Conquista tu intelecto: la alegoría del carro alado (Platón).

¿Qué es el hombre? ¿Qué clase de ser humano debería ser? ¿Qué significa llevar una buena vida? ¿Cuál es la mejor forma de vivir, si es que existe alguna en particular? ¿acaso he de perseguir la excelencia con todo mi ser o, por el contrario, aprovechar cada instante como si del último se tratara dada la fugacidad de mi existencia? En el primer supuesto, ¿Cómo sé a qué debería aspirar y qué objetivos establecer para constituir dicho fin? En el caso de que este tipo de cuestiones hayan divagado por el mar de tus pensamientos, has de saber que no serías (ni tampoco habrías sido o alcanzarías a ser) el único ente consciente al que le sucede. La bella ironía es que, a pesar de que estas preguntas se han formulado durante miles de años, muy pocos hombres se han enfrentado a ellas con la elocuencia suficiente como para proporcionar una visión aguda, concisa y holística. A estas alturas, no debería de extrañarte que, en efecto, la cultura helenística sea un claro ejemplo en consideración a las respuestas que nos ofrecieron sus eminentes autores, y más relevante aún, las dudas que dejaron encima de la mesa. El sendero que hoy recorreré junto a ti, si es que tengo el maravilloso privilegio de contar con tu compañía, nos sumirá en un acto de introspección sin precedentes que nos dotará de los recursos necesarios para afrontar las vicisitudes que en un incierto futuro acaezcan. Sin más preámbulos, comenzamos…

La alegoría del carro alado.

Antes de empezar con el discurso, es menester esclarecer el importante papel que jugaba el alma en la Antigua Grecia. El término castellano alma proviene del latín anima, el cual deriva a su vez del griego ánemos, que significa viento. Al igual que en diversas culturas primitivas, los griegos entendían el alma como el principio esencial de todo ser viviente.

Este hálito, soplo o principio vital se encuentra en todos los seres vivos (incluidos también los animales y las plantas) y desaparece cuando el cuerpo muere. La concepción del alma– de naturaleza inmaterial e inmortal – como algo distinto del cuerpo – un medio material que perecerá tarde o temprano – comenzó a ganar aceptación a raíz del orfismo y, sobre todo, mediante uno de los pensadores más trascendentes de la historia y protagonista del artículo que nos ataña: Platón. Así pues, el componente divino controla todo lo natural, y el alma humana participa de esa misma divinidad, porque habitaba y se nutría en los cielos. No obstante, una vez que ésta pierde sus alas y cae a la Tierra, queda presa en el cuerpo humano hasta que, tras presenciar la muerte, hace regreso a su debido paraje. Mientras tanto, el sapiens deberá hacer frente al dolor, la amargura y la finitud de la vida. Platón compartió a través de Sócrates la afamada alegoría del carro alado para explicar la naturaleza tripartita del alma o psique humana en el Fedro: una obra en la que el filósofo abarcó en profundidad diversas temáticas como el amor, la muerte, la belleza o la moral.

conquista tu mente

Prestad atención a los comienzos del presente mito: “enseñar cómo es el alma requeriría toda una larga y divina explicación, pero decir a qué se parece es ya asunto humano y, por supuesto, más breve. Podríamos entonces decir que se parece a una fuerza que lleva y mantiene unidos a una yunta alada (o dos caballos) y a su auriga (o cochero) como si juntos hubieran nacido. Pues bien, los corceles y los cocheros pertenecientes a los dioses son todos ellos buenos, y buena también su casta; en cambio, la de los otros es mezclada. Por lo que a nosotros se refiere, la coyuntura es parecida: un conductor guía en su carro a una dupla de caballos cuyos instintos, deseos e intereses son radicalmente opuestos, de suerte que su manejo resulta especialmente difícil”. Ahora bien, ¿en qué se diferencian exactamente estos dos animales? Pues el autor los describe de la siguiente manera:

– Por un lado, el primer caballo es de piel oscura, ojos grises, orejas peludas, oídos sordos y tez color sangre. Representa la insolencia, el orgullo y la desobediencia ante las órdenes del auriga. En definitiva, el caballo negro es rebelde, malvado, impaciente y caprichoso.

– Por otro lado, el segundo caballo es de piel blanca, ojos oscuros, orejas limpias y postura firme. Representa la nobleza, el honor y la modestia, y ni siquiera hace falta que lo toquen con el látigo para obedecer. A grandes rasgos, el caballo blanco es tranquilo y paciente.

