6 secretos para aumentar tu productividad

Las mejores estrategias para ganar eficiencia y eficacia

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¿Cuántas veces te ha pasado lo siguiente? Decides ponerte con una tarea específica, te distraes a la mínima alteración de tu entorno, comienzas a comerte la cabeza calculando el enorme lapso de tiempo que va a consumirte, divagas para escapar de tus pensamientos arrolladores con el teléfono móvil, vuelves a la carga pasados cinco minutos, resoplas desesperadamente y maldices tu vida o la de aquel que te haya encomendado la actividad en cuestión.

Yo me niego rotundamente a seguir arrastrando las cadenas de cansancio y abatimiento a donde quiera que vaya. A mí no me gusta ser un esclavo de mi subconsciente, que actúa a merced de lo que le apetece en un momento determinado, sino adiestrar a mi mente para hacer lo que desee. Y no sólo hacerlo, sino hacerlo bien. Quiero desempeñar un trabajo de máxima calidad que consuma tan sólo el tiempo justo y necesario. Y tú, ¿qué vas a hacer ahora?

¿Qué es la productividad?

Se trata de la obtención de unos resultados satisfactorios haciendo un manejo óptimo de los medios empleados durante su producción. Esto es, ser productivo implica conseguir lo máximo posible utilizando el mínimo de recursos indispensables. El concepto abarca diversas áreas de conocimiento como la economía, la biotecnología y la mecánica cuántica.

Parece una misión un tanto complicada… ¿Existe alguna manera de dejar de hacer las cosas en el doble de tiempo en lugar de quitárselas de encima lo antes posible? Y, por el contrario, ¿existe alguna forma de dejar de ser un cerebrito en la teoría que es incapaz de explotar al máximo su capacidad creativa? Puedes apostar que sí.

Si me dieran a elegir entre el trabajo inteligente y el trabajo duro, no sabría bien qué escoger: ¿cabeza sin esfuerzo o esfuerzo sin cabeza? Dentro de un contexto global cada vez más competitivo y exigente, ya no basta con ser sólo inteligente: has de poner las horas. Sin embargo, ¿para qué elegir, si uno puede disponer de los dos? 

Emplear cuatro horas en terminar una labor concreta cuando sabes perfectamente que lo podrías acabar en apenas dos no es ser disciplinado, trabajador ni constante, como algunos de mis profesores predicaban. Para mí, refleja falta de inteligencia.

Entiendo que haya gente cuyas capacidades predeterminadas sean menos favorables debido a la genética, la educación parental o la influencia del entorno. Precisamente, son ellas las que se pueden beneficiar más del presente artículo.

Antes de mostrarte las herramientas que te ayudarán en tu día a día, es imprescindible que comprendas cuáles son las tres variables que influyen en la productividad:

Productividad = Tiempo x (Calidad + Planificación / 2)

  • El tiempo de trabajo es la cantidad de horas invertidas en su realización. Sin tiempo de trabajo, la productividad será nula, ya que ni siquiera habremos empezado a trabajar. Es completamente irrelevante que tengas más energía que Goku en Dragon Ball o más inteligencia que Eddie Morra en Limitless.
  • La calidad de trabajo es el grado de perfección del mismo. Sin calidad de trabajo, los resultados técnicos se alejarán mucho de las expectativas demandadas. La carencia de vigor y empuje entorpecerán el aprendizaje y la ejecución considerablemente, lo cual provocará un declive en la capacidad de concentración.
  • La planificación del trabajo es el conjunto de estrategias, herramientas y técnicas cuya función principal es el aumento de eficiencia. Sin sistemas de producción, no será posible proceder a la automatización y aceleración del proceso, lo cual añadirá tedio y monotonía a la actividad en cuestión.

Nótese que los ingredientes del cóctel no son igual de importantes: la calidad y la planificación del trabajo suman, mientras que el tiempo multiplica. ¿Por qué? Se puede prescindir de ciertas dosis de energía y atención o actuar a la intemperie en un día concreto y tener unos resultados aceptables, pero el tiempo invertido tiene un coste de oportunidad más elevado en la escasez: cero horas = cero resultados.

Si quieres aprovechar bien la ecuación y saber cómo implementarla, es necesario que te quedes hasta el final. ¿Comenzamos?

Los factores de producción.

En economía, se denomina factores de producción a los recursos empleados para la elaboración de bienes y la prestación de servicios. Por ejemplo, podrían ser la maquinaria (capital físico), la plantilla disponible (capital humano), el terreno (capital natural) e incluso el propio dinero (capital financiero).

Asúmelo: tú eres capital y, por lo tanto, generas un retorno. ¿En qué nos basamos para categorizar a un factor de producción como bueno? Pues en que su rentabilidad sea positiva. En otras palabras, en si aporta o aparta. Debes ser capaz de crear valor con tu tiempo siendo productivo. Para ello, es imprescindible atender a dos propiedades: (a) eficacia y (b) eficiencia.

1 – La eficacia es la capacidad para ocasionar el efecto deseado o de cumplir una meta específica. Ser eficaz es hacer las cosas correctas.

Una empresa se propone fabricar cien piezas de aluminio. Transcurridas tres horas, han logrado el objetivo. Por lo tanto, han sido eficaces.

2 – La eficiencia es el manejo adecuado de los factores productivos de la organización. Ser eficiente es hacer las cosas correctamente.

Una empresa se propone fabricar cien piezas por trabajador en menos de una hora con tres cuartos del aluminio utilizado anteriormente. Transcurridos sesenta minutos, cada trabajador fabrica la cantidad deseada. Por lo tanto, han sido eficientes.

¿Qué ocurriría si se hicieran las cosas correctas incorrectamente? Sólo seríamos eficaces.

¿Qué ocurriría si se hicieran correctamente las cosas incorrectas? Sólo seríamos eficientes.

¿Qué ocurriría si se hicieran correctamente las cosas correctas? Seríamos eficaces y eficientes, es decir, efectivos.

La efectividad o productividad es una medida económica que calcula cuántos bienes y servicios se han producido por cada factor utilizado (trabajador, capital, tiempo, costes, etc.) durante un periodo determinado.

La fábrica tiene como objetivo aumentar la productividad total del número de piezas. Para ello, la directiva propone tres alternativas:

  1. Producir el mismo número de piezas empleando menos recursos.
  2. Producir más piezas empleando la misma cantidad de recursos.
  3. Producir más piezas empleando menos recursos.

En resumen: ser eficaz es hacer las cosas correctas, ser eficiente es hacer las cosas bien y ser efectivo es hacer bien las cosas correctas. La productividad es la suma de control y perspectiva. El control nos permite hacer más en menos tiempo, mientras que la perspectiva nos indica qué hacer exactamente.

A continuación, te mostraré seis técnicas infalibles que te permitirán mejorar tu puntuación tanto en las horas empleadas como en tus niveles de atención y la estructuración de tu plan, y mejor aún, en todas las variables a la vez.

A) Mejora del tiempo de trabajo.

Lo primero que debemos concretar es cuántas horas al día necesitamos dedicar única y exclusivamente al trabajo. Fíjate que por ahora no he mencionado conceptos como distracciones o planificación. La cuestión es calcular el punto óptimo que tu proyecto merece, ni más ni menos. Las armas más poderosas son las siguientes:

Técnica 1: definir tu para qué.

¿Por qué quieres ser productivo? Yo no puedo responder a esta pregunta por ti, pues cada uno tiene sus propias circunstancias y deseos internos.

Quizás te gustaría ahorrar unas cuantas horas al día para pasar más tiempo con tu pareja y salir con tus amigos o utilizar ese tiempo extra para currar aún más. Cuando hablamos de tiempo, todo se basa en un juego de prioridades. Las decisiones que se toman a lo largo de la vida albergan siempre una explicación que las respalda, ya sea consciente o subconsciente.

Si no dispones de una razón clara y concisa para ser más efectivo, es cien por ciento seguro que la pasión y realización profesional brillarán por su ausencia. ¿Cómo pretendes aumentar tu dedicación al trabajo si todo tu sistema límbico se encuentra programado para hacer justo lo contrario? Si no existe fin alguno, es imposible que gire la rueda de la productividad; sin motivos, no tiene sentido hablar de motivación.

¡Ojo! El para qué no es lo mismo que el porqué. Si quieres saber cuál es la diferencia, te invito a leer esta reflexión que hice acerca de la felicidad.

Técnica 2: entrar en la zona de flujo.

El psicólogo Mihály Csíkszentmihályi esboza su teoría de que la gente es más feliz cuando se posiciona en zona de flujo, que consiste en un estado de concentración y absorción completa en la actividad o situación en la que se encuentran.

¿Recuerdas aquella vez en la que te perdiste en los párrafos de ese apasionante libro?

¿Y con aquel videojuego que se volvía más interesante conforme subías de nivel?

¿Y cuando estabas inmerso en ese emocionante partido de fútbol con tus amigos?

Todas estas experiencias tienen algo en común: la motivación intrínseca – la que proviene de dentro, y no de fuera – está por las nubes. Es una sensación de libertad, gozo, compromiso y habilidad tan intensa que el sujeto se olvida por completo de sensaciones temporales como la comida, el transcurso del tiempo e incluso el yo.

Entonces, ¿cómo puede uno llegar a experimentarlo? Pues ha de tener lugar un equilibrio entre el desafío de la tarea y la habilidad de quien la realiza. Esto es, si la actividad es demasiado sencilla o complicada, el fluir no podrá presentarse.

¿Qué sucede cuando nuestra habilidad está por encima del reto? El aburrimiento será muy pronunciado a causa de la falta de estímulos inesperados.

¿Qué sucede cuando el reto está por encima de nuestra habilidad? La ansiedad provocará que nos frustremos y abandonemos la tarea con más facilidad. 

La mejor manera de asegurar un estado de flujo continuo es incurrir en desafíos cuya demanda de recursos y capacidades quede más o menos satisfecha por nuestro arsenal de técnicas y habilidades.

¿Y si el reto es demasiado complicado y hay que completarlo sin falta? Un truco muy efectivo es la simplificación del problema. Cuando se divide una meta muy compleja en diferentes partes, cada una de las cuáles de menor dificultad, es más fácil progresar y dar con la solución. No sólo se trata de ajustar las habilidades al reto, sino el reto a las habilidades.

Un desajuste en la ecuación no es el único factor que puede mermar el flujo. Diversos neurólogos surcoreanos demostraron que el desorden envía señales a tu mente subconsciente comunicando que las condiciones externas son poco favorables para la cognición, de tal manera que no te proporcionará los recursos que más necesitas.

Para ello, es imprescindible que encuentres o diseñes un buen espacio de trabajo que fomente la inmersión. Sé meticuloso con los pequeños detalles, procura que el estilo sea lo más minimalista posible, selecciona una silla cómoda que favorezca tu postura, busca una buena iluminación natural, anula cualquier clase ruido molesto y asegúrate de que el escritorio es ancho. ¡A fluir, navegante!

