El método de la piedra gris.

¿Alguna vez has tenido que soportar los ataques de ira de tu pareja?

¿Alguna vez has tenido que lidiar con un amigo increíblemente quejoso?

¿Alguna vez has tenido que aguantar las descalificaciones de tus padres?

Creo que ya sabes por dónde van los tiros. Existen ciertas personas cuyo comportamiento es molesto a más no poder y, en suma, persiguen el conflicto como si de una adicción se tratara. Tan sólo se sienten satisfechos con ellos mismos cuando hieren a los demás, pues rebajar el estado emocional del prójimo les otorga una sensación de placer tremendamente reconfortante. Cabe la posibilidad de que este tipo de individuo sufra algún trastorno de la personalidad, como el narcisismo, la psicopatía o la sociopatía. Sabiendo esto, ¿cuáles son las opciones que tenemos para que no nos arrastren a su vorágine de malestar?

No cabe la menor duda de que, siempre y cuando sea posible, la mejor alternativa es decir adiós de forma indefinida. De acuerdo, la tolerancia es un valor indispensable en de las relaciones humanas, y debemos interiorizar que cada cual tiene ciertas peculiaridades que no encajan con nuestro modus vivendi ideal. Las discrepancias son inherentes a nuestra especie. Por ende, ponerse en los zapatos del prójimo es imprescindible para desarrollar vínculos afectivos sólidos a largo plazo. Sin embargo, como todo en la vida, la paciencia tiene sus límites: uno no ha de confundir tolerancia con pasividad, paciencia con quietud, generosidad con candidez… A veces, toca poner los puntos sobre las íes.

el metodo de la piedra gris

Cuando uno lleva soportando de forma constante, reiterada e incesante los berrinches de su cónyuge, las súplicas de su hijo, las quejas de sus amigos o los insultos de sus padres, es momento de hacerse valer como persona con derecho a la dignidad. Es por esto por lo que alejarse de ciertas personas temporal o permanentemente no debe ser calificado ino actu como un gesto de deshonra, apatía y falsedad. Más bien, un buen amigo es el que se preocupa por el mantenimiento de los tres elementos de una interacción social: yo, tú y nosotros. Si uno de ellos falla, la interacción social está abocada al fracaso. Que y yo estemos bien no significa que nosotros lo estemos; que nosotros estemos bien no implica que y yo lo estemos; que yo y nosotros estemos bien tampoco asegura que tú lo estés.

Decir basta no es únicamente un clamor por oxigenar la propia salud mental, sino también la salud mental ajena. La decisión de romper una amistad, contrato o relación con alguien no ha de tomarse a la ligera, sino desde la convicción de que es lo mejor tanto para el uno como para el otro. Créanme: el mundo iría mucho mejor si las personas dejasen de contar los años que llevan juntas y empezaran a hacer que los años cuenten. Y es que el simple hecho de conocer a una persona desde hace mucho tiempo no es (o no debería ser) una excusa irrefutable para mantener el contacto sin importar lo que suceda. Con el paso del tiempo, puede que la decisión les beneficie enormemente también a ellos, al haber tenido la oportunidad de reflexionar, meditar y rectificar sus acciones pasadas.

Pero la vida no es tan simple… ¿Cuál es el problema con las personas tóxicas?

Pues que no siempre es posible desaparecer de su vida sin más. Como dice Ludwig Von Mises, no debe entenderse el mundo desde el punto de vista del atomismo social, es decir, el ser humano es influenciable e influyente con respecto al resto de individuos que forman la sociedad de forma constante. El factor que ha hecho evolucionar al homo sapiens – hasta el punto de colocarse en lo alto de la cadena alimentaria – es la cooperación. Sería francamente difícil progresar en una red autónoma donde cada agente operase por cuenta propia sin colaborar, comunicarse ni ayudarse en absoluto.



Me remito a ejemplos de la vida cotidiana donde alejarse no es tan fácil:

Un hijo que ha de vivir con sus padres hasta que alcance cierta autonomía.

Un alumno que está a la merced de su profesor para aprobar una asignatura.

Un empleado que tiene que soportar a su jefe para mantener su puesto de trabajo.

Un cónyuge que depende económicamente del otro para dar de comer a sus hijos.

