Claves del liderazgo empresarial y transformacional

Dice John Maxwell: “un buen líder es aquella persona que acepta más culpa de la que tiene y menos crédito del que le corresponde”. ¿Cuál es el significado de esta frase? Veréis, el problema de la sociedad contemporánea es que una gran mayoría de personas ha optado por evadir cualquier clase de responsabilidad y, al mismo tiempo, atribuirse galardones que no corresponden con sus acciones y logros. Irónico, ¿cierto? Hoy hablaremos de uno de los componentes fundamentales para llegar a la mejor versión de nosotros mismos: el liderazgo.

Al igual que un músculo, el liderazgo es una actitud que debe ser adquirida, entrenada y mantenida a lo largo del tiempo. Es cierto que algunas personas presentan más facilidad o tendencia hacia este perfil, pero eso no significa que el resto no pueda – o deba – hacer todo lo posible para, en su justa medida, sacar el líder que llevan dentro. No obstante, ¿a qué me refiero exactamente cuando hablo de este concepto?

¿Qué es el Liderazgo?

El liderazgo se define como el conjunto de habilidades directivas y gerenciales que un individuo tiene para influir en la forma de ser o actuar de una o más personas con objeto de que éstas trabajen con ilusión hacia el logro de sus metas y objetivos. En otras palabras, no sólo estamos hablando de la capacidad para delegar, gestionar y evaluar a las personas, sino de promover, incentivar y motivar de forma eficaz y eficiente.

Quiero recalcar, ya que es de suma importancia, que se trata de una actitud. No es necesario que desempeñes el papel de Nelson Mandela, Jack Ma o Sidharta Gautama para ser un líder. La definición anterior abarca muchos más espectros aparte del político, económico y social. A fin de cuentas, muchos de vosotros sois – o seréis – padres, profesores, emprendedores, coordinadores e incluso una referencia para vuestro círculo más cercano. ¡Aquí nadie queda exento de tomar el mando!

Si algo tienen en común todos esos superhéroes en forma de padres, amigos, tutores, mentores o diversos roles de influencia es que son líderes por naturaleza. Llegados a este punto, me veo en la obligación de aclarar un concepto clave que evitará confusiones y malentendidos en un futuro: la diferencia entre jefe y líder.

liderazgo que es

Observad esta famosa viñeta que denota la presente dicotomía entre los dos términos descritos hace un momento: como podéis apreciar, dos grupos de personas que denominaremos como Equipo A y Equipo B tienen la misión de transportar un baúl lleno de mercancías a la cima de una escarpada montaña.

Para ello, ambos grupos decidieron en la ladera que sería conveniente designar a una persona que se encargara de supervisarles para agilizar el proceso de la escalada. Sin embargo, cada una de las figuras autoritarias adoptó un planteamiento totalmente distinto a la hora de dirigir a su grupo: mientras el cabeza del Equipo A se situó al frente tirando de la cuerda que estaba atada al pesado carro como si fuera un miembro más, el cabeza del Equipo B se limitó a sentarse encima para dar instrucciones a sus esbirros acerca de cómo deberían tirar de él.

Supongamos que las dos figuras autoritarias correspondientes poseen exactamente los mismos conocimientos técnicos para llegar a lo más alto. Piensa por un momento, ¿te parece igual de honorable el método del Equipo A que el método del Equipo B? Y más importante aún: si pudieras elegir, ¿a qué equipo pertenecerías? Yo lo tengo clarísimo: la probabilidad de éxito del Equipo A es infinitamente superior a la del Equipo B. B tiene un jefe; A tiene un líder.



Aunque en la vida real hay muchos otros factores que influirían en la decisión, como la experiencia profesional, el área de conocimiento o la tarea a realizar, creo que hablo por casi todos cuando digo que, en el ejemplo propuesto, elegiríamos pertenecer al primer grupo de escaladores. Liderar no es una posición, autoridad o cargo superior. Ambos conceptos – liderazgo y autoridad –están relacionados, pero no son iguales. Mientras un jefe demanda obediencia ciega mediante la imposición del miedo con amenazas, descalificaciones y humillaciones, un líder se gana su autoridad a través del conocimiento, el respeto, la cercanía y la confianza.