B) Mejora de la calidad.

De acuerdo, ya conoces las dos técnicas más efectivas para asegurarte de que pones las horas necesarias. No obstante, ¿es suficiente con invertir cierta cantidad de tiempo? En absoluto. Es más, como te aclararé más tarde, demasiado trabajo puede llegar a ser contraproducente. Hay que asegurarse de que, durante el tiempo que uno esté trabajando, la concentración en la ocupación sea lo más elevada posible.

Técnica 3: acabar con las interrupciones.

¿Cuáles son aquellos instrumentos materiales, lugares específicos y personas energéticas que impulsan tu velocidad de trabajo? Seguro que se te pasan por la cabeza unos cuantas ideas. Pero, ¿y aquellos utensilios superfluos, lugares estrepitosos y personas tóxicas que más te limitan? El objetivo es no sólo es utilizar los recursos de capital más rentables, sino deshacerse de los menos rentables.

En efecto, un requisito fundamental para entrar en estado de flujo es quitarse de en medio los estímulos que impiden una concentración continua y profunda. En cierta medida, ya hemos dado un paso de gigante al ordenar el área de trabajo. Sin embargo, las distracciones todavía siguen al acecho: cada notificación del móvil, persona irrespetuosa y curiosidad se convierte en una seria amenaza para la productividad. 

Está muy bien ser proactivo en la definición de nuestros objetivos y esforzarse todos los días para estar un paso más cerca de ellos, ¿pero sabes qué es más decisivo todavía? Ser preactivo. Conocerse a uno mismo, actuar con cautela y abanderar la previsión son requisitos fundamentales para borrar a las distracciones del mapa.

¿Te distraes frecuentemente con las redes sociales?

Deja el teléfono en otra sala antes de ponerte a estudiar y bloquea el internet.

¿Te cuesta ir al gimnasio nada más terminar de comer?

Entrena por las mañanas antes de desayunar o deja preparada la bolsa el día anterior.

¿Tu casa es un auténtico jaleo de gritos, quejas y tentaciones?

Empieza a buscar otras ubicaciones donde seas igual o más productivo.

La verdadera clave consiste en adelantarte activamente a los posibles desvíos de la trayectoria hacia tus metas. En ocasiones, aparecerán distracciones totalmente inesperadas y tendrás que hacer uso de la disciplina. No te olvides de anotarlas después para poder actuar con anticipación la próxima vez.

Técnica 4: encontrar tu BPT (Biological Prime Time).

El BPT es el intervalo de tiempo en el día en el que tus niveles de atención y energía son más elevados. Aunque los picos energéticos fluctúan de persona a persona, se han detectado patrones similares en la mayoría de los individuos. Así pues, es bastante común encontrar un aumento del dinamismo conforme va transcurriendo la mañana, para luego experimentar un descenso en las horas posteriores a la comida. Normalmente, suele ser en el rango de las 3-4 cuando la química fluye peor. No obstante, luego se irá recuperando progresivamente durante el resto de la tarde.

¿Puede ser que uno rinda como nunca de nueve a doce de la noche y sea un auténtico inútil hasta las primeras horas de la tarde? Por supuesto.

¿Puede ser que uno funcione increíblemente bien nada más levantarme de la cama y se vaya apagando conforme corren las manecillas del reloj? Por supuesto.

Se trata de que cada uno de nosotros nos testemos en diferentes momentos dentro de un mismo día durante varios días diferentes y vayamos anotando una puntuación del uno al diez cada hora para ver más o menos qué forma tiene nuestra gráfica.

Una vez que tengas identificados tus picos energéticos, haz las tareas que mayor dificultad y concentración requieren en tu BPT, mientras que otras más automáticas y mecánicas resérvatelas para cuando tu química no fluya correctamente. Por ejemplo, podrías aprovechar las horas antes de dormir para ordenar y limpiar, o el rato después de comer para dar un paseo y reactivar tu fisiología y cognición.

Según el grado de relevancia y duración de las tareas, se nos presentan cuatro posibles marcos de actuación:

a) Automatizar es necesario cuando su importancia y la duración son bajas.

Ejemplo: lavarse los dientes o responder los mensajes de Whatsapp.

La solución es reservarlas para los momentos de bajo rendimiento.

b) Efectuar es necesario cuando tenemos poco tiempo para hacer algo importante.

Ejemplo: estudiar para un examen que tenemos dentro de tres días.

La solución es hacerlas ya, independientemente del nivel energético vigente.

c) Regular es necesario cuando algo poco importante consume mucho tiempo.

Ejemplo: hacer la declaración de la renta, preparar la comida o barrer el piso.

La solución es elaborar reglas y cumplirlas en los momentos de bajo rendimiento de un día concreto a la semana.

d) Debatir es necesario cuando se trata de actividades importantes y duraderas.

Ejemplo: montar una empresa, preparar un vídeo o escribir un libro.

Solución: hacerlas en el BPT.

En definitiva: ¿qué buscamos con este esquema? Reducir el número de decisiones que tomamos para tomar mejores decisiones. Si sobresaturamos al cerebro con multitud de elecciones no trascendentes y totalmente prescindibles, éste tenderá a evitarlas o a tomar una mala decisión por exceso de información.

Los gurús no se cansarán de repetirte que evites la multitarea a toda costa. ¿Mi respuesta? Depende. No todas requieren la misma cantidad de atención y energía. Quizás combinando dos tareas de baja demanda intelectual consigas crear una sinergia, es decir, terminarlas antes si las combinas que si las haces por separado.

Eso sí, de nada sirve intentar hallar tu horario biológico si no estás peleando por optimizarte biológicamente. Hábitos como el ejercicio físico regular, la alimentación saludable, el sueño regulado, el control de respiración, la práctica de meditación, la exposición al frío, el ayuno intermitente y el movimiento constante serán de gran ayuda a la hora de aumentar tus niveles de energía.

C) Mejora de los sistemas de producción.

¿Cuál es la finalidad de ser una máquina de laborar correctamente y en grandes cantidades si lo que se está haciendo no sirve para nada? Ya puedes disponer de un Corvette y conducirlo por la autopista mejor pavimentada que, si no diseñas una buena ruta, estarás más perdido que un pulpo en un garaje. 

Técnica 5: organizar las obligaciones.

Si uno no ha estructurado y jerarquizado los pasos a seguir en una actividad específica, se producirá una sobrecarga emocional que creará unas expectativas completamente sesgadas acerca del esfuerzo que dicha actividad le va a suponer. Ya lo sabes de sobra: la inactividad y la desorganización magnifican artificialmente la dificultad de la tarea.

Por ende, has de diseñar un sistema de metas tanto a corto, medio y largo plazo. Lo más efectivo es apuntar en una aplicación móvil o una pequeña libreta los quehaceres del día y completarlos siempre por orden de importancia, ya que éstos presentan distintos grados de exigencia. No es igual de costoso escribir durante noventa minutos que analizar los fundamentos de diversas empresas durante toda una tarde.

Los principales motivos que provocan el aplazamiento de la acción son las tareas difíciles, aburridas, lejanas, desestructuradas y poco recompensatorias. La organización es una condición necesaria – pero no suficiente – para acelerar la velocidad y la calidad de los procesos de producción.

Las metas a medio-largo plazo necesitan un grado más amplio de desarrollo a modo de ensayo. ¿Por qué? Simple: cuanto más lejos se encuentre la fecha de vencimiento de un objetivo, más influencia ejercerá sobre los que están cerca. Dicho de otro modo, las metas a largo plazo condicionan a las de corto plazo.

Debes trazar en el documento en cuestión metas realistas, escalables, cuantificables, medibles y concretas para medir el progreso a lo largo del tiempo. En caso contrario, ¿cómo se puede corroborar que uno ha mejorado? Seguidamente, es menester elaborar tanto los escenarios satisfactorios como los indeseados y diseñar una respuesta eficaz para cada situación, así como estipular qué recursos se encuentran a tu disposición y cuáles no, las ventajas y desventajas que supone la persecución del designio, etc.

El objetivo es concentrarte como un rayo láser en las metas y obligaciones que proporcionan un mayor retorno y eliminar las que den un menor retorno sobre el tiempo invertido. ¿Cuáles son aquellas actividades en la que inviertes el 20% de tu tiempo y obtienes el 80% de los resultados? ¿y al revés? Escríbelo y aplícalo.

Técnica 6: ajustar por intervalos.

¿Qué le sucede a la productividad del trabajador cuando éste no atiende sus demandas básicas de carácter físico y emocional? Que se desploma. Trabajar más horas no significa obtener mejores resultados, pues la efectividad del capital humano sigue la ley de los rendimientos decrecientes.

El adagio principal de la ley de Párkinson dice así: “el trabajo se expande o se contrae para rellenar la cantidad de tiempo disponible”. Por ello, el ajuste por intervalos consiste en establecer de antemano cuántas horas vas a trabajar, poner un límite y cumplirlo sin excepción. Te aseguro que correrás como nunca.

Este es el motivo por el que estudiar tres días antes de los exámenes me proporciona prácticamente la misma calificación que estudiar una semana antes. El cerebro ajusta de forma automática la oferta energética a la demanda energética mediante el mecanismo de supervivencia.

Eso sí, hasta cierto límite. Ya veo a más de un listillo dejándoselo todo para el final con unos picos de estrés tan exagerados que su subconsciente paraliza cualquier intento de accionar. ¿Te acuerdas de lo que sucedía cuando el reto está muy por encima de la habilidad? Todo se basa en encontrar el punto óptimo que maximice la eficacia y la eficiencia.

Recapitulando…

1. Para aumentar tu tiempo de trabajo debes definir tu para qué con precisión y entrar en zona de flujo.

2. Para maximizar la calidad de trabajo debes encontrar tu BPT, previamente habiendo adoptado una serie de hábitos que optimicen tu estado bioquímico.

3. Para mejorar tu sistema de producción debes organizar las tareas, planificar las metas y establecer límites determinados a tu tiempo de trabajo.

De este modo, lograrás ser eficaz y eficiente, es decir, productivo.

Disciplina: la gran habilidad desconocida

Descubre cómo ser más disciplinado

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La mente humana es imperfecta, pues no es extraño sentir una represión inherente y atroz que aparta al individuo del camino del esfuerzo y la dedicación. Puedo garantizar que a tus metas les importa más bien poco cómo te encuentres en un momento determinado o si no estás dispuesto a seguir llevando el timón: hay que cumplir todos los días sin excepción. Tienes que ser disciplinado.

Definición.

La disciplina es el compromiso con un método efectivo de desarrollo de habilidades o aptitudes para seguir un determinado código de conducta u orden. No obstante, existen varias acepciones de la palabra que abarcan distintos ámbitos sociales. 

Nosotros nos referiremos a la autodisciplina, es decir, la capacitación o entrenamiento que uno se da a sí mismo para llevar a cabo una tarea específica o para adoptar un patrón particular de comportamiento con total independencia de si a esa persona le apetece o no le apetece.