– Por último y, desde luego, no menos importante, se encuentra en el asiento del conductor el auriga: la persona que se encarga de controlar a estos corceles tan dispares, guiarlos en el camino y sincronizarlos para impulsar el vehículo con eficiencia y majestuosidad. Con todo lo mencionado, el objetivo del cochero es partir desde el mundo sensible (aquel que se puede percibir mediante los sentidos y cuya dinámica es temporal, espacial, cambiante y corruptible) hacia el mundo inteligible (aquel que se alcanza mediante la razón al estar compuesto de ideas o formas atemporales, inmutables, eternas e incorruptibles). Por ende, el destino del auriga es recorrer la cresta del cielo, donde podrá contemplar la verdadera esencia de las cosas: belleza, justicia, unidad, multiplicidad, ser, no-ser, conocimiento, verdad, sabiduría o, por encima del resto de ideas, el bien: “El poder natural del ala es levantar lo pesado llevándolo hacia arriba, hacia donde mora el linaje de los dioses. En cierta manera, de todo lo que tiene que ver con el cuerpo, el alma es lo que más unido se encuentra a lo divino. Y lo divino es bello, sabio, verdadero, bueno y otras cosas por el estilo. De esto se alimenta y con esto crece, sobre todo, el plumaje del alma; pero con lo torpe y lo malo y todo lo que le es contrario, se consume y se acaba”. Aclaro: mi cometido no es desarrollar la ontología platónica de pies a cabeza, más que nada porque la moraleja que quiero transmitir con esta reflexión se reduce única y exclusivamente al plano ético, y no al metafísico o espiritual, tal y como pretendía el pensador al explicar la teoría de la reminiscencia -. En su lugar, colocaré el foco en cómo los modelos conductuales de la presente alegoría pueden ser un detrimento o un aliciente en pos del progreso psíquico.

Conquista tu intelecto: la alegoría del carro alado (Platón). 1

En efecto, la senda que nos depara no es en absoluto sencilla, puesto que no todo cochero es buen viajero. Voy a concederte una pequeña pista: ¿piensas que un auriga cuyo caballo negro está domesticado marchará con la misma elegancia que aquel cuyo dominio sobre éste no es más que un evento puntual? Sabemos que el corcel blanco simboliza la calma, el honor y el bien y, por el contrario, el negro refleja la neurosis, el deseo y el mal. ¿Pero cómo se traducen estos arquetipos en la vida real? Para ilustrar dicho punto, el pensador diseccionó el alma humana en tres partes: concupiscible, irascible y racional. Me gustaría que prestaras atención a este fragmento extraído de su obra La República: «El alma de cada uno, al igual que la ciudad, se fragmenta en tres partes. Hay una parte, decíamos, con la que el hombre conoce; otra, con la que se encoleriza, y una tercera a la que, por su variedad, no fue posible encontrar un nombre adecuado; esta última, en atención a lo más relevante y fuerte que había en ella, la denominamos concupiscible. Así pues, esta alma responde a la abrupta violencia de sus deseos, tanto al entregarse a la comida y la bebida como a rendir pleitesía a los placeres eróticos y, de ahí, a todos los demás que de estos se siguen; asimismo, la considerábamos amante de las riquezas y las ganancias por satisfacerse con ella tales viciosos e insanos deseos de manera más especial. En cuanto a la parte irascible, ¿no decimos que arrastra siempre y enteramente a la dominación, a la victoria, a la valentía, al honor y al anhelo de gloria? En tal caso, convendría que nos refiriéramos a este segundo componente del alma como amiga de disputas y honores. Y, por último, a la facultad de conocer por completo la verdad, dondequiera que ésta resida, así como de ignorar las riquezas o la reputación, se la conoce como parte racional. Con todo, a ésta habrá que llamarla con toda justicia amante de la ciencia y del saber. Una vez aclarada esta cuestión, ¿no es verdad que unas veces manda el alma de los hombres la parte racional y, otras tantas, la irascible y la concupiscible? Es evidente. De ahí que, para nosotros, los caracteres principales sean tres: el filosófico, el ambicioso y el avaro”.