Lo peor de todo es que algunos jefes se justifican diciendo que la única manera de que la gente trabaje a máximo rendimiento es mediante una imposición férrea que les haga espabilar de inmediato. Y si bien es verdad que, dependiendo del caso, cierto grado de dureza, carácter y disciplina sí tiene utilidad, es una auténtica necedad pensar que la optimización del retorno en la producción tanto individual como global se consigue tras apretar, abusar, soslayar, exprimir y machacar a tu equipo sin ningún límite.

No es raro dar con jefes gritando a sus empleados por haber cometido un error de lo más común, directores imponiendo unas exigencias astronómicamente surrealistas sobre unos trabajadores totalmente aterrorizados por sentirse incapaces de cumplir dichos objetivos a tiempo, personas destruidas tras ver que son una pieza irrisoria dentro de un engranaje corporativo diseñado para el beneficio de unos pocos…

Avasallar el bienestar emocional del capital humano tan sólo lo deprecia a medio-largo, puesto que su productividad, rendimiento y compromiso se ven abordados por un mar de cortisol que nubla su capacidad creativa, resolutoria y motivacional. No hay ningún choque entre la ética de trabajo y la eficiencia productiva: la violencia verbal es una actitud tanto despreciable como poco inteligente. Velar por el buen trato no es un detrimento para el progreso económico, sino una condición imprescindible.

liderazgo

Un líder no tiene la necesidad de imponer una dominación forzosa y opresora, pues sabe perfectamente que el poder no es lo mismo que el control. Respecto a esta dicotomía, Beth Ravis cita: “Mientras el control por parte de una persona pretende obligar a terceros a su favor para creerse más fuerte, el poder está asociado a la capacidad de dar fuerza a los demás para hacerse más fuerte de verdad”.

Las personas realmente poderosas no centran sus esfuerzos en impresionar a un individuo o grupo concreto, ni tampoco en manipular, chantajear o embaucar con estratagemas de mala fe. Esas personas ya saben que son poderosas y por qué lo son, motivo por el cual no tienen la más mínima necesidad de demostrártelo con discursos vacuos ni técnicas violentas. Simplemente, su propia aura de liderazgo hace que las personas de su alrededor se sientan atraídas magnéticamente hacia ellas.

El jefe utiliza a la gente; el líder mejora a las personas.

El jefe ordena a la gente; el líder motiva a las personas.

El jefe impone a la gente; el líder inspira a las personas.

El jefe castiga a la gente; el líder premia a las personas.

El jefe mira por sí mismo; el líder por las personas.

Uno de los casos más emblemáticos de liderazgo es el de la figura de Zinedine Zidane. Su excelente carrera futbolística le hizo ganarse el respeto y la confianza de todos los clubes por los que fue dejando destellos de calidad y esfuerzo. No obstante, es su papel como entrenador el que quiero utilizar como ejemplo. Cualquiera que sepa un poquito de fútbol, estará de acuerdo conmigo en que hay entrenadores muchísimo mejores que él en cuanto a formación profesional y conocimientos técnicos.

El Real Madrid se encontraba a mitad de temporada con equipo que no jugaba a nada, unos números mediocres, y peor aún, un vestuario tenso, apagado y confuso. Lo cierto es que el por aquel entonces entrenador, Rafa Benítez, disponía de un palmarés envidiable, producto de una mente estratégica magistral. Sin embargo, se le escapó un componente crucial: nunca supo cómo conectar con los jugadores a un nivel emocional.



Aquí es cuando entró en juego la figura de Zidane: ¿por qué el presidente Florentino Pérez optó por darle un voto de confianza a una persona que apenas había entrenado al equipo filial justo a mitad de temporada? Fue todo un riesgo. Sí, Zidane fue una leyenda como futbolista… ¡Pero lo que el grupo necesitaba era un entrenador! ¿o quizás no? La respuesta correcta es que, en ese preciso momento, el equipo necesitaba un líder.

Puede verse la magia del ambiente en la primera toma de contacto con los jugadores, quienes respetaban de antemano la figura del francés. La toma de contacto físico envía un mensaje muy poderoso al subconsciente: “todos vosotros sois relevantes para mí y para el resto del equipo. Podéis confiar en mí: estoy aquí para dirigir, proteger y ayudar tanto en las buenas como en las malas.”. Mientras Benítez se conformaba con dar instrucciones desde un punto específico del campo, Zidane siempre sacaba un rato en los entrenamientos para participar en algunos ejercicios con los jugadores.

Él no se limitaba a ordenar desde la comodidad del banquillo, sino que se lanzaba al terreno de juego – literal y metafóricamente – para observar la realidad de primera mano. De ese modo, los jugadores se sienten acompañados, acogidos y respaldados en todo momento. Insisto: Zidane no es el mejor entrenador, pero sí es la perfecta definición de un líder. Y eso fue más que suficiente. Así es como un equipo absolutamente hundido pudo resarcirse a una velocidad récord para ganar múltiples trofeos, entre ellos 3 Copas de Europa de forma consecutiva.

Antes de líderes, hemos de procurar convertirnos en el tipo de persona a la que realmente nosotros querríamos seguir voluntariamente sin necesidad de un título, emblema o designio que respaldara su posición. En este sentido, es realmente importante asumir la responsabilidad sobre todo aquello que suceda, especialmente si lo que sucede no es una buena noticia. Este es precisamente un rasgo distintivo de un buen entrenador: ser lo suficientemente crítico consigo mismo para reconocer en rueda de prensa que una derrota o una mala racha es culpa suya, aunque no sea del todo verdad.

liderazgo concepto

Publibio Siro lo matiza: “cualquiera puede sostener el timón cuando el mar está en calma”. Para refugiarse en la cúspide de una pirámide burocrática mientras los tiempos que corren son de bonanza y prosperidad vale todo el mundo. Nelson Mandela lo expone también de otro modo: “dirigir desde la comodidad de la retaguardia y poner a otros al frente funciona, especialmente cuando las cosas van bien”

Ante tiempos de crisis, el cuento cambia por completo: un líder demuestra que lo es cuando las dificultades llaman a la puerta de su casa dando la cara por el conjunto al que dirige. Un líder vela tanto por el bien común como por el individual. Y la mejor manera de asegurarse de que el conjunto está bien es verificar previamente que todas las personas que lo forman están bien.

No olvidemos la cita de Yuval Noah Harari: “una corporación es una ficción creada por el ser humano. Cuando decimos que Peugeot ha sufrido tras la crisis, en realidad son las personas que forman parte de Peugeot las que sufren. Lo mismo pasa con una moneda o un país” ¿Entendéis ahora a lo que me refiero? A veces se nos olvida que los grupos los forman las personas.

Lao Tzu nos trae una píldora de sabiduría oriental: “para liderar a la gente, camina tras ellos”. En efecto, es imprescindible tener la suficiente compasión para escuchar las necesidades de los demás mediante un trato cercano y directo, pues es ésta la llave para lograr tanto el progreso individual como el colectivo. El verdadero liderazgo consiste en desbloquear el potencial de la gente para hacerlos mejores y, en consecuencia, hacer el grupo mejor.



Si no conoces cuáles son las fortalezas, debilidades, aspiraciones y deseos de tu equipo, ¿cómo se supone que vas a lograr dicho cometido? Que no se te olvide:

– Empatía para ponerse en el lugar de los demás.

– Asertividad para comunicar los objetivos del colectivo.

– Sacrificio para acompañar a tus miembros en la adversidad.

Pregunta a menudo:

¿Te puedo ayudar en algo?

¿Hay alguna inquietud que te preocupe?

¿Hay alguna tarea que te cueste encarar?

¿Cómo te sientes últimamente con mi trato?

¿Qué puedo hacer para que tu día sea un poco mejor?

El liderazgo no es una posición laboral, cualidad específica o estado mental. Es mucho más que eso: un modo de vida que busca el balance perfecto entre distintos comportamientos extremos.

– Un líder no debe ser inseguro ni arrogante, sino humilde.

– Un líder no debe ser justiciero ni corrupto, sino íntegro.

– Un líder no debe ser adulador ni grosero, sino amable.

– Un líder no debe ser pasivo ni agresivo, sino asertivo.

– Un líder no debe ser siervo ni señor, sino trovador.

Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser más, entonces eres un líder. Ojalá te encuentres con uno a lo largo de tu vida. Será un segundo padre o una segunda madre para ti.

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