En otras palabras, es la habilidad de tomar acción a pesar de cómo te sientas en un momento concreto; aún más importante: implica actuar en concordancia con tus pensamientos, no dejarse llevas por emociones temporales.

Es necesario desmentir dos creencias generales fuertemente arraigadas en la población antes de comenzar con el grueso del artículo.

a) La disciplina es una tortura.

Multitud de personas creen que la disciplina conlleva toneladas de sufrimiento y flagelación, al estar haciendo algo que en realidad no quieren. No tiene nada que ver con el eso. Una cosa es querer hacer algo y otra tener ganas de hacerlo.

Se puede querer algo y no tener ganas de hacerlo en ese instante.

Por ejemplo: “Quiero ponerme en forma, pero no me apetece ir al gimnasio hoy”.

Se puede ansiar o codiciar algo que en realidad no se quierehacer.

Por ejemplo: “Me apetece tomarme una cerveza, pero he tomado la decisión de no beber alcohol porque no quiero perjudicar mi salud”.

El objetivo no es realizar tareas que uno no quiere hacer, sino aquellas actividades que uno quiere hacer. Si tienes la necesidad de recurrir a la disciplina sin reparo a la ocupación que tengas entre manos de forma reiterada y abundante, es casi seguro que algo estás haciendo mal.

b) La disciplina es un rasgo de la personalidad.

Si bien la educación parental, el entorno o la genética pueden promover el desarrollo de actitudes disciplinarias, la única manera de adquirirlas es mediante el trabajo y la repetición. La disciplina es una habilidad que puede ser concebida como un músculo: si se aplican fuerzas extrínsecas sobre él, se fortalecerá; en caso contrario, se atrofiará.

Método FMA.

Napoleón Bonaparte decía: “no hay nada tan necio como aplicar una maniobra concreta sin entender la estrategia global que la justifica”. Esto es, para aplicar una enseñanza particular, es menester conocer el sistema que la pone en contexto.

Para comprender el Método FMA debidamente, propondré un sencillo ejemplo: suponiendo que dos coches cuestan exactamente lo mismo, ¿en qué aspectos merecería la pena fijarse para realizar una nueva adquisición? Entre otros…

  1. Un depósito voluminoso que admita grandes cantidades de gasolina.
  2. Un motor eficiente que gaste menos combustible por km recorrido.
  3. Un diseño cómodo y confortable que permita disfrutar de la conducción.

Asumiendo también que el comprador se ha propuesto ahorrar en transporte de forma deliberada. Entonces, lo ideal sería no tener que recurrir siempre al coche para desplazarse.

En definitiva: el cliente desea tener la tranquilidad de que el carro estará ahí cuando lo necesite y de que no le va a fallar, al tratarse de una máquina efectiva y competente.

Con la disciplina pasa exactamente lo mismo: el objetivo es fortalecerla al máximo y utilizarla sólo cuando las circunstancias lo exijan. Si uno no dispone de gasolina suficiente, un motor eficiente, ganas de conducir y alternativas al vehículo, es tan sólo cuestión de tiempo que se vuelva a recaer en los viejos hábitos de consumo.

Pues muy atento:

– La cantidad de gasolina y la eficiencia del motor constituyen la Fuerza de Voluntad (F).

– La comodidad del vehículo constituye la Motivación (M).

– Y las alternativas de transporte constituyen la Anticipación (A).

¿En qué consiste nuestra estrategia? El siguiente esquema conceptual debe estar muy presente a partir de ahora.

i) Aumentar las reservas del depósito energético. ¿Cómo?

+ Construyendo una fuerza de voluntad a prueba de balas.

ii) Evitar el gasto energético no necesario. ¿Cómo?

+ Buscando la motivación.

+ Desarrollando la anticipación.

Dicho esto, vamos con cada uno de los puntos.

1) Construcción de la Fuerza de Voluntad.

El objetivo es maximizar la capacidad y reservas del depósito energético. En otras palabras, el objetivo es desarrollar una disciplina férrea que facilite la actuación en los momentos donde el deseo desaparezca y la tentación no pueda ser evitada. Toca emprender acción y punto, estés o no por la labor de hacerlo.

Por un lado, debemos aumentar los potenciadores incurriendo en ciertos hábitos y rutinas que maximicen las reservas de energía física y mental. Queremos que el auto gane la mayor cantidad de gasolina posible mediante un depósito voluminoso.

Por otro lado, debemos disminuir los debilitadores eliminando ciertos hábitos y rutinas que reducen las reservas de energía física y mental. Queremos que el auto pierda la menor cantidad de gasolina posible mediante un motor eficiente.

1.1) Optimización biológica.  

No es ningún secreto que una bioquímica adecuada es el paso más elemental para la gestación de una disciplina de acero. Mientras que el sedentarismo aumenta la fatiga con unas lentes grisáceas que distorsionan la vitalidad, invertir unas poquitas horas al día en la optimización biológica proporcionará un incremento estratosférico en tus niveles de productividad y eficiencia. ¿Cuáles son las claves de la plenitud física?

Como potenciadores destacan el ejercicio físico regular, la alimentación saludable, el sueño regulado, el control de respiración, la práctica de meditación, la exposición al frío, el ayuno intermitente y el movimiento constante.

Como debilitadores destacan las sustancias estupefacientes como tabaco, alcohol o azúcar añadido y los alimentos procesados o poco saludables.

1.2) Organización del entorno.

Gosling llevó a cabo un estudio científico en el que se pidió a un grupo de voluntarios que evaluara diversos rasgos de la personalidad – escrupulosidad, extroversión, simpatía, sinceridad y sobriedad – simplemente echando un vistazo a los escritorios de oficina y las habitaciones de personas que previamente se habían descrito a sí mismas.

¿Resultado? Los evaluadores no sólo estaban de acuerdo entre ellos, sino que también acertaron una gran parte de sus predicciones. En efecto: el entorno en el que vivimos revela ciertos aspectos de la forma de ser; uno de ellos es la autodisciplina.

La habilidad de mantener el orden es la base de un comportamiento disciplinado. Diversos neurólogos surcoreanos demostraron que uno de los mayores detrimentos de la perseverancia es la resistencia inicial que produce un subsecuente bloqueo mental.

Un espacio caótico disminuye la probabilidad de que el individuo comience a trabajar y, en caso de que lo consiga, ralentizará notablemente la velocidad y calidad del trabajo. Se ha demostrado que el desorden envía señales a tu mente subconsciente comunicando que las condiciones externas son poco favorables para la cognición, de tal manera que no te proporcionará los recursos que más necesitas.

1.3) Planificación de tareas.

La planificación de las actividades es un pilar fundamental. Como he aclarado con anterioridad, lo que más suele costar no es trabajar, sino ponerse a trabajar. La organización mental es tan relevante como la organización espacial.

Cuando uno no ha estructurado y jerarquizado los pasos a seguir en una actividad concreta, se producirá una sobrecarga emocional que creará unas expectativas completamente sesgadas acerca del esfuerzo que esa actividad le va a suponer. En este sentido, la inactividad y la desorganización magnifican la dificultad.

Recomiendo que empieces escribiendo los tres objetivos más importantes del día nada más levantarte por las mañanas. A su vez, proponte desafíos conforme empiece una nueva semana, mes o año.

De ese modo, lograrás enfocarte en las áreas que más impacto producen sobre tu vida tanto a corto como a largo plazo. Si hay orden, hay progreso. Eso sí: las metas han de ser realistas, flexibles, medibles, cuantificables y concretas.

1.4) Creencias sumergidas.

¿Piensas que no tú no vales lo suficiente como para llegar a tus metas?

¿Opinas que no merece la pena tanto sufrimiento, agobio y sacrificio?

¿Esperas que los resultados deseados lleguen de la noche a la mañana?

Existen numerosas creencias sumergidas de carácter limitante que lastran la fuerza de voluntad, al estar fuertemente arraigadas al subconsciente. Lo verdaderamente peligroso es que, en múltiples ocasiones, ni siquiera se conoce su existencia.Sin embargo, ahí están. Hasta que no las traspases a tu mente consciente y las desmientas, seguirán provocando daños colaterales.

1.5) Sistema de recompensa.

Modificar el circuito de recompensa mediante estímulos autoinducidos constituye un refuerzo positivo que fomenta la adherencia al hábito que uno quiere adoptar. Se me ocurren multitud de ejemplos:

Verbalizar cuánto has disfrutado de la sesión de entrenamiento al terminar.

– Premiarte si has cumplido con los objetivos de ahorro e inversión del mes.

– Relajarte viendo una serie cuando hayas acabado todos tus quehaceres.

Pero cuidado: habrá ocasiones en las que las cosas saldrán bien cuando tú no hayas perseverado adecuadamente; y habrá ocasiones en las que las cosas saldrán mal a pesar de que hayas persistido hasta el final. Recompénsate cuando hagas las cosas, no cuando las cosas salgan bien. No seas resultadista.

2) Búsqueda de la Motivación.  

El objetivo es evitar el gasto energético innecesario avivando el deseo. Es decir, el objetivo es que el proceso de conducción sea lo más agradable posible, porque… ¿qué sucedería si ni siquiera se tuviera que hacer uso de la disciplina para ponerse manos a la obra con un proyecto?

La necedad consiste en desarrollar una disciplina marchita y lacia.

La inteligencia consiste en desarrollar una disciplina robusta y sólida.

La sabiduría consiste en diseñar un sistema que dependa de ella lo menos posible.

Te recuerdo que la fuerza de voluntad no es ilimitada. Tener que acudir siempre al auxilio de la disciplina es un claro indicio de que tu plan no es lo suficientemente estimulante y, por lo tanto, no estás disfrutando del camino. Tarde o temprano, alcanzarás un estado de burnout y no aguantarás más. Por ende, el juego va de encontrar la proporción idónea entre motivación y disciplina.

Por el contrario, ¿qué ocurre si uno se pasa de listo y pretende tomar acción si y sólo si está motivado? Pues que acabará dependiendo de sus emociones.

Tu deber es buscar la motivación todos y cada uno de los días, pero hay veces en las que llamarás a la puerta y nadie te va a abrir. La autodisciplina es un sustituto de la motivación, al utilizar la razón para determinar el mejor curso de acción que se opone a los impulsos emocionales.

2.1) Motivación intrínseca.

En primer lugar, debemos encontrar la motivación intrínseca, que es la que nace de la propia persona sin necesidad de estímulos externos. Su adquisición y conservación es absolutamente imprescindible y obligatoria.

Si no dispones de un para qué claro y conciso, es cien por ciento seguro que el deseo y la pasión brillarán por su ausencia. ¿Cómo pretendes estar motivado si ni siquiera tienes un motivo? Y ojo: no estamos hablando de nuevo de planificar los objetivos a corto y largo plazo, sino de encontrar la razón principal por la que te los has planteado.

Una vez hallado el propósito vital (ya sea placer, poder, filantropía o trascendencia), el ser humano debe canalizarlo en una pasión específica para materializarlo.

