (es decir, el cuerpo, lo corpóreo, lo sensible) lastra al alma en su búsqueda de la virtud, el logos (es decir, la razón, lo incorpóreo, lo inteligible) es el camino que el alma debe tomar para embellecerse. Por este motivo, la filosofía de Séneca tiene como principal objetivo alcanzar la virtud moral, esto es, el bien. Y para hacer frente a las desenfrenadas pasiones de la materia, para doblegar cada pulsión viciosa que emerge en la parte inferior del alma, uno ha de utilizar la razón.




Es la misma historia de siempre que he relatado en cientos de entradas: la clásica pugna entre la razón y la emoción, la cabeza y el corazón, el jinete y el elefante, el pensamiento y el sentimiento… Puedes profundizar más acerca de la arquitectura cerebral en el resumen de Inteligencia Emocional, de Daniel Goleman.

Eso sí, aquí hay un ligero detalle: el bien se logra cuando el logos domina a la materia.

Séneca dice: “no podemos permitir que las pasiones carnales y el goce terrenal dictaminen las decisiones que tomamos, porque es la razón la que conoce la ruta de la virtud moral”. Mantén presente esto: el estoicismo de Séneca está ligado a la moral.

“¡Séneca se ha copiado de Platón!” Pues, efectivamente, se nota bastante la influencia platónica en el cordobés, y es precisamente el hecho de haber acuñado sus axiomas lo que le permitió ser una mente prodigiosa que tantas perlas de conocimiento dejó tras de sí. Por el momento, me gustaría repasar tres escritos esenciales que, en mi humilde opinión, tienen el potencial de cambiar tu paradigma por completo.

principios estoicos

  1. Sobre la tranquilidad del ánimo.

Según Séneca, las ocupaciones en los cargos públicos que requieren la constante relación con otras personas constituyen los grupos más vulnerables ante la intranquilidad. Dichos individuos, acostumbrados a la vida agitada y vertiginosa, se encuentran completamente indefensos cuando tienen que enfrentarse a su soledad. Ya no hay carcajada, conversación o interacción que les salve de su peor augurio: tener que lidiar con uno mismo. Así pues, las cuatro paredes de su casa les resultan cada vez más y más pequeñas, hasta el punto en el que acaban ahogándose en los pensamientos que tanto tiempo han tratado de evitar.

El espíritu del hombre está habituado al movimiento, al dinamismo, a la rapidez. Para el filósofo, el hombre desea el movimiento porque le da sensación de libertad. Sin embargo, ¿cuántos hombres se mueven realmente porque quieren hacerlo? Si la materia se impone a la razón, el individuo no será más que un mero sirviente de sus pasiones. Por ello, toda causa de intranquilidad deriva de un deseo no satisfecho: quiero algo, no lo obtengo y, en consecuencia, aumenta mi irritabilidad, mi frustración, mi descontento con el mundo.



¿Recuerdas cuál es la causa del sufrimiento para los budistas? El deseo. Pero no estamos hablando del deseo como la motivación que nos empuja a profundizar en el conocimiento. Para Séneca, ese es el movimiento que nutre el alma; para los que seáis fans de Platón, se trata del caballo blanco. Más bien, el dinamismo que el romano critica tiene que ver con aquel anhelo que parte de la más pura necesidad, codicia y avidez: desear el goce terrenal, el placer instantáneo o los bienes materiales es la ruta más rápida hacia el letargo; en otras palabras, ahora se refiere al caballo negro. En este último caso, el hombre vive engañado: él cree que es libre por el hecho de perseguir, de moverse, de actuar, pero en realidad es un esclavo de sus emociones que jamás encontrará el equilibrio interno.

“O sea, que no todo movimiento es deseable desde el punto de vista del alma”.

Eso es. La figura del senador que persigue la riqueza, la fama y el prestigio es hoy el bróker de Wall Street que no ve la luz del Sol o, sin ir más lejos, cualquier persona que viva hasta arriba de estrés por un trabajo que no les suscita ni un ápice de satisfacción. La conclusión a la que llega Séneca es que un ser humano que no soporta su propia soledad está incapacitado para estar en tranquilidad consigo mismo. En lo personal, esta reflexión me parece tremendamente acertada, puesto que es ahí, en la soledad, donde uno no puede esquivarse a sí mismo, evitar a su conciencia ni escapar de su propia realidad.

3 principios del estoicismo

“¿Cuál es la solución para los que quieren buscan refugio en la compañía, la vestimenta, el alcohol, etc.?”

Lo primero que debes hacer es bajar la velocidad para pasar tiempo contigo mismo. Y ya no vale incurrir en el capricho terrenal ni el goce efímero: te toca hacer frente a tus propios pensamientos desde la soledad: ¿Quién soy? ¿me gusta lo que soy? ¿qué quiero ser? ¿qué estoy haciendo mal? ¿qué estoy haciendo bien? ¿qué puedo hacer mejor para llegar a ser lo que quiero ser? ¿cuál es mi propósito en este mundo? Si sé que hay solución, ¿por qué me lamento? Si sé que no hay, ¿por qué me lamento?