En relación con la alegoría del carro alado, la parte concupiscible queda representada por el caballo negro; la irascible, por el caballo blanco; y, la racional, por el auriga. ¿Entiendes ahora por qué el camino es tan sumamente demandante? Mientras que el caballo negro (o el alma concupiscible) se decanta por su anhelo de gratificación inmediata en sus plurales manifestaciones (gula, lujuria, codicia, etc.), el caballo blanco (o el alma irascible) dirige su deseo hacia la gratificación mediata (poder, honor, dignidad, valor, etc.). Entre tanto, la tarea del conductor es usar su intelecto para discernir entre ambos impulsos pasionales:

– Si son meras apetencias, caprichos, ansias o deseos a corto plazo, ha de controlarlas.

– Si son sueños, aspiraciones, voluntades o deseos a largo plazo, ha de aprovecharlos.

En términos modernos, los caballos representarían la emoción (cuyas pulsiones son tanto favorables como perniciosas) y el cochero representa la razón (que se inclina siempre por la verdad, la sabiduría, la belleza, el bien, etc.). Volvamos por un momento al Fedro: “los carros de los dioses avanzan fácilmente con el suave balanceo de sus firmes riendas, pero al resto les cuesta trabajo. Esto se debe a que el caballo oscuro, entreverado de maldad, gravita y tira hacia la Tierra, forzando al auriga que no lo haya domesticado con esmero. Allí se encuentra el alma con su complicada y fatigosa prueba, pues las que se llaman inmortales se alzan sobre la espalda del cielo cuando alcanzan la cima; al alzarse, se las lleva el movimiento circular en su órbita y contemplan lo que hay al otro lado”. De forma similar a la metáfora del jinete y el caballo de Sigmund Freud, uno ha de saber cómo hay que canalizar las emociones (esto es, domar al corcel) para que no nos lleven por obtusos derroteros repletos de nimiedad intelectual, miseria psicológica y desadaptación social.

Conquista tu intelecto: la alegoría del carro alado (Platón). 2

El papel de la sabiduría.

Me gustaría recalcar de nuevo que el objetivo fundamental del pensador griego era ofrecer una explicación a nivel existencial (i.e., metafísico) del alma, desgranando así su origen, trayectoria y hado; transcurridos varios siglos desde su elaboración, hoy sabemos que la teoría de reminiscencia y la existencia del anima son más que cuestionables, por no decir conjeturas ya obsoletas que pierden peso conforme la biología y la neurociencia cognitiva nos revelan más información; y es que, tras la revolución científica, el paradigma dualista cuerpo-alma ha ido en decadencia en sustitución por el enfoque monista, especialmente el de la vertiente materialista. Eso sí, guarda tus acusaciones en la sección de comentarios, ya que mi opinión completa acerca del tema no la voy a revelar hasta dentro de un tiempo. Lejos de crear una guerra innecesaria contra tus ideales, los cuales genuinamente respeto, me centraré en analizar los arquetipos almáticos que Platón esbozó en su alegoría y su tan estrecha relación con el comportamiento del ser humano. Y es que, sin darse cuenta, sus aportaciones dejarían para la posteridad una huella trascendental (nunca mejor dicho) en la psicología moderna, especialmente en la rama cognitivo-conductual. Por el momento, creo estar en lo correcto cuando afirmo que la mayoría de nosotros tenemos una premisa en común de vital relevancia: “si uno no sujeta sus riendas con firmeza, el caballo negro no traerá más que problemas”. Habida cuenta, ¿acaso puede uno someterlo a su merced para que los placeres terrenales y el goce efímero no nos consuman en el tormento vital? En tal caso, ¿qué mecánica habría de seguir el cochero (o auriga) para que obedezca sus instrucciones? En su obra Protágoras – uno de los diálogos de Platón con su maestro Sócrates -, el placer se anuncia como un bien en tanto en cuanto éste haya sido alcanzado mediante el intelecto. Como bien expuse en el artículo del epicureísmo, dejarse arrastrar sin límite alguno por literalmente cualquier antojo carnal, material o estomacal en interés de buscar satisfacción a corto plazo es la receta perfecta para la generación de sufrimiento en el futuro. Si el placer no está secundado por un certero y prudente cálculo hedónico, esto es, un descuento de los posibles flujos de bienestar-malestar en la línea del tiempo, nuestra praxis podría verse malversada por la ignorancia. 