2.2) Motivación extrínseca.

En segundo lugar, debemos encontrar la motivación extrínseca, que es la que deriva de factores externos al individuo que suponen un impulso extra para mantener viva la llama del deseo y el compromiso. Puedes buscar esta clase de motivación en libros, vídeos, seminarios, conferencias…

Sin embargo, la medida altamente efectiva por excelencia es buscar modelos a seguir. No hay nada que refuerce más que encontrar una persona con tu mismo para qué que haya logrado lo que tú anhelas. Tener un mentor que ya haya pasado ciertas dificultades, ahorre años de ensayo y error e inculque unos buenos principios y valores es un acelerador sin precedentes. Por suerte, en Ram Talks encontrarás una larguísima lista de reproducción con vídeos que te proporcionarán un chute de energía al instante. Pero recuerda: si no has desarrollado la motivación intrínseca, de poco o nada sirven [Lista de reproducción]

3) Desarrollo de la Anticipación.

El objetivo es evitar el gasto energético innecesario evadiendo las tentaciones. Dicho de otro modo, aprender estrategias efectivas de antemano que permitan eludir situaciones que requieren un uso consciente de la fuerza de voluntad.

Esto supone un cambio de paradigma total: no sólo estamos hablando de tener suficiente energía y ganas de obrar, sino de adoptar un modo de pensamiento que ofrezca la opción de no tener que hacerlo. Además de ser proactivos, ahora somos preactivos.

3.1) El entorno social.

Jim Rohn dice: “eres la media de las cinco personas de las que más te rodeas”. Tanto el estado anímico como los modos de pensamiento y la comunicación no verbal son muy contagiosos. De acuerdo: algunas sustancias, hábitos y creencias succionan toneladas incesantes de carburante, pero no hay absolutamente nada que drene más energía que una persona superflua.

Si quieres conseguir algo, rodéate de personas que estén en proceso de conseguirlo o lo hayan conseguido; si quieres evitar algo, rodéate de personas que estén en proceso de evitarlo o lo hayan evitado.

¿Quieres perder grasa y ganar masa muscular? No quedes a cenar con amigos para ir a restaurantes de comida rápida. Busca otros momentos del día para verles o adelántate planteándoles un sitio donde sirvan todo tipo de alimentos.

¿Quieres dejar de fumar y beber? No sigas saliendo de fiesta con fumadores y bebedores hasta dentro de un largo periodo de tiempo. Propón alternativas de ocio en las que no tengas que oler el humo tóxico del tabaco.

¿Quieres aprender cómo emprender un negocio? Acude a seminarios y conferencias donde puedas hacer networking y ofrécele a gente que ya esté emprendiendo la posibilidad de trabajar para ellos durante un tiempo.

¿Quieres dejar de estar amargado, frustrado y deprimido? Siento ser yo el que te lo diga: aleja de tu vida, en medida de lo posible, a las personas amargadas, frustradas y deprimidas.

Y todo es un círculo vicioso:

– A más fuerza de voluntad, más motivación y anticipación. 

– A más motivación, más anticipación y fuerza de voluntad.

– A más anticipación, más fuerza de voluntad y motivación.

¿A qué esperas para convertirte en un bólido imparable?

Una vida sin excusas es posible

Basta de justificaciones y pretextos que limitan la acción

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No es de extrañar que uno sea perfectamente consciente de qué, cómo, cuándo y por qué tiene que hacer algo y, al mismo tiempo, no esté por la labor de ejercer acción para materializar esa idea.

¿Qué se interpone entre lo que deseamos con fervor y lo que nos apetece?

¿Qué ingrediente impide que consumemos nuestras aspiraciones más profundas?

¿Qué es lo que verdaderamente nos obstaculiza para conseguir lo que queremos? 

Exacto: las emociones.

Para entender el origen de las excusas, es necesario explicar la metáfora del elefante y el jinete, creada por el psicólogo Jonathan Haidt.

  • Por un lado, el elefante es un mamífero de dimensiones colosales que goza de un olfato excelente y de un oído exquisito, pero cuya vista dista mucho de ser perfecta. Al carecer de una visión periférica, su mecanismo natural de defensa ante estímulos inesperados recae sobre los otros sentidos. Por ello, el elefante representa la intuición.
  • Por otro lado, el jinete sabe cómo situarse a lomos del elefante para dirigirlo, pues sujeta las riendas y piensa que lleva la voz cantante dada su inteligencia. Craso error. Por ello, el jinete representa la razón.

Cuando el elefante y el jinete miran para el mismo lado, caminan en direcciones iguales y buscan objetivos comunes, no habrá conflicto alguno. El problema surge cuando las necesidades de ambos son diferentes, de tal modo que cada cual tira para su lado en pos de satisfacer sus propios anhelos.

El elefante es grande, fuerte e impulsivo; el jinete, por su parte, es astuto, mas pequeño y débil en comparación. Así pues, el control del buen hombre es poco menos que un aciago espejismo, ya que no deja de ser precario e incierto en comparación al animal. Si el gigantesco elefante se rebela contra su dueño y quiere tomar otra dirección, es bastante probable que lo consiga.

Es la lucha eterna del ser humano: la razón contra la emoción.

Primero sentimos, después razonamos.

Cuando la emoción es tan poderosa que el individuo se ve sobrecargado por un mar de sentimientos aflictivos y sensaciones desgarradoras, recurre a la razón para excusar la decisión que las emociones ya han tomado desde hace un buen rato. De ahí procede la palabra excusa.

Te sientes abatido cuando no estás por la labor de dejar tan pronto las sábanas. Por eso, la razón justifica que habrá días de sobra para estudiar, a pesar de que el examen sea dentro de tres días y no hayas empezado.

Te sientes desamparado cuando tu pareja no está junto a ti. Por eso, la razón justifica que merece una segunda oportunidad, a pesar de que no te trata como la persona digna y noble que en realidad eres.

Te sientes sosegado cuando inhalas el humo tóxico del tabaco. Por eso, la razón justifica que no pasa nada por echar un par de caladas al salir de fiesta, a pesar de que nunca te conformarás con un solo cigarro.  

Te sientes contento cuando vas ciego de alcohol. Por eso, la razón justifica que beber con moderación no es malo para la salud, a pesar de que haya sido el culpable de que no completaras ese ambicioso proyecto.

Te sientes aterrorizado cuando piensas en emprender. Por eso, la razón justifica que es mejor seguir formándose cuatro años más o esperar a que el ciclo económico sea más favorable, a pesar de que las oportunidades perfectas no existen.

No culpo a quien fabrica tales justificaciones, pues no es más que el mero funcionamiento puro del cerebro. Yo también lo hago: soy humano y me pongo excusas.

La cuestión reside en si la baraja de alegatos y pretextos desvía la trayectoria del elefante ligeramente o en si la bestia se apodera del sentido y dirección del camino, al tener arriba un jinete amansado y demolido. En qué quedamos, caballero: ¿va usted a ir de paseo o de rodeo?

Saber lo que uno tiene que hacer no importa tanto como parece en un principio; más bien, el juego va de tener las agallas de hacerlo. Lo último abre las compuertas del cambio, la mejora y el aprendizaje mediante un autochantaje que emana del propio sentido de urgencia del homo sapiens.

Aunque ser consciente de la ruta a seguir podría ser de gran ayuda en una mente ya de por sí resiliente y decidida, la ciencia y la probabilidad demuestran que las garantías de que el plan cobre vida de forma sostenida brillan por ser escasas.

Todos saben que el alcohol mata, pero a la mayoría nunca le falta su cerveza diaria. Todos saben que el dulce mata, pero la mayoría no detiene los atracones de azúcar. Todos saben que la velocidad mata, pero la mayoría supera el límite permitido en carretera al sobrepasar un radar.

No es el hecho de que uno sea consciente o no de un peligro lo que le aleja de él. No es el hecho de que uno sea consciente o no de una meta lo que le acerca a ella.

Es una condición necesaria, pero no suficiente. ¿Cuál es el secreto que te permitirá revertir el proceso de autodestrucción? Existe una explicación psicológica detrás de este fenómeno.

Psicología de las excusas.

Imagina que vas caminando tranquilamente por la montaña y tu cuerpo empieza a sentir escalofríos, al percatarse de que hay algo que parece ser una serpiente. Unos instantes después de sentir tal miedo e inseguridad, la cognición dice: “es un palo”, lo que ocasiona un cambio repentino y automático en tu sensación.

El jinete ha corregido el movimiento visceral y preconsciente del elefante al recurrir al pensamiento para alterar la sensación primigenia de sobresalto y dar una respuesta distinta a la inicial. Esto es, al pensar que es un palo, el razonamiento crea curiosidad y tranquilidad, dando lugar a que el miedo desaparezca por completo. 

¿Cómo reacciona el ser humano ante un estímulo externo? El cerebro activa en los doscientos primeros milisegundos tanto el cerebro reptiliano como el sistema límbico mediante una serie de neurotransmisores que dan lugar a la composición global de nuestra forma de procesar.

– El cerebro de reptil sabe muy bien cómo activar el instinto de supervivencia, pero todavía no se ha enterado de que ya no vivimos rodeados de tiburones monstruo, leones cavernarios y tigres dientes de sable.

– El sistema límbico provoca la emoción que sentimos, pero está muy lejos de tomar las mejores decisiones en lo que a relaciones humanas contemporáneas respecta.

¿Y qué sucede entonces? Se han examinado dos tipos de cerebro cuya reacción es totalmente diferente. Sin embargo, ambas reacciones pueden tomar partida en una misma persona al tener que afrontar diferentes compromisos, o simplemente al abordar múltiples desafíos que le permitan crecer y madurar como persona.

Por un lado, el Cerebro Tipo 1 (CT1) consigue activar a los 800 milisegundos una tercera área denominada neocórtex, responsable del pensamiento avanzado, la razón, el habla, la planificación, etc.

La corteza prefrontal es capaz de iniciar la cognición para modificar el pensamiento acerca del estímulo externo (“si lo que estoy viendo fuera una serpiente, se movería y emitiría un sonido diferente”). Pero cuidado: no es dicho razonamiento lo que fulmina la emoción anterior, sino lo que crea otra emoción distinta que se adapta mejor a la coyuntura (“antes estaba asustado; ahora, relajado o curioso”).

Por otro lado, el Cerebro Tipo 2 (CT2) ha de aguantar un auténtico tsunami emocional, de tal manera que el sujeto es completamente incapaz de activar la cognición y resolver el problema tal y como hizo el CT1.

Este fenómeno es básicamente lo que explica el fracaso escolar, el exceso de velocidad o la obesidad mórbida.

Por último, cuando los impulsos intuitivos deciden cómo actuar, el neocórtex interviene posteriormente para justificar por qué dicha decisión es la correcta. El sistema límbico ha ganado la partida.