¡Es en la soledad donde surgen todas estas preguntas y muchas más! Hemos de aprender a estar con nosotros mismos antes de estar con las demás personas. Y cuando hayas hecho acto de introspección, es hora de volver al movimiento; pero no el movimiento de antes, sino uno que nazca de la tranquilidad. Por este motivo, Séneca recalca la importancia del descanso: uno ha de ser lo más productivo posible mientras trabaja y, al mismo tiempo, dedicar ciertas horas al día al única y exclusivamente reposo para recuperar la fortaleza.

Es evidente que esto no es una apología a la pereza, sino más bien un recordatorio en pos de devolverle al cuerpo la energía que tanto necesita. De hecho, la palabra siesta procede de la hora sexta del imperio romano, es decir, sobre las cuatro menos cuarto del horario actual. A partir de ese momento, muchos comercios y negocios cerraban sus puertas para descansar y disfrutar del tiempo libre, especialmente en los veranos más calurosos.



¿Y qué sucede hoy en día? Que ni descansamos ni trabajamos al cien por ciento. Piénsalo.

Cuando estamos trabajando nos distraemos con cualquier minucia, no nos enfocamos en la tarea en cuestión y, en consecuencia, nuestro tiempo de descanso se ve perturbado por la cantidad de estímulos externos que hemos tenido que procesar. Hay que estar presente en la actividad que estemos desempeñando. No seas el trabajador que jamás se detiene a apreciar lo verdaderamente esencial. Ellos nunca llegarán por mucho que corran.

 

  1. Sobre la felicidad.

Séneca proclama que, a pesar de que toda la humanidad desea ser feliz, las personas son ciegas en tanto en cuanto no son capaces de distinguir qué los hace felices. De nuevo, un deseo dirigido hacia lo material en vez de lo racional provocará que la felicidad se aleje cuanto más se persiga. Dicho esto, ¿qué es lo que te hace feliz a ti? Y más importante aún: ¿lo que te hace feliz a corto plazo continuará proporcionándote felicidad en el largo?

A continuación, descubrirás que no siempre es así, pero vayamos por partes…

Séneca defiende que las sendas más transitadas son con frecuencia la menos adecuadas: nada es menos confiable que seguir el rebaño, ir detrás de la manda, es decir, amoldarse a la opinión de la mayoría simplemente por creer que será lo mejor para uno mismo. En tal caso, el ser humano se estaría acomodando, dando pie a que lo corpóreo se imponga en el orden de prioridades y, como resultado, no podríamos decidir racionalmente. Una de mis frases favoritas de la obra “sobre la felicidad” es: “cuán engañoso resulta seguir a los que van adelante en grandes agrupaciones, pues nadie nos garantiza que no nos estén guiando al precipicio”.

principios estoicos

El filósofo nos muestra una interesante analogía en las elecciones de los gobernantes, ya que éstos se quejan constantemente de que los mismos inútiles de siempre acaben en el poder, cuando son ellos mismos los que votan a los partidos mayores una vez tras otra, es decir, que votan a lo que la mayoría vota. En definitiva, aprueban lo mismo que critican. Permiten lo mismo de aborrecen. Por ello, decantarse por un comportamiento gregario es reflejo de una falsa sensación de seguridad derivada de la incapacidad para discernir entre lo que uno quiere en realidad de lo políticamente correcto.

Me doblego ante los demás sólo para que la probabilidad de ser aceptado aumente y, en consecuencia, me sienta más arropado, comprendido y protegido. El problema tiene lugar cuando la mayoría de las personas que forman ese grupo están ahí por la misma razón que tú: no saben valerse por sí mismos, no saben tomar sus propias decisiones y sienten tanta inseguridad que necesitan que un tercero valide su caminar. Para Séneca, este es el principal detrimento de la felicidad: hago lo que hago por los demás, y no por mí.

Han pasado cientos de años, pero hoy en día seguimos lidiando con este contratiempo:

Votantes que mantienen su ciega devoción en un partido político concreto.

Inversores que depositan sus ahorros en una acción que se pone de moda.

Jóvenes que dirigen sus estudios hacia un área especialmente solicitada.

Me da la impresión de que las cosas no han cambiado mucho desde entonces…




Séneca repetía incontables veces: “el vulgo no es un fiel intérprete de la realidad. Una vida feliz es aquella que sigue a su propia naturaleza, atenta a las cosas, pero sin dejarse llevar por ninguna y dispuesta a disfrutar de la fortuna sin ser su esclavo”. En lugar de deleites diminutos y efímeros, el que sigue su propio camino en base a un propósito siente gozo continuado, paz, armonía espiritual y grandeza con mansedumbre.

Es feliz el que es lo suficientemente honesto consigo mismo como para buscar la virtud; el que no se derrumba por los cambios desfavorables, sino que los toma como un desafío; el que posee un alma recta, audaz y estable que controle tanto la ambición como el miedo.