Conquista tu intelecto: la alegoría del carro alado (Platón). 3

Con todo, ¿implica esto que la estrategia óptima consista en desechar al caballo negro? Pues no necesariamente. Recordemos que, a fin de cuentas, ambos corceles han de seguir tirando del carro hasta que éste llegue a su destino. Un caballo oscuro ofuscado, castigado y reprimido en exceso por el auriga es capaz de sublevarse en cualquier momento contra la dirección que éste haya determinado para con el carruaje. Lamentablemente, mientras el hombre continúe siendo eso, hombre, la voz de su parte concupiscible no desaparecerá. Según el pensador, uno ha de tomar en consideración el papel del cuerpo dentro del todo. A la postre, la meta se sitúa no en rechazar por entero sus anhelos, sino en ofrecer límites de forma clara y contundente a los apetitos siempre crecientes, los cuales suponen un gran obstáculo para la culminación de las actividades intelectuales si no se miran con lupa. En el Fedón, Platón describe un escenario donde el individuo sucumbe ante la irracionalidad de los deseos mundanos, cayendo en la denominada moral de esclavo: “el que de verdad quiera ser feliz ha de perseguir y ejercitar la moderación, así como huir de la indisciplina lo más rápido que uno pueda, de modo que la justicia y orden se manifiesten para el que se proponga ser dichoso. Así debe obrar, sin dejar que los apetitos queden libres de rigor y que, por intentar colmarlos, mal inacabable, se lleve la vida de bandido”.

Hemos de tener en cuenta que el pensador abogaba por una doctrina que se conoce como intelectualismo socrático o moral, la cual consiste en identificar la virtud por medio del conocimiento. En otras palabras, quien hace el mal es porque ignora (y viceversa, quien ignora, hace el mal); sin embargo, quien realmente conoce el bien, lo abraza y practica, razón por la cual, según Sócrates, bastaba el conocimiento de lo justo (la autognosis) para obrar de manera virtuosa. De ahí que su discípulo, Platón, pronunciara la mítica frase: “si el problema es la ignorancia, la enseñanza debería sustituir al castigo, y la escuela, a la cárcel”. En consecuencia, dado que las malas acciones no serían más que producto del desconocimiento (esto es, son involuntarias), la única solución a la moral de esclavo es… La sabiduría: un tipo muy especial de conocimiento alejado del científico o del que posee el erudito; consiste en la capacidad de tornar lo desmedido en medida perfecta, el enfado en serenidad, el temor en confianza o la tristeza en aprendizaje. Quizás la semejanza más cercana con respecto a la psicología la encontremos en el término inteligencia emocional (tanto en su faceta intrapersonal como interpersonal), aunque no siempre coinciden.

conquista intelecto

En efecto, basta ser sabio para obrar bien: el sabio conoce el bien, lo desea siempre y obra en consecuencia, por mucho que dicho accionar le exija diversas renuncias y sacrificios. Este concepto de bien guarda bastantes similitudes con respecto al que Kant sostiene. Un detalle muy importante es que Platón no niega que un deseo irracional pueda prevalecer sobre nuestras acciones; más bien, él defiende que, si la sabiduría hace acto de presencia, dicha aparición será suficiente para elegir el bien y, de este modo, que el alma encuentre la paz. Sus declaraciones de Protágoras seguirían vigentes en La República, a saber, que cuando un sujeto sufre una notoria división entre anhelos contrarios no armonizados por la sabiduría (la única fuerza directriz apropiada a la hora de mediar un conflicto de tal calibre), su satisfacción vital brilla por su ausencia al adentrarse en la moral del esclavo. Sin lugar a dudas, este último punto se halla en concordancia con la teoría de la disonancia cognitiva de Leon Festinger, que hace referencia a una tensión o desarmonía interna entre el sistema de ideas, creencias y emociones. Una persona que tiene dos pensamientos que entran en conflicto, dos deseos que chocan radicalmente o un comportamiento que entra en conflicto con una creencia percibirá el presente fenómeno con una alta probabilidad. En definitiva: de acuerdo a este elenco de autores, existe la posibilidad de ser vencido por los vicios en un momento determinado, pero quien conoce la medida justa y oportuna del placer y aprende mediante la práctica a obrar bien no podrá ser nunca avasallado por él.

Funcionamiento del cerebro.