Los primeros necesitan, al menos de forma temporal, la presencia de los segundos en pos de mantener ciertas condiciones de bienestar. Y, aunque puedan hacer oídos sordos hasta cierto punto, nadie les quita que soportales sea un imperativo en el corto, medio o largo plazo. Así pues, quiero presentar un método cuya eficacia a la hora de lidiar con personas agresivas, resentidas y manipuladoras es impecable: la piedra gris. El término fue creado por la psicóloga Skylar en el año 2013 como remedio contra los psicópatas, aunque más tarde se demostró que la aplicabilidad del método iba mucho más allá del trastorno de la personalidad antisocial. Sin embargo, descubrirás más tarde que su modus operandi fue, en realidad, confeccionado por dos filósofos estoicos: Séneca y Epicteto. 

El objetivo del método de la piedra gris es bastante descriptivo: alentar a personas con un lenguaje peyorativo, sarcástico, inadecuado y obtuso a cambiar su manera de comportarse con nosotros mediante la sobriedad. Piensa en una roca: por mucho que alguien opte por gritarla, humillarla o desprestigiarla, su reacción va a ser siempre la misma: indiferencia absoluta. Parece de cajón, pero muchas veces olvidamos que los narcisistas, psicópatas y sociópatas descargan sus emociones contra los demás – y no contra un libro, una taza o un balón de fútbol – precisamente porque somos seres animados y, por lo tanto, ofrecemos una respuesta sensorial ante los estímulos externos de nuestro entorno.

metodo piedra gris

Pongamos el ejemplo de una pareja que prepara la cena tras haber llegado agotados a casa. Cuando el tráfico circula más lento de lo habitual, el marido tiende a quejarse sin reparo de la mala suerte que tiene en carretera. Normalmente, la mujer entra al trapo para calmar a su marido reafirmando sus testimonios y dándole la razón en todo, llegando incluso a quejarse por otros asuntos que nada tienen que ver con los atascos. Sin embargo, la chica se estaba dando cuenta de que las quejas de su cónyuge eran cada vez peores y, además, retroalimentaban su malestar con el mundo. “¿Habrá alguna manera de que este hombre abandone su espiral viciosa de reproches?” – se preguntó con inquietud.

Tras estudiarlo a fondo, aplicó lo que en psicología se denomina principio de extinción, el cual establece que, si una persona cambia una respuesta previamente reforzada por otra carente de refuerzo ante un comportamiento particular de un sujeto, el último será menos proclive a repetirlo en una situación similar. Puesto en palabras más simples, la mujer usó implícitamente el método de la PG: mientras su marido se victimizaba con un discurso derrotista, ella se limitaba a mantener su foco de atención en cocinar y, de vez en cuando, soltar un monosílabo del estilo “ah”, “ya” o “sí” con un aplastante tono de desinterés. En definitiva: redujo drásticamente la carga sentimental de su reacción.

Lo que estaba haciendo la mujer era dejar de prestar atención a sus quejas superfluas para que el hombre no encontrara atractivo alguno en lamentarse por hechos intrascendentes.



He aquí la razón por la cual el método de la piedra gris es sumamente efectivo en términos psicológicos: se elimina el refuerzo positivo – en este caso, el alivio o confort que siente el marido después de expresar su descontento – para desincentivar un comportamiento específico – desahogarse por el tráfico -. Y vaya si funcionó: al cabo de unas semanas, el hombre aprendió a canalizar su ira mediante el ejercicio físico y la meditación.

Así pues, ¿Qué ocurriría si reaccionáramos así: como un objeto inerte, neutro, inmóvil?

Pues, según Skylar, que las personas desequilibradas perderían interés en nosotros. Cito textualmente una de sus frases: “cuando el contacto con una persona es consistentemente insatisfactorio para el psicópata al carecer de reacciones emocionales intensas, su mente es reprogramada para esperar aburrimiento en lugar de drama.”. En efecto, así como los narcisistas son adictos a la mercancía emocional en forma de validación, aprobación y adulación, los psicópatas son adictos al drama y al poder. Lo irónico es que, en última instancia, somos nosotros quienes les concedemos su fuente de poder reaccionando como ellos quieren que reaccionemos; les damos justo lo que buscan de nosotros.