Aquello que viene y va, todo lo venidero, no aumenta ni disminuye la felicidad, pues no tiene ningún valor intrínseco: tan sólo son placeres que serán anulados por dolores.

3 principios estoicos de Séneca. 1

Uno nunca podrá ser feliz si no está contento con lo que tiene, y dicha plenitud se logra únicamente con un juicio lo bastante recto y seguro como para posponer la gratificación instantánea. El que agradece profundamente todo lo que tiene en sus manos no necesita lo más mínimo obtener la validación de la masa banal. No hay ningún elemento externo más allá de lo puramente esencial para la supervivencia que una persona con gratitud requiera. Él ya está completo. Él ya está feliz.

 

  1. Sobre la brevedad de la vida.

El tema de la muerte es uno de los tópicos favoritos de los pensadores estoicos. En este aspecto, el pensamiento de Séneca está en convergencia junto con el de Epícteto y Marco Aurelio. Lo que caracteriza a casi todos los estoicos es su determinismo cósmico, es decir, el hecho de que el destino está marcado por la naturaleza. Siguiendo esta misma lógica, como la vida y la muerte son parte de la naturaleza, el sabio acepta de buena fe la propia mortalidad. Así pues, es mediante la sabiduría que caracteriza al hombre virtuoso como éste aprende a administrar correctamente el espacio cerrado de la propia existencia.

Entender esto es clave: lo irónico de “Sobre la brevedad de la vida” es que no es un libro cuya intención sea transmitir que la vida es corta y hemos de aprovecharla. Justo al revés: la vida es larga, pero no sabemos aprovecharla. Dicho esto, Séneca aclara que el error fundamental no es quejarse de uno mismo, sino quejarse de la naturaleza, porque la naturaleza es un componente fijo, exógeno y determinado que todo sabio acepta.

La naturaleza es generosa con la vida, y si se sabe usar, es larga. Somos nosotros los que la llenamos de tareas vanas, quehaceres superficiales y sentimientos aflictivos tales como la avaricia, la ambición o la cólera. El individuo, corrupto de vicios, indolencias, ajetreo y demás ocupaciones superfluas es quien se sustrae años de su vida, no porque viva menos años, sino porque el tiempo perdido no es considerado como vida por Séneca. Así pues, el hombre consta como el único responsable de la brevedad de la vida, ya que fagocita su alma con contantes deslices materiales que la absorben.



Y es que, si uno resta todo el tiempo invertido en cosas inútiles, se dará cuenta de que son muy pocos sus años de vida. A fin de cuentas, podría resumir los párrafos anteriores con la siguiente pregunta: ¿por qué la gente pierde su tiempo en tareas banales que no aportan nada y, para colmo, les hacen sentir que su vida está vacía de significado? “El hombre no tiene tiempo, excepto para el vino y el desenfreno. Se quejan de la celeridad de la vida los avaros e iracundos, los que ejercen el odio o la guerra injusta y los que pasan el tiempo maquinando, adulando o siendo adulados. La realidad es que no saben vivir.”

El mantra “no tengo tiempo” pasa a ser una simple incongruencia si uno acepta de buena fe que la naturaleza de la vida. Lo correcto sería decir: “no tenemos poco tiempo, sino que perdemos mucho”. No somos meros indigentes de la vida, sino sus derrochadores.

Séneca afirmaba con gran énfasis: “el tiempo que uno pierde litigando en los tribunales, discutiendo por ínfimos detalles, metiéndose en conversaciones banales con gente que no despierta ningún interés, preocupándose por el dinero, lidiando con clientes molestos o cumpliendo con inútiles obligaciones sociales se traduce en vida mal administrada”.

3 principios estoicos de Séneca. 2

Y aquí es cuando Séneca tiene un momento espectacular de lucidez y termina su reflexión describiendo a la perfección la hipocresía del hombre: “la ceguera de las mentes humanas es tal que nadie consentiría compartir su dinero o que otros ocupen sus propiedades. Sin embargo, no tienen ningún reparo en introducir a gente superflua en sus vidas. Son de puño cerrado a la hora de mantener su patrimonio y, a la vez, derrochadores del único objeto con el que es honrado ser codicioso: el tiempo. Tenéis miedo a todo como mortales que sois, y deseáis todo como si fuerais inmortales”.

El tiempo no es gratis. Es fácil administrar lo seguro, pero lo que hay que cuidar con más atención es lo que no sabemos cuándo faltará. Malgastar el tiempo para acumular bienes materiales que luego se canjean por tiempo de nuevo es una estrategia tan absurda como poco eficiente. Ahora yo te pregunto, ¿qué es lo más valioso que puedes hacer con tu tiempo? Escríbelo en los comentarios para que pueda ver tus aspiraciones.

 

En definitiva…

(1) Busca la tranquilidad del ánimo dedicándote tiempo en plena soledad.

(2) Camina hacia la felicidad alejándote del comportamiento gregario con autonomía.

(3) Deja de desperdiciar el tiempo en estupideces que te alejan de lo más esencial.

Puedes ver el artículo en forma de Vídeo aquí:


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