Creo conveniente ofrecer algunos descubrimientos acerca de la arquitectura cerebral que dotan de una explicación elocuente a dichos momentos donde nuestra racionalidad queda totalmente desconcertada y sacudida por emociones adversas. Puesto en palabras simples, hay ocasiones en las que las emociones arrasan a la razón, y es aquí donde entran en juego factores como el ambiente, la genética y la experiencia. Por ejemplo, la reacción común a nuestra especie cuando fallece un ser querido es el dolor, pero la manera en la que cada cultura tiene de expresar ese dolor es muy diferente. La teoría del cerebro triúnico de Paul McLean (también conocida como la teoría de los 3 cerebros) sostiene que el órgano se divide en varias regiones con sus propias lógicas de funcionamiento que desempeñan tareas específicas. Sin embargo, tanto la neurología como la biología evolutiva interpretan en la actualidad que no importan tanto las actividades concretas que realizan cada una de estas partes por su cuenta, sino cómo están interconectadas para trabajar en conjunto y a tiempo real. Dicho esto, ¿Qué función suple exactamente cada una de ellas?



– El sistema reptiliano es una parte del sistema nervioso que se limita a ejecutar códigos programados genéticamente cuando se dan las condiciones adecuadas, que consisten en comportamientos simples e instintivos que garantizan la supervivencia básica, tales como la agresividad, la dominación, la territorialidad, el miedo, etc. Como podréis apreciar, se trata de conductas predecibles que el sapiens tiene en común con animales vertebrados.

– El sistema límbico es el responsable de la aparición de las emociones asociadas a cada una de las experiencias que se viven, esto es, la evasión (hacia sensaciones desagradables como el dolor) y la atracción (hacia sensaciones agradables como el placer). Por ejemplo, si una persona va al dentista por primera vez a que le extraigan un diente a la fuerza, el nexo entre dentista y dolor se guardará en el hipocampo.

– El sistema cortical es el responsable del pensamiento avanzado, la razón, el habla, la planificación, la abstracción, la percepción y lo que en general se consideran funciones superiores. Por ejemplo, se requeriría su uso para resolver una ecuación de segundo grado o escribir una redacción acerca de las inteligencias múltiples de Howard Gardner.

Conquista tu intelecto: la alegoría del carro alado (Platón). 4

La cuestión es que uno no puede elegir libremente si, cómo y cuándo se utiliza la corteza prefrontal o el sistema límbico. Al percatarse de un estímulo externo, el cerebro activa en los primeros doscientos milisegundos tanto el cerebro reptiliano como el sistema límbico mediante una serie de neurotransmisores que dan lugar a la composición global de nuestra forma de procesar. A continuación, la corteza prefrontal se activará una vez transcurridos los ochocientos milisegundos, y aquí se abre un amplio abanico de escenarios: si el sujeto pensante aúna la capacidad para sustituir la emoción generada previamente por el cerebro reptiliano y/o límbico por otra más adecuada a la situación, logrará accionar en base a lo que desea de forma consciente; en caso contrario, si el agente no ha dado con la forma de activar la cognición para resolver el problema, la emoción en cuestión se apoderará de él para tomar decisiones. Ponte en la situación de que vas caminando tranquilamente por el metro y, de repente, se escucha un sonido estridente de lejos que parece ser una explosión. Lo primero que sentirías de forma automática es miedo, duda e inseguridad, pero tan sólo unos instantes después, la cognición dice: “no es una bomba, sino que la estación está en obras”, ocasionando un cambio de tu sensación inicial. Al pensar que es una máquina, se ha sustituido eficazmente el miedo por la tranquilidad o la curiosidad. Nótese que, cuanto más intensa sea la emoción o menos entrenado esté el sujeto para afrontarla, más poder ejercerá ésta sobre nuestra mente, puesto que la parte emocional – tanto reptiliana como límbica – es susceptible de ser asaltada para dar una respuesta veloz e impulsiva antes de que la parte racional procese si dicha acción es en realidad buena o mala para nosotros.

A saber, una persona tremendamente escéptica que encima haya pasado por un trauma relacionado con ruidos estridentes o intensos tendrá en su sistema límbico la asociación entre explosión peligro, de tal forma que su amígdala se activa con mucha más facilidad que la de cualquier otra persona para avisarle de que hay una amenaza y debe actuar de inmediato. Esta pobre criatura entraría en un ataque de pánico o, como poco, comenzaría a ponerse más nervioso de lo normal. A no ser que revierta la situación apalancándose en autoinstrucciones prediseñadas, las emociones ya habrían tomado los mandos de la nave. La mente racional y emocional de nuestro cerebro trabajan en tándem porque se requiere su participación conjunta. No obstante, una vez que la emoción ha tomado las riendas de la voluntad, el neocórtex tenderá a justificar con más facilidad lo que el sistema reptiliano y límbico ya han elegido de antemano. Véase una conocida cita perteneciente a la fábula de Esopo: “cuando la zorra ve que no consigue alcanzar las uvas, decide que ya no las quiere”. A la inversa, si la emoción no es muy vehemente o el sujeto está entrenado para manejarla, el sistema cortical transformará la antigua sensación por otra nueva; pero muy atento: no la elimina de golpe como si de un trasto viejo se tratase, sino que la reemplaza. Relacionando estos conceptos con la alegoría del carro alado de Platón, los dos corceles representarían el sistema reptiliano y límbico actuando en sincronía, mientras que el conductor personificaría a la corteza prefrontal tratando de mediar la intrincada situación. Dicho esto, ¿de qué manera podría adaptarse el intelectualismo moral, si es que realmente puede hacerlo, a los conocimientos más vanguardistas del cerebro? Platón declaró esto: “¿Qué disposición tienes con respecto al saber? ¿eres también del mismo parecer que la mayoría de los hombres o de otro? Pues la mayoría opina sobre el saber que no es fuerte ni guía rector, sino que es otra cosa la que acaba rigiendo a la persona: a veces el ánimo, el placer o el sufrimiento; otras tantas, el amor o, como es frecuente, el miedo. Considera sin más al saber como si fuera un esclavo arrastrado por todas las demás cosas. Así que, ¿tienes tú también semejante parecer sobre éste o piensas que el saber es bello y capaz de gobernar al hombre? En tal caso, una vez que éste conoce lo bueno y lo malo, no será dominado por los deseos impuros; la sensatez basta para socorrer al hombre”.



Al principio, uno podría pensar que, si un hombre es sabio, su razón decide y su emoción justifica. Pero esto no es así. Por muy heroicas e inspiradoras que suenen las declaraciones anteriores, la ciencia invierte el orden de los predicados en la máxima y, por tanto, queda así: “la razón justifica y la emoción decide, tanto para los necios como para los sabios”.  El pensamiento es un buen evaluador, no un buen gestor. La gestión tiene que producirse de emoción a emoción. El trabajo de saber lo que hay que hacer corresponde a la corteza prefrontal, mas ser capaz de hacerlo tiene que ver con la inteligencia emocional. Sin duda, el acierto de los griegos en referencia a la conexión entre los pensamientos, las emociones y las acciones es innegable: por supuesto que el hecho de ser conscientes de que un modo de vida o una conducta concreta es bueno o malo para nosotros es un factor decisivo para obrar de manera perspicaz, y también que un buen uso del pensamiento alberga un gran impacto sobre nuestros comportamientos y actitudes. Asimismo, Platón matizó con éxito que la virtud exige cierta praxis: no basta con saber, sino que es preciso ejercitarse dentro de ese saber para llegar a un punto de control sobresaliente. Sin embargo, como afirma el psicólogo Roberto Aguado Romo, no es el hecho asilado de que uno sea consciente de un peligro lo que le aleja de él, ni tampoco disponer del conocimiento de los pasos necesarios para alcanzar una meta lo que garantiza su consecución. Apalancándose en este principio, el autor explica la incidencia de diversos problemas como el sobrepeso, el alcoholismo o el exceso de velocidad: hay casos en los que el catalizador no es la ignorancia per se, sino otras múltiples causas: desde desregulación hormonal hasta un entorno muy perjudicial o la falta de un propósito estimulante. Conocer es condición necesaria, pero no suficiente.

conquista tu intelecto

La mayoría de las cualidades tanto favorables (autocontrol, motivación, disciplina, orden, responsabilidad, planificación, empatía o apertura) como desventajosas (agresividad, reclusión social o rumiación) guardan un importante componente genético que, dadas las limitaciones de la época, los autores de la Antigua Grecia no dilucidaron con precisión. Empero, soy consciente de que la interpretación correcta de la sabiduría platónica, por lo menos aquella que se desmantela en La República, no tendría por qué desestimar a priori la anterior objeción. Al fin y al cabo, conocer y saber no significan lo mismo, ya que este segundo término recoge cualidades primordiales que pertenecen no sólo a la virtud moral, sino también al espectro emocional. Ergo, a pesar de que Sócrates y Platón cambiaran el orden causal de los eventos internos, esta interpretación alternativa del concepto sabiduría recolocaría la frase anterior como procede: “la razón justifica y la emoción decide, tanto para los necios como para los sabios; lo que ocurre es que el sabio, el verdadero sabio, entiende y utiliza el lenguaje emocional”. Sí, este debate es tremendamente complicado.

Eso sí, me gustaría concluir este discurso con un inquietante apunte: ¿nadie se ha dado cuenta de que me he tirado todo el artículo hablando del caballo negro y del auriga, pero he incidido muy poco en el caballo blanco? ¿por qué no le he prestado su debida atención? Es ahora (y sólo ahora) cuando estás preparado para comprender su rol. Si hemos aclarado que la emoción decide y la razón justifica, que un intelecto armado con los pensamientos adecuados tiene el potencial (y repito, sólo el potencial) de incidir tanto en la emoción como en la conducta y, por último, que la gestión ha de producirse de emoción a emoción al reemplazarse una nueva por la original, la respuesta es clara: el secreto está en el caballo blanco. ¿Por qué? Recuerda que, al encarnar al neocórtex, el conductor tiene la capacidad de generar un juicio racional que despierte en el buen corcel un deseo que sustituya total o parcialmente las exigencias del caballo oscuro, ya sea repulsión, motivación, vergüenza, curiosidad, entusiasmo… ¿Y sabéis cómo se nombra la facultad que posibilita tal misión? Exacto: la conciencia.

conquista tu intelecto

Concibe tu conciencia como una central telefónica cuyo objetivo es organizar y priorizar las sensaciones, sentimientos, percepciones y pensamientos frente a lo que ocurre dentro y fuera del organismo. En otras palabras, la conciencia es información intencionalmente ordenada, y cada cual se encarga de definir qué información ingresa en ese sistema y qué información se queda fuera de él. ¿Y cómo elegimos qué entra y qué no entra? Mediante la atención. En palabras del profesor Mihály Csíkszentmihályi: “quien logre controlar su atención, acabará controlando su conciencia, porque la atención puede escarbar en la memoria para recuperar en ella las referencias apropiadas que nos permiten evaluar un acontecimiento externo y elegir el curso de acción óptimo ante ese acontecimiento. Esto es, tiene el poder de evitar las distracciones y concentrarse todo el tiempo que desee en perseguir los objetivos que su personalidad ha establecido”. Y sí, de este principio ya se percató el propio Platón, coronándose con su interrogante: “¿A qué caballo miras más?”. Esto es lo que yo denomino una genialidad: ¿Dónde se coloca el foco de atención? ¿a qué voz retroalimentas con más regularidad: a la de la perdición o a la del coraje? El alma tripartita unificará su marco de actuación desde el momento en el que sus tres elementos – racional, irascible y concupiscible – lleguen a un consenso; un acuerdo sano, coherente, razonable y llevadero para con la coyuntura. En este sentido, se recomienda la búsqueda la moderación como virtud a la hora de acercarnos al estado de felicidad (o eudaimonia).

¿Y qué mejor manera de interiorizar este concepto que acudiendo al principio aristotélico de aurea mediocritas o media dorada? Desde luego, esta es la continuación perfecta para este artículo, tanto a nivel lógico como histórico. Entre tanto, me despido de ti con la que, a mi parecer, es la valiosa lección que todo el mundo habría de llevarse a casa: nunca pierdas el deseo por conocer un poco más cada día. conquista tu intelecto

Puedes ver el artículo en forma de vídeo aquí:


Si te ha parecido útil o si piensas que alguien debería conocer este artículo, asegúrate de compartirlo en tus redes sociales favoritas haciendo click en cualquier red listada debajo.
Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn

¿Hablamos?

Psicología

Disponer de nociones básicas de psicología es esencial para entender a los demás seres humanos y sus motivaciones.

Filosofía

El ser humano está dotado de necesidades, por lo que la economía juega un papel relevante en su supervivencia.

Desarrollo Personal

Aprende de primera mano las lecciones más valiosas de los pensadores más reconocidos a lo largo de la historia.

¡Apoya el proyecto aquí!

Cartera de Bitcoin

1J8tdVXCNGRmhX1AXE43ELrocN3f41kd47

Cartera de Ethereum

1LuaK9b8hRf9w4a8dwgYxhStvH9rWX6g2v

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies

completa el formulario y me pondré personalmente en contacto contigo