En este sentido, el Manual de Vida de Epicteto recoge una enseñanza magistral en uno de sus capítulos, cuyo título es “nadie puede hacerte daño”. Dice así: “la gente no tiene la facultad de hacerte daño. Incluso si te denigran, te golpean o te insultan, la decisión de considerar si lo que está ocurriendo es insultante o no es tuya”. Desde el mismo instante en el que un tercero expresa ira, disgusto o desprecio contra ti, hay dos opciones encima de la mesa que puedes escoger: aceptarla o rechazarla. Y ambas dependen de ti. Si desestimas por completo su anhelo enfermizo por buscar conflicto, si te rehúsas a que sus juicios aflictivos te afecten, los únicos que sufrirán son ellos.

el método de la piedra gris

El filósofo griego prosigue de la siguiente manera: “Creemos que la gente nos irrita, pero no es la gente en sí, sino la atención, interpretación y respuesta que le damos a los demás. Por consiguiente, cuando parezca que alguien te está provocando, recuerda que lo único que te provoca es tu propio juicio del incidente. Así pues, no permitas que tus emociones se enciendan ante meras apariencias. Toma distancia de la situación a fin de tener una perspectiva más amplia. Intenta no limitarte a reaccionar al instante. Sosiégate”.

Se me ocurren varias formas de aplicar este principio estoico en la actualidad:

¿Cómo reaccionaría tu madre si no saltaras ante sus acusaciones sin fundamento?

¿Cómo respondería tu amiga si no dieras importancia a sus críticas destructivas?

¿Cómo contestaría tu hermano si no entraras a discutir con él cuando te pincha?

¿Cómo actuaría tu maestro si no reprocharas cada vez que la toma contigo?

Lo más probable es que, tarde o temprano, esas personas se acaben cansando de arrojar dardos de porcelana contra paredes de cemento. Necesitarán a otra víctima distinta.

Rescato este párrafo de Séneca: “si alguien te falta el respeto o habla mal de ti, recuerda que él o ella lo hace teniendo la impresión de que es lo correcto. Es poco realista esperar que esa persona te vea como tú te ves. Quienes sacan conclusiones que se fundamentan en falsas impresiones son, irónicamente, los que resultan más heridos. ¿De verdad crees que su conocimiento holístico acerca de ti es superior al tuyo?”. Piénsalo detenidamente, porque tiene mucho sentido: cuando alguien interpreta una proposición verdadera como si fuera falsa, la proposición en sí – el juicio, la crítica – no resulta herida, sino más bien es la persona que sostiene el punto de vista equivocado la que sale defraudada.



Una vez hayas comprendido esto con toda claridad, será mucho más difícil que te sientas insultado por los demás, aunque te injurien. En tal caso, uno se recordará a sí mismo: “a esta persona le parece esto, pero no es más que su vaga impresión”. Ahora bien, no todo son elogios en cuanto al método de la piedra gris se refiere. La psicología moderna ha demostrado que, dependiendo de la personalidad de quienes emiten los juicios de valor ofensivos, se puede malinterpretar la sobriedad como debilidad. En otras palabras, actuar como si no nos importara en absoluto lo que nos dijeran podría jugar en nuestra contra.

El principio de extinción, que es una de las múltiples estrategias dentro del método de la PG, no ha de confundirse con una dejadez congénita, un encogimiento de hombros, ni mucho menos el consentimiento de actitudes violentas que, si no son erradicadas de inmediato, podrían desencadenar una ola de acoso sin precedentes. Bien es cierto que, la mayoría de las veces, la mercancía emocional procede de la magnitud de nuestra reacción, esto es, de la intensidad de nuestra respuesta. Y esto es fantástico, ya que somos nosotros los que ganamos el control de la situación. No obstante, existen otros componentes que contribuyen significativamente a la continuidad de dichas actitudes perjudiciales:

Puede ser que el psicópata obtenga el suministro emocional cuando bajas la mirada.

Puede ser que el narcisista obtenga el suministro emocional cuando alargas el silencio.