¿Significa esto que dichas personas no tienen ninguna posibilidad para gestionar las emociones conflictivas? En absoluto. Pero encender un sistema cortical inactivo y sedentario requiere una buena estrategia. Deberán reunir un esfuerzo sublime para actuar y romper el patrón preestablecido, a pesar de que la intensidad emocional se incremente cada vez más.

¿Tienes miedo de saltar de un trampolín a 10 metros de altura? No pienses, salta.

¿Tienes estrés porque el temario del examen es demasiado largo? No pienses, estudia.

¿Tienes tristeza cuando tu quinto proyecto ha fracasado? No pienses, continúa. 

Poco a poco, el jinete tomará el mando y acaparará más poder.

Por el contrario, si no se controla adecuadamente a un CT2, las consecuencias pueden ser fatales. Guiarse por las emociones es un paseo aleatorio: tan pronto como se acierte en una decisión, se tomará otra cuya implicación es de proporciones ecatómbicas.

Es aquí donde nacen las excusas. El elefante gana la partida al jinete, comienza a andar sin su consentimiento y, al verse incapaz de frenar al animal, elabora un pretexto que argumente por qué el animal ha salido disparado en una dirección específica en contra de su verdadero interés.

Sea como sea… Cada vez que alguien toma una decisión, ha sentido en su cuerpo previamente. Después, habrá algo que lo justifique o desmienta a nivel cognitivo.

La inteligencia se puede entender desde la acepción de intelliger, esto es: “seleccionar entre”. Cuando uno es inteligente, significa que, entre todo lo posible, escogerá lo más adecuado a la situación. La inteligencia emocional implica que el individuo elija la emoción más apropiada para el estímulo externo entre todas las que se encuentran a su disposición.

La emoción decide y la razón justifica. Dicho de otro modo: todas las decisiones son emotivas. Seguidamente, la razón explica la emoción que se experimenta en un principio o la transforma en otra que consiga desbancarla; pero es lo que uno siente lo que determinará el rumbo de la trayectoria.

Si estás en cólera, el mundo se ve distinto a si estás en templanza.

Si estás en miedo, el mundo se ve distinto a si estás en seguridad.

Si estás en letargo, el mundo se ve distinto a si estás en júbilo.

El pensamiento es un buen evaluador, no un buen gestor. La gestión tiene que producirse de emoción a emoción. El trabajo de saber lo que hay que hacer corresponde a la corteza prefrontal, mas ser capaz de hacerlo tiene que ver con la inteligencia emocional, es decir, si el sistema operativo que se utiliza es el CT1 o el CT2.

¿Comprendes ahora por qué tanta gente se refugia en las excusas?

¿Entiendes ahora por qué saber lo que hay que hacer no basta?

No todo el mundo ha aprendido a seleccionar sabiamente; no todo el mundo sabe gestionar sus emociones. Y no es raro: nadie nos ha enseñado a hacerlo.

El factor que aniquila la existencia de miles de individuos es precisamente la criptonita de su cambio. El problema es que una gran parte de las personas, al no entender a las emociones más conflictivas, se asustan y prefieren fundamentar el dominio que éstas ejercen sobre su voluntad mediante justificaciones elaboradas por la razón.

“Es que no tengo tiempo para ir al gimnasio”

Dijo Juan mientras buscaba olvidarse de su tristeza consumiendo porquería televisiva.


“Es que mi jefe tiene que subirme el sueldo”

Dijo Laura tras calmar su ansiedad comprándose tres pares de zapatos carísimos.

“Es que las editoriales no me publicarían el libro”

Dijo Esteban para justificar el miedo a lo que el lector pueda pensar de él.

Lo más grave de la situación es que la gente cree firmemente que el hecho de que las excusas sean aceptables les exime de tomar responsabilidad sobre su vida. El asunto no va de tener razón o no tenerla, sino de moverse o no moverse; de actuar o no actuar; de cambiar o no cambiar; de hacer o no hacer.

Deja de ser un jinete fatídico y desconsolado para convertirte en un domador de categoría.

¿Vas a tolerar que las emociones jueguen contigo o vas a jugar tú con ellas?

¿Vas a dejar que tu cerebro te domine o vas a convertirlo en una máquina infalible?

¿Vas a permitir que un sentimiento temporal tome una decisión permanente?

¿Vas a consentir que las excusas se carguen tu vida o vas a construir una vida con las excusas correctas?

Sí, aquellas cuya moción no se basa en la emoción, sino en la noción.

La ley de la atracción es una farsa

Basta ya de rituales chamánicos y magia galáctica

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Si tu intención del lector durante los próximos diez minutos es encontrar nuevas técnicas y rituales chamánicos para que la dicha y el júbilo lleguen a tu vida por arte de magia, he de avertir que has entrado al sitio incorrecto, pues hoy me encargaré de desmentir una de las atrocidades al pensamiento crítico más salvajes de las últimas décadas: la ley de la atracción.

Es espeluznante la facilidad con la que se puede colar una historia a un grupo de personas que comparten la misma realidad inter-subjetiva. Les Brown decía: “La aceptación generalizada de una idea no es ninguna prueba de su validez”. El hecho de que todo el mundo defienda una postura no es argumento alguno de su veracidad.

  • Galileo Galilei fue condenado a arresto domiciliario por decir que la Tierra giraba alrededor del Sol.
  • Martin Luther King fue asesinado en Memphis por luchar por los derechos de los afro-estadounidenses.

Bien, ¿cómo es posible que, a día de hoy, miles de personas crean firmemente en una idea tan esotérica y pseudo-científica? Comencemos por el principio…

Creación.

A mitades del siglo XIX, surgió un nuevo movimiento comprometido con la curación planetaria que adopta diversas enseñanzas de antiguas tradiciones de Oriente y Occidente. La secta creada por Phineas Quimby recibió el nombre de Ciencia Mental en sus inicios; más tarde, adquirió el nombre que la popularizó: Nuevo Pensamiento.

La visión fundamental del movimiento considera a la conciencia infinitamente creativa; esto es, el ser humano construye su experiencia a través de la intensificación de sus pensamientos y sentimientos. En otras palabras, el hombre sería capaz de manifestar una realidad concreta simplemente concentrándose en ella con un ímpetu voraz. 

Esta filosofía sostiene que, cuando la mente moldea una idea, ésta se convierte en realidad a medida que se dan las circunstancias adecuadas para su materialización. Por ello, el Nuevo Pensamiento pone gran énfasis en el pensamiento positivo, las afirmaciones y la meditación.

Pensar cosas buenas atrae cosas buenas.

Pensar cosas malas atrae cosas malas.

Su influencia decayó notablemente con el transcurso de los años, hasta que la australiana Rhonda Byrne decidió publicar un libro que reviviría la escuela de pensamiento: «El Secreto».

Su éxito fue rotundo. De repente, cientos de personas empezaron a hacer cosas que jamás se les habría pasado por la cabeza:

– Afirmar repetidas veces delante del espejo que la riqueza, la abundancia y la prosperidad económica llegarían a sus vidas de forma inevitable.

– Visualizar milimétricamente los rasgos faciales, personalidad y circunstancias del amor platónico con el que siempre habían soñado para atraerlo de forma magnética.

– Rogar al universo para que éste cumpla todos sus deseos más profundos mediante el movimiento de las partículas subatómicas.

Puede parecer una broma de mal gusto, pero no me lo estoy inventando. Todos estos ejemplos y más fueron citados por la propia autora del libro. Sus conferencias aglutinaban enormes masas de gente expectante por ver cómo su vida cambiaría en un abrir y cerrar de ojos… ¡Cualquiera podría decir que todo era perfecto!

Pero si se diera el infortunio de que el sujeto no ha sido capaz de atraer exuberancia y lujos paradisiacos, el consiguiente fracaso se debe a una de las dos siguientes causas: o no ha visualizado con suficiente entusiasmo aquello que anhelaba, o bien ha seguido concentrando su energía en todos los aspectos negativos que le atormentaban.

Algunos interpretan la ley de la atracción de una forma un tanto peculiar, de tal manera que consideran la visualización como parte de un proceso más complejo que requiere tomar acción y tener constancia en la persecución de los objetivos.

Si ingeniar escenarios espléndidos en tu cabeza te ayuda a seguir moviendo el trasero, elaborar conjeturas hedónicas en tu mente te impulsa a pelear por tus sueños y entrever panoramas utópicos en tu imaginación te motiva a caminar por el sendero, no tengo nada que reprochar al respecto. Bravo.

¡Pero, ojo! Has de ser muy cauteloso con tus pensamientos:

a) Porque las expectativas que proyectamos son un arma de doble filo.

b) Porque tener ganas de algo y pugnar por ello sin cesar no garantiza el éxito. Este último punto lo desarrollaré en profundidad empleando recursos estadísticos y psicológicos durante el resto de la crítica.

Mientras tanto, habrá quienes se cuestionen: “Si la ley de la atracción es un fraude multimillonario, ¿por qué hay gente que reclama con firmeza que su vida ha dado un giro de 180 grados desde que empezó a aplicarla?”. Para responder a esta pregunta, recurriremos a dos viejos amigos: la estadística y la probabilidad.

Jordan Ellenberg, profesor de matemáticas en la universidad Wisconsin-Madison, expuso en “How not to be wrong” un peculiar caso para corroborar la verosimilitud de numerosos estudios cuyas conclusiones resultaron erróneas.

Presta atención al siguiente ejemplo:

Un grupo de científicos tenía la misión de comprobar si existe una relación de causalidad entre las grageas y el acné, es decir, se pretendía observar si este particular dulce tiende a provocar brotes acneicos en la población. Para ello, seleccionaron veinte variedades diferentes del caramelo, de tal manera que cada gragea fuese representada por un color y se estudiase por separado.

En esta viñeta de XKCD podemos observar qué fácil es llevar a cabo un experimento para que parezca que ofrece resultados estadísticamente significativos, es decir, para demostrar que dichas golosinas causan acné, cuando en realidad la correlación entre ambas variables es prácticamente inexistente.

Con un nivel de confianza del 95%…

¿Son las grageas amarillas significativas? No.

¿Son las grageas naranjas significativas? Tampoco.

¿Son las grageas marrones significativas? Negativo.

¿Son las grageas verdes significativas? ¡Afirmativo!

Conclusión: las grageas verdes provocan acné.

Una parte de la audiencia ya se ha percatado del quid de la cuestión. ¿Por qué esta afirmación es un insulto a la inteligencia? El científico ha ignorado completamente que el experimento emplea un intervalo de confianza del 95% como indicador de significatividad, lo cual implica que, por puro azar, el 5% de las veces saldrá una gragea cuya correlación sea positiva conforme la muestra tiene a infinito. Los resultados del test no son nada sorprendentes.

El padre que lea la portada de primera plana sólo puede observar: “se ha comprobado científicamente que las grageas verdes causan acné”. Sin embargo, no se ha parado a pensar que, para que se acepte dicha hipótesis, han tenido que descartar los diecinueve colores restantes y actuar como si no tuvieran relevancia.

Si se hubiera repetido el experimento, lo más probable es que las chucherías verdes no dieran positivo esta vez, sino que la significatividad se detectara en cualquiera de los colores restantes.

Con la ley de la atracción pasa exactamente lo mismo: el equipo de mercadotecnia de Rhonda se encargó personalmente de convencer a sus clientes potenciales de que la metodología era efectiva. Para ello, ¿qué mejor estrategia que destacar los poquitos casos en los que el sujeto haya logrado el éxito?

No obstante, descubrirás a continuación que el motivo de este triunfo no tiene nada que ver magia galáctica, los quarks, los neutrinos y los bosones, que es precisamente por lo que aboga la ley de la atracción.

Daniel Kahneman advirtió de una idea similar en “Pensar rápido, pensar despacio”, donde expone que los individuos realizan juicios de valor acerca de otras personas desde un marco estrecho en lugar de adoptar un marcho ancho.

La viñeta anterior sólo mostraba una pequeña porción de la verdad, no el pastel completo. Los que dan ciegamente una opinión acerca de una persona que no han tenido la oportunidad de conocer a fondo corren alto riesgo de equivocación.

Fijarse únicamente en una pequeña parte de la realidad conlleva inexorablemente conclusiones no representativas o incompletas, más aún cuando la selección de la muestra no ha seguido un proceso aleatorio.

Rhonda Byrne se glorifica porque miles personas hayan cambiado sus vidas gracias sus teorías cósmicas y divinas, pero lo que nadie parece tener en cuenta son los millones de personas cuya ilusión por vivir mejor se ha consumado para siempre; las pasiones aniquiladas de forma bárbara y sibilina.

Esto supone un verdadero crimen: aprovechan un defecto cognitivo conocido como sesgo del enmarcado para enfatizar una “ley” que no tiene respaldo científico alguno, en lugar de ofrecer una métrica que represente su efectividad: la ratio de éxito.

Ratio de éxito = Número de éxitos / Número de éxitos + Número de fracasos

Ellos no están mintiendo en el número de éxitos del plan. Sin embargo, están ocultando la información que terminaría por delatarles: el número de fracasos.

Lo gracioso del asunto es que, además de que la proporción de casos exitosos es irrisoria, son éstos los únicos que el público observa, por lo que los resultados arrojan un sesgo abismal… ¡La muestra sido seleccionada a conciencia!

El hecho de que haya sucedido algo bueno en tu vida desde que empezaste a aplicar la ley de la atracción no es indicador alguno de que una cosa haya causado la otra. No debe confundirse correlación con causalidad. Una relación lineal o logarítmica entre dos variables no es motivo suficiente para afirmar que una de ellas tenga un carácter explicativo.

Es bonito y satisfactorio pensar que, si uno desea algo con flamante ardor, el universo conspirará para que se haga realidad tarde o temprano. Y ahí está precisamente la trampa mortífera. Son las historias más buenas, simples, ordenadas y repetitivas las que tienden a pasar por verdaderas. Este fenómeno se conoce como «facilidad cognitiva«.

En la vida hay cosas que salen bien y cosas que salen mal por factores ajenos al deseo y la toma de acción reiterada…

Hay estudiantes con la ambición y facultades físicas de sobra para entrar en la NBA que no cuentan con suficientes contactos, apoyo y visibilización.

Hay músicos con una voz escandalosa y unas facciones sublimes que quedaron en el olvido por un golpe de mala suerte o un contrato basura con un sello discográfico.

Hay padres con bocas que alimentar que no pueden permitirse fallos ilimitados en la creación de una compañía, demostrando así que han aprendido y mejorado.

No pretendo que mi discurso sea desmoralizador y pesimista: todo lo contrario. Quizás se consiga lo que uno desea y quizás no, y eso está muy bien. El cerebro está programado para ajustar el camino a la coyuntura personal en cada ciclo de nuestra vida. Desearás otra cosa distinta con más ganas y la conseguirás.  

Lo imperdonable es no darse el lujo de perseguir activamente lo que uno quiere y refugiarse en el misticismo barato y rogar al firmamento que te dé un Ferrari. El universo no te debe nada; muévete.

La ley de la atracción expuesta por Rhonda Byrne se podría catalogar como metafísica pseudocientífica que ha arruinado las esperanzas de incontables personas que creyeron que una vida de ensueño sería posible sin mover un solo músculo y, peor aún, de gente que estaba batallando favorablemente.

¿Qué es la felicidad?

Decir que la felicidad no existe es no comprender su naturaleza

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¿Qué es la felicidad? Se trata de un concepto tan subjetivo e incalculable… Lejos de intentar venderte una doctrina repleta de dogmas inquebrantables y promesas carentes de aplicación práctica, mi intención es reflexionar de la felicidad desde un punto de vista filosófico y psicológico.

A fin de cuentas, lo importante no es definir la felicidad para los demás: lo imprescindible es decidir qué significa la felicidad para cada uno. El desafío no es ser otro, sino uno mismo. Todo aquel que afirme que el significado de la felicidad se puede legislar, o bien está intentando engañar, o desconoce su naturaleza. Por ello, es casi predecible que tú y yo no coincidamos.

Definición.

En lo personal, coincido bastante con definición que otorga el psicoterapeuta Jorge Bucay en su libro “El camino de la felicidad”, del cuál tenéis un resumen gratuito aquí. Su concepción puede entenderse mediante el siguiente esquema:

Un marinero se encuentra perdido en mitad del Océano Atlántico con un velero. Lógicamente, su objetivo es alcanzar tierra firme. ¿Cuáles son los requisitos para lograrlo? En primer lugar, necesitaría saber la longitud y latitud exactas de su ubicación actual. Sin embargo, poco tiempo después, se da cuenta de que no es suficiente con saber dónde se encuentra, sino que necesita saber hacia dónde se dirige. Por ello, lo siguiente que requiere son las coordenadas del punto de llegada.

El punto de partida es el reconocimiento de la situación actual; el punto de llegada, la meta que uno se propone conseguir. Con la información disponible, ¿pensáis que el pobre hombre podrá llegar a su destino de una vez por todas?

Aun conociendo el punto inicial y el punto final de la trayectoria, ¿por qué no puede emprender la marcha todavía? Simple: le falta una brújula que le permita identificar dónde están cada uno de los puntos cardinales (Norte, Sur, Este y Oeste), es decir, que le indique cuál es la dirección. El marinero debe plantearse cuál de los múltiples caminos debe tomar para llegar del origen al destino. De poco o nada sirve un pergamino con datos numéricos si uno desconoce su interpretación.

Más de una vez nos hemos sentido identificados con el marinero. Éramos conscientes de dónde estábamos y hacia dónde íbamos, pero desconocíamos los recursos que necesitamos y la dirección que debíamos seguir. La felicidad es la satisfacción de entender que estás en el camino correcto, es decir, la tranquilidad interna del que sabe hacia dónde dirige su vida. Si uno posee la certeza de no estar perdido, será feliz.

La moraleja es que, si la felicidad dependiera de las metas, no se alcanzaría hasta el momento de la llegada. En cambio, si depende de encontrar el rumbo, lo único que importa es estar en el camino y que el camino sea el correcto. No obstante, todavía quedan cuestiones por responder. ¿Qué representa la brújula exactamente? ¿Cómo se puede encontrar el rumbo?

Hipótesis básica y contexto histórico.

Nos remontamos a las bases del pensamiento de Hegel, quien afirma que toda la historia de la humanidad tiene una dinámica dialéctica. La realidad no existe en conjunto en un momento concreto, y por tanto, no puede ser conocida por entero en un periodo específico, sino que va siendo a lo largo del tiempo.

Este principio fundamenta el hecho de que cada persona vive una realidad distinta, es decir, la que conoce.

Las tres fases que se encargan de modificar lo que conocemos son las siguientes:

  1. Tesis: afirmación y aceptación de una idea.
  2. Antítesis: conflicto o contraste de esa idea.
  3. Síntesis: actualización y reestructuración de la idea.

Según el planteamiento de Jorge Bucay, es necesaria la libertad del amor propio para experimentar el amor ajeno; es necesario el amor ajeno para experimentar el duelo de una pérdida; es necesario el dolor de la muerte para superarla; y es necesario haber pasado por muchas muertes antes de encontrar el camino de la felicidad.

El dolor forma parte de la vida, mientras que el sufrimiento forma parte de la muerte. ¿Qué significa esto? El dolor y el placer es lo que nos proporciona la felicidad; no se puede entender el uno sin el otro, ya que coexisten armónicamente para elevarnos a la mejor versión de nosotros mismos.

Los escritos hegelianos reafirman, de este modo, que la verdadera felicidad no es la ausencia del dolor, el conflicto y la lucha, sino todo lo contrario: el ser humano los necesita tanto como al oxígeno. De esta hipótesis fundamental se derivan los principios básicos para alcanzar la felicidad:

Principio 1 – La verdadera felicidad depende de uno mismo.

El doctor Viktor Frankl, quien sobrevivió a los campos de concentración nazis, nos explicó que, si bien sus captores controlaban todos los aspectos de la vida de los reclusos, incluyendo si habrían de vivir, morir de inanición, ser torturados o enviados a los hornos crematorios, había algo que los nazis no podían controlar: cómo reaccionaba el recluso. Frankl dice que de esta reacción dependía, en gran medida, la misma supervivencia.

Lo relevante no es lo que sucede, sino la interpretación que cada uno le otorga a lo que sucede. Sí, existen eventos extrínsecos sumamente injustos que pueden mermar nuestro estado fisiológico de bienestar y tranquilidad. Pero más adelante, descubrirás por qué esto tiene poco o nada que ver con la felicidad.

Numerosos estudios han demostrado que, hasta ahora, no se ha hallado una relación forzosa entre las circunstancias de la vida de la gente y su nivel de felicidad. Si las circunstancias externas determinaran per se la felicidad, se trataría de un tema sencillo y no de un tema complejo.

La capacidad para cambiar la perspectiva es una de las herramientas más efectivas a la disposición del ser humano. ¿Cómo se hace? Aumentando la responsabilidad y control, desarrollando resiliencia y trabajando para alcanzar la sabiduría.

Principio 2 – La verdadera felicidad no es volátil

Los escépticos irreductibles creen que la felicidad no existe o no es posible. De este grupo no me encargaré en absoluto, porque ni siquiera están leyendo estas palabras.

Los optimistas incurables piensan que la felicidad existe y se puede conquistar en forma definitiva. De este grupo tampoco me ocuparé, aunque ni mucho menos garantizo que estén situados dentro de su respectivo itinerario.

Los positivos con limitaciones afirman que la felicidad existe, pero sólo en momentos puntuales. Quienes creen que la felicidad consiste pequeños instantes, en un oasis en medio de un lúgubre y soporífero desierto, no han podido incorporar todavía el concepto de que incluso los malos momentos configuran un contexto donde sea posible ser feliz.

La auténtica felicidad no crece en momentos de esplendor ni se derrumba en los episodios dolorosos. En caso contrario, el ego podría estar llamando a la puerta. En este sentido, la gente confunde dos ideas diametralmente opuestas: estar feliz y ser feliz. O lo que es lo mismo: alegría y felicidad.

La idea de estar feliz, relacionada con la suma de momentos de plenitud, implica un concepto de lucha: tratar de estar alegre cada vez más tiempo, conseguir cada día más buenos momentos y trabajar para buscar ese estado de goce constante, tal y como pretenden los románticos hedonistas… En definitiva: intentar estar contento con más y más frecuencia.

Sin embargo, creer que uno es feliz basándose en la calidad de sus momentos es, bajo mi punto de vista, un error. No se trata realmente de estarlo, sino de serlo. Si se consigue encadenar un cúmulo de buenas experiencias, uno podría hasta tener la falsa idea de que se es feliz, por lo menos hasta que un duro revés le despierte a la realidad. Por ende, la búsqueda incesante del placer y el rechazo implacable del dolor conducen a un solo destino: el sufrimiento.

Principio 3 – La verdadera felicidad se encuentra en movimiento

El Dalai Lama no clasifica estados mentales, emociones o deseos con arreglo a juicios morales externos, como pecado o malignidad, sino simplemente sobre la base de si conducen o no a la felicidad personal última. Las emociones son el motor del cambio.

Anteriormente, cuando se buscaba el significado de la palabra ´feliz´ en el diccionario de la Real Academia Española, la primera acepción postulaba: «Aquel que se complace con la posesión de un bien». La complacencia del tener nos conecta con una situación de difícil salida; si la naturaleza humana es insaciable, se puede deducir que el mayor obstáculo para la felicidad está ligado a nuestra propia naturaleza.

El deseo humano es nada más (y nada menos) que la batería, el nutrimento, el combustible de cada una de sus actitudes. Cada cosa que uno hace o decide dejar de hacer está motivada por un deseo, independientemente de si el individuo es capaz de identificarlo o no.

Ha de tenerse en consideración que el deseo poco es capaz de lograr por sí solo. Por mucho que el marinero conspire y suplique a Poseidón que le mande un transatlántico, me temo que éste no movería un músculo ni para darle un alga. El deseo adquiere sentido cuando se transforma en acción. Lo que uno precisa para cambiar definitivamente es movimiento direccionado, es decir, que siga un camino específico.

¿Te acuerdas de lo que le faltaba al navegante para llegar a su destino? Exacto: una brújula. Probablemente te estarás preguntando qué simboliza dicho objeto en la vida real, yo quiero hacerte otra: ¿para qué vives?

No por qué sino para qué.

No cómo sino para qué.

No con quién sino para qué.

No de qué sino para qué.

La pregunta es personal: no se trata de que contestes para qué vive el hombre o por qué existe la humanidad. Se trata de tu vida. Cuando lo hagas, tendrás la brújula en tus manos; habrás encontrado la llave de la felicidad.

No se puede construir un camino donde quede garantizado que uno consiga todas las metas que se proponga, pero sí se puede elegir que vaya en la misma dirección que el propósito.

Hay otros dos principios de los que ya te he hablado anteriormente en el canal:

Mi camino es compartir mi análisis de la realidad con el mundo y ayudar con él a la gente a cambiar su vida. ¿Cuál es el tuyo?

10 valores humanos que no puedes pasar por alto

Descubre cuáles son los valores del éxito

¿Cuáles son tus principios?

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¿Cuál es la razón por la que haces lo que haces y piensas lo que piensas?

¿Cuáles son las metas que te propulsan a levantarte todas las mañanas?

¿Cuáles son las causas de tu situación actual, ya sea dichosa o luctuosa?

Déjame explicarte por qué estoy lanzando al aire esta ristra de preguntas…

Casi con toda seguridad, multitud de personas están ciegamente convencidas de que están siguiendo el camino correcto. Y razón no les falta: quizás estén tomando un sendero que les lleve en buena dirección. No obstante, ¿es eso suficiente? ¿cómo te tomarías a un cojo que pretende ir de Nueva York a Los Ángeles andando por la carretera? De acuerdo: el objetivo es terminar en Santa Mónica Pier, pero no solamente importa el qué, sino el cómo, el por qué y con quién. Mientras tanto, infinidad de atrapados circulan con Corvettes, Ferraris y Lamborghinis sin tener ni idea de dónde se dirigen. Hoy vamos a hablar de los valores.

Una de mis amigas me confesó que estaba muy desesperada con su proyecto: “¡Lo he probado prácticamente todo para triunfar en el mundo de la moda! La gente no pilla las nuevas tendencias, me dice que la ropa no es de marca o me da consejos completamente incoherentes para rentabilizar el negocio”.

A lo que yo le respondí: “¿Cuál es el objetivo de tu compañía? Decididamente, ella contestó: “Llegar a facturar 200K€/año con la venta de prendas y complementos”. Seguidamente, le hice otra pregunta completamente distinta: ¿Y cuál es el pilar número uno de tu compañía? A esto, enmudeció.

Se acababa de dar cuenta de que no tenía ni idea de cuáles eran los valores de su negocio, y peor aún, de cuáles eran sus propios valores. Por consiguiente, sintió como le caía un jarro de agua al ser finalmente consciente de que la empresa per se no tenía una jerarquía de principios, virtudes o cualidades que la caracterizaban. En otras palabras: ¡no tenía vida! ¿Qué es lo primero que se te pasa por la cabeza cuando te digo “Coca-Cola”? ¡Ya! Posiblemente, hayas pensado en la palabra “felicidad”. Esto no es casualidad. Son los valores de la compañía.

En este preciso momento tú ya tienes una lista de valores. El problema es que, si no has recapacitado acerca de su existencia, no los eliges tú; los elegirán tus circunstancias, tu entorno, tu cultura y tu suerte. Suponiendo que tengas unos padres excelentes que te hayan proporcionado una educación exquisita, vivas en un mundo perfecto, pertenezcas a una cultura que respete los derechos humanos y tengas una flor ahí abajo en todo lo que te propones llevar a cabo, todo bien.

La cuestión es la siguiente: la probabilidad de que todos estos eventos sucedan al mismo tiempo es irrisoria. Entonces, ¿qué es lo que sucede cuando la gente no recapacita acerca de sus valores? Probablemente, que éstos sean limitantes. No hay nada más frustrante que una disonancia entre valores y metas, como aquel propietario de un deportivo que deambula por la autopista sin rumbo.

Basta ya de que la imagen que ves en el espejo todos los días no te represente.

Basta ya de predicar un credo que no eres capaz de cumplir día a día.

Basta ya de echar siempre la culpa al vecino de todos tus males.

Si te pregunto cuáles son tus valores, deberías ser capaz de decírmelos instantáneamente. Tiene que salir de tu cabeza a una velocidad exorbitante. La única manera de conseguir felicidad a largo plazo es viviendo bajo nuestros máximos ideales y actuar en concordancia con lo que creemos.

Tus valores influencian la dirección de tus sentimientos, de tu pensamiento y de tus decisiones a corto, medio y largo plazo. Por ello, la capacidad de transformar tus valores implica el poder de cambiar tu realidad interna, y yo te aseguro que, si tu realidad interna cambia, van a pasar dos cosas:

  • La manera en la que interpretas la realidad externa va a ser totalmente distinta.
  • La probabilidad de que la realidad externa cambie va a aumentar considerablemente.

¿Por qué un buen sistema de valores es fundamental para el funcionamiento de las corporaciones? Desde los años 90, con el auge de una realidad cambiante y sorpresiva, los líderes de los sectores introdujeron un nuevo planteamiento: la dirección estratégica. Si los cimientos de la compañía están correctamente definidos, es decir, si existe una misión, una visión y unos valores detrás, todas las acciones y las de tu equipo coexistirán armónicamente: Qué hacer y qué no hacer, cuáles son los criterios de conducta, cómo es el trato con los clientes, cuándo anticiparse al mercado y por qué… Si todas estas cuestiones no han sido tratadas con anterioridad, el inevitable destino del negocio es la quiebra.

En “Awaken The Giant Within”, Tony Robbins nos desvela un secreto revelador: “No sólo importan tus valores, sino su jerarquía”. ¿Qué significa esto?

Mi primera lista de valores, ordenados según su importancia, es la siguiente: Esfuerzo, Sobriedad, Egoísmo, Perspectiva, Imagen, Pasión, Resiliencia, Optimismo, Salud, Altruismo y Valentía. Cualquiera podría pensar que todo está en orden, ¿verdad? ¿cómo ha cambiado el asunto?

Mi lista actual de valores, ordenados según su importancia, es la siguiente: Valentía, Pasión, Sobriedad, Esfuerzo, Resiliencia, Perspectiva, Disciplina, Salud, Egoísmo, Altruismo y Aceptación. ¿Qué ha pasado aquí?

A pesar de que los valores de la primera y de la segunda lista son prácticamente similares, la jerarquización varía de forma considerable. La manera en la que uno ordena las cualidades determina los resultados y bienestar de una manera tan colosal que, en este preciso instante, pagaría todo el dinero que tengo para que mi futuro yo me diese su lista. Yo fui el que cambié la lista, para que la lista me cambiase a mí. Parece de lo más esotérico y etéreo, pero el hecho de que reconocer tus valores muta tu autoconcepto está demostrado científicamente. Se trata de tu hoja de ruta, el mapa que te va direccionar hacia donde más deseas.

He de reconocer que al principio fue duro, muy duro. Meses después de escribir esto, uno de mis mejores amigos me propuso saltar desde un trampolín de 10 metros de altura. Para algunos será una altura despreciable; para otros, algo completamente descabellado; y para mí, algo que me daba miedo. Mucho miedo. Si no hubiera reestructurado mis valores, ¿tú crees que habría saltado del trampolín? Simplemente, tenía que hacerlo y sabía que lo iba a hacer. La valentía estaba en primera posición, lo cual significaba que, a partir de ese momento, tenía que comportarme como una persona valiente. Sin lugar a dudas, fue una de las mejores experiencias de mi vida.

¿Qué hay del resto de valores? ¿Qué significan?

  • Valentía: La felicidad consiste en salir fuera de tu zona de confort y atreverte a actuar.
  • Pasión: La felicidad consiste en disfrutar del proceso.
  • Sobriedad: La felicidad consiste en mantener la cabeza gélida y el corazón ardiente.
  • Esfuerzo: La felicidad consiste en tener cero expectativas y trabajar para conseguirlas todas.
  • Resiliencia: La felicidad consiste en seguir adelante sin importar lo que pase.
  • Perspectiva: La felicidad consiste en agradecer cada minuto de existencia.
  • Disciplina: La felicidad consiste en reconciliarse con el dolor para derrotar al sufrimiento.
  • Salud: La felicidad consiste en tratar bien a tu cuerpo, ya que es el motor de tu vida.
  • Egoísmo + Altruismo: La felicidad consiste en darse amor a uno mismo y a los demás.
  • Aceptación: La felicidad consiste en ser fiel a lo que uno es, no a lo que tiene y representa.
  • Pero sobre todo… La felicidad consiste en la lealtad a tus principios hasta que la muerte lo impida.

Ahora te toca a ti: ¿cuáles son tus valores?

Qué hacer cuando te dicen que no puedes hacer algo

No aceptes críticas constructivas de alguien que nunca ha construido nada

Vence al «no puedo»

Si por algo se caracteriza el ser humano es porque nunca te vas a encontrar a dos personas iguales. El rasgo distintivo más pronunciado de nuestra especie es la cara. Desde el momento en el que vemos al alguien por primera vez, nuestra memoria asociativa empieza a carburar y crea un nexo casi indestructible entre el nombre y el rostro de esa persona.

Sin embargo, es curioso reconocer que ni tú ni yo hemos visto nuestra cara. Nunca. Piénsalo: has observado tus manos, tus piernas o tu abdomen en incontables ocasiones, pero jamás has tenido la oportunidad de ver cómo eres realmente de forma directa. Siempre has precisado de un espejo, objeto o medio extrínseco que refleje tu imagen. Incluso si estamos hablando de un holograma, no deja de ser una mera representación matemática. ¿Acaso no es comparable a un espejo en tres dimensiones?

Bien, pues déjame decirte algo… Hay rasgos de nuestra identidad y patrones de conducta que nosotros no podemos ver. Hay cosas de nuestra personalidad que no podemos descubrir por cuenta propia. Así como uno es y será incapaz de ver su cara, necesitamos, al menos, a una persona que actúe como reflejo para averiguar cómo somos realmente. Esto es lo que se conoce como teoría de los espejos.

Lo cierto es que te sorprenderías de las cosas que te estás perdiendo acerca de ti…

Quizás donde tú ves una inteligencia lógico-matemática muy deficiente, otros están viendo una inteligencia lingüística y emocional descomunal.

Quizás donde tú ves un obstáculo imposible de apartar del camino, otros están viendo una oportunidad de oro para llegar a su máximo potencial.

Quizás donde tú ves falta de estética y fealdad, otros están viendo una belleza y elegancia por la cual suspirarían.

¿Eso significa que debas creerte todo lo que te muestren los demás? En absoluto. Volvamos a tu cara. Desde luego, si me preguntaran a mí en qué espejo prefiero mirarme todas las mañanas, elegiría uno cuya distorsión sea nula. Cuanto más se aleje la refracción de lo que en realidad soy, con más fuerza voy a rechazarla. De igual manera, tú debes buscar aquellas personas cuyo reflejo se acerque lo máximo posible a la verosimilitud. No quieres un destello despampanante que mejore artificialmente tu imagen, y por supuesto, tampoco deseas una representación oscura y tenue que infravalore tu brillantez interna.

Jim Rohn dice que eres la media de las cinco personas de las que más te rodeas. Y yo te digo que posiblemente seas eso, y mucho más. Si al final sólo puedes observarte en espejos resquebrajados y llenos de polvo, ¿cómo crees que te vas a ver a ti mismo? Y peor aún, ¿cómo crees que vas a ver a los demás? Pasa tiempo con el que se queja, llora y frustra, y acabarás quejándote, llorando y frustrado.

Multitud de expertos en psicoterapia, como Jorge Bucay, afirman que nuestra pareja es con frecuencia el mejor espejo, y estoy de acuerdo, aunque lo cierto es que depende de las circunstancias de cada uno. A lo mejor la imagen más nítida y compacta la puedes encontrar en alguno de tus familiares o amigos.

¿Pero sabes donde nunca la vas a encontrar? En el que te dice que no puedes. Ahí, no.

Y ojo, no estoy hablando de una falta de potestad ligada a restricciones físicas o normativas. No tengo nada en contra con todo el que me diga que no llegaré a medir 1,90m o que carezco de autoridad para agredir a alguien por la calle.

Estoy hablando de un choque entre tus creencias acerca de tu capacidad con las de otra persona. No dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Esas personas simplemente no han conseguido lo que querían, y la única forma que han encontrado para igualar su valor al tuyo es rebajándote a su nivel. Puro ego.

No hay mayor síntoma de un espejo dañado que el de alguien que te ordena explícitamente que limpies el tuyo.

Si tu entorno te envía alaridos para que ceses, ya tienes un motivo más para no hacerlo. Al fin y al cabo, el que desconfía de sí mismo encontrará en las críticas destructivas una razón de peso para no tomar acción. Y el que sabe que lo va a conseguir, se encargará de demostrar lo contrario todos y cada uno de los días. Cuidado con dónde te miras.

Rompe la barrera del dolor

El dolor es inevitable; el sufrimiento, opcional

¿Qué es la barrera del dolor?

Como si de un tatuaje se tratara. Como si una eterna condena fuera.

He escuchado cientos y cientos de frases exaltando lo supuestamente perfecto que es el ser humano; que son muchas las casualidades que cohesionan armónicamente entre sí; que somos máquinas diseñadas estratégicamente.

Nada más lejos de la realidad, tu subconsciente está programado para fallar. Somos capaces de imaginar peligros que no existen y hacer del más mínimo problema una tortura irrefrenable. Tu cerebro no quiere que tengas éxito… Tu cerebro quiere que sigas vivo. ¿Somos un diseño perfecto? Sí. Perfecto para vivir en el Paleolítico.

Si hay un principio número uno en la psicología freudiana es que, inconscientemente, el hombre busca el placer y rehúye del dolor. El problema viene cuando, por culpa de este defecto de fábrica, no sabemos entrever cuándo el placer de hoy conduce inevitablemente al dolor de mañana.

Nuestro sistema operativo necesita urgentemente una actualización. Mucha gente se refugia en el mínimo esfuerzo, creyendo que es suficiente con hacer lo que te apetece. Es un error, puesto que la ley del mínimo esfuerzo conduce inexorablemente a la mínima felicidad.

No, el progreso no está en el conformismo. Siento dar una noticia que defraudará muchos: el progreso está en el dolor. Pero no se el dolor del que te han hablado hasta ahora… Este dolor es tu aliado. Se trata de un clamor de libertad que exige romper la barrera de la mediocridad. Un placer cubista que pocos sabrán apreciar.

Es muy difícil explicarlo con palabras. Entiendo que haya quienes no me crean…

La primera vez será una sensación desagradable.

La segunda vez también lo será, no cabe duda.

La tercera vez igual, pero ni la mitad que la primera.

Y poco a poco, lo que al principio era dolor, se irá transformando en un vicio que te hará sentir más vivo que nunca, hasta que algún día puedas exclamar con orgullo: «¡Soy adicto al dolor!». El 90% de la gente te mirará con extrañeza y aborrecerá tus palabras, pero fíjate en el 10% restante. Ellos son los que comparten tu afición, o desearían compartirla con todas sus fuerzas.

Si no nos creéis, preguntádselo a él: Howard James. ¿Cómo una persona, en su sano juicio, puede nadar desde Francia a Inglaterra ida y vuelta? Él lo tiene claro: cuando pensaba que no podía más, se preguntaba a sí mismo: “¿Puedo nadar cinco minutos más? ¡sí, por supuesto que puedo! Llevo más de 10 horas seguidas, ¿me estás diciendo que no puedo hacer lo que ya he hecho 120 veces?” Cuando pasaban esos cinco minutos, se volvía a repetir lo mismo. Así, hasta llegar a su destino. De lo contrario, declara el nadador, hubiera sido completamente imposible.

¿Qué es lo que pasaría si te centraras más en lo que tienes que hacer y menos en si lo vas a conseguir? La acción supera a la perfección. Sé que no siempre, pero en ocasiones, no abandonar es lo único que importa.

A veces estamos convencidos de que no podemos más, de que aquí se acaba el juego. Dejamos de creer en nosotros mismos. ¿Te digo tu problema? Te han metido en la cabeza que creer en uno mismo precede a la acción, cuando es la acción lo que aumenta la fe en uno mismo.

Ya lo sabes, no hay recompensa si no hay sudor.

Es el principio número uno del ganador. Sé fuerte…

¡Y rompe la barrera del dolor!

El poder de las palabras

¿Cuáles son las palabras más poderosas y motivadoras? 

Descubre el vocabulario transformacional con Tony Robbins

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El hecho de que estés aquí ya te hace especial. ¿El motivo? Has tenido la humildad suficiente para darte cuenta de que son las pequeñas cosas las que conducen a los grandes resultados. ¿Y qué puede haber más pequeño que las palabras que utilizamos? No te confundas… Una cosa es que sea pequeño, y otra muy distinta, que sea insignificante.

A partir de hoy, concibe tu mente subconsciente como un vasto jardín donde todo lo que dices, haces, escuchas y sientes son semillas que penetran en la tierra. Las empresas se aseguran constantemente de bombardearnos con información poco relevante, que difícilmente uno es capaz de bloquear en su totalidad. Sin embargo, tienes a tu disposición el mando que controla el input más potente y decisivo para abonar, regar y cuidar las semillas.

En otras palabras, algunas semillas caen del cielo como la lluvia, y otras las esparces con tus propias manos. Son estas últimas las que se encuentran dentro de nuestra área de influencia, y por lo tanto, en las que nos vamos a centrar. Exacto: estoy hablando de las palabras. Las palabras son causa y consecuencia de nuestras acciones y sentimientos, y condicionan gran parte de tu vida, porque…

Cuando sientes o escuchas algo, puedes canalizar la información y clasificarla como irrelevante.

Cuando dices o haces algo, ese algo acaba cobrando vida. Punto y final.

Por supuesto, doy por hecho que mi audiencia no es tan ingenua como para pensar que estoy haciendo una apología a la inactividad. Si de verdad te has tragado que para conseguir algo sólo tienes que decirlo, estás en el sendero equivocado. Me estoy refiriendo a la emisión de juicios de valor, no a que recurras al esoterismo barato o la ley de la atracción.

Puede parecer increíble en un primer momento… ¿Tu discurso profetiza tu futuro? Sí y no.

Si te hablas bien, aumentarás la ponderación de una de las múltiples variables exógenas del éxito. Aunque un vocabulario potenciador no te garantice el éxito, elevará la probabilidad de conseguir lo que deseas de forma considerable. Sin embargo, hay algo que puedo asegurarte al cien por cien: si tus palabras son limitantes, apaga y vámonos. Estás fuera de juego.

En muchas ocasiones, estamos creando a través de nuestras palabras el terreno perfecto para arruinar y sabotear todos nuestros objetivos: “¡Nunca pagaré mis deudas!”; “¡Nunca encontraré a nadie!”; “¡Nunca superaré esta enfermedad!»; «¡Nunca terminaré los estudios!”. ¿Alguna vez habéis escuchado la expresión “cavó su propia tumba”? Pues bien, utilizar un vocabulario deficiente es cavar tu propia tumba y escribir el epitafio con tus propias manos antes de ser enterrado. Yo prefiero utilizar otra