Puede ser que el paranoico obtenga el suministro emocional cuando ve que la forma en la que hablas con otras personas es distinta a la forma en la que hablas con él.

método piedra gris

Esto no quiere decir que el método de la piedra gris carezca de validez, sino que necesita un complemento esencial: la intervención indirecta. Aparte de reaccionar de la manera más inanimada y tediosa posible para que el agresor en cuestión pierda interés en iniciar el contacto social con nosotros, debemos tomar ciertas acciones a sus espaldas en aras de protegernos en situaciones en las que el poder de negociación es asimétrico. Intervención indirecta implica comportarse como lo haría un portero que intenta perder tiempo en los últimos minutos de un partido de fútbol: no contestes a tus adversarios, no te metas con ningún jugador; tan sólo, tómatelo con mucha “calma” cada vez que tengas que sacar de puerta o atrapar el balón. He aquí algunos ejemplos de intervención indirecta:

– Mantén la fortaleza cuando tu compañero te insulte, pero avisa a padres y profesores de que hay personas que no paran de entrometerse en tus asuntos.

– Mantén la templanza cuando tu jefe te grite, pero di “no” con contundencia si te ordena más trabajo del estrictamente necesario abusando de tu horario laboral.

– Mantén la compostura cuando tu padre te regañe, pero invierte cada vez más tiempo en tus proyectos vitales y desarrolla una vida lo más independiente posible para que ya no tenga tantas oportunidades de hacerlo.

El mensaje está claro: no les des el privilegio de sentir que influyen sobre ti, pero tampoco te quedes de brazos cruzados en situaciones donde existe un abuso de poder por su parte.

Una estrategia alternativa que podría utilizar la mujer ante tal situación es el principio de la realidad dominante, que consiste en que la persona con los pensamientos, emociones y comportamientos más consistentes acabará imponiéndoselos al otro interlocutor. En vez de ignorar completamente los sentimientos de su pareja, la mujer podría aunar la fuerza de voluntad suficiente para escucharle sin dejar que su negatividad le induzca a quejarse. De este modo, la intención ya no es eliminar el refuerzo positivo como con el principio de extinción, sino sustituirlo por otro más atractivo. En este caso, el placer de lamentarse podría ser reemplazado por el placer de una actitud optimista o humorística.

El método de la piedra gris. 1

Séneca lo describe de la siguiente manera: “contribuir a dar rienda suelta a obstinados sentimientos negativos no constituye una demostración de amabilidad o amistad para con las personas por quienes nos interesamos. Seremos de mucha más utilidad, tanto para los demás como para nosotros mismos, si permanecemos al margen y evitamos las reacciones melodramáticas. Con todo, si te encuentras conversando con alguien que está deprimido, lastimado o frustrado, muestra amabilidad y escúchale con compasión, pero no permitas que termine por desanimarte a ti también. Contrariamente al pensamiento popular, reflejar lástima no es una ayuda, sino el peor de los castigos”. 

El filósofo cordobés prosigue con una obra maestra: “el que te ofende es más débil o más fuerte que tú. Si es más débil; perdónalo; si es más fuerte, perdónate. Para que el hombre no se sienta ofendido ni agredido, éste ha de permanecer imperturbable e imparcial hacia todo ataque que pueda sobrevenirle”. Recuerda: las cosas sobre las que tenemos poder están naturalmente a nuestra disposición, libres de toda restricción o impedimento; pero las que nuestro poder no alcanza son debilidades, dependencias, o vienen determinadas por el capricho y las acciones de los demás. Si pensamos que podemos llevar las riendas de aquello que escapa a nuestro control, o si pretendemos adoptar los asuntos de otros como propios, nuestros esfuerzos se verán desbaratados. Nos convertiremos en personas frustradas y ansiosas con un mundo que no han sido capaces de comprender.

El objetivo final es que la persona tóxica nos perciba como una televisión estropeada: por mucho que le cambies las pilas al mando, la desenchufes o la golpees enrabietado, no se encenderá. Es hora de aplicar el método de la piedra gris para dejar de ser el conejillo de indias de gente egoísta que sólo sirve a sus propios intereses y el chivo expiatorio de una persona que se cree que puede descargar toda su frustración vital contra ti. No esperes ni un minuto más: corta la mercancía emocional. Ah, se me olvidaba: una vez que empieces, ya no hay vuelta atrás. A partir de este momento, sus ojos verán a una persona indiferente, sobria, y más importante aún, poco interesante. Es entonces cuando, por fin, entenderán tus intenciones: “avanza, amigo. No hay nada que ver aquí. Vete a molestar a otro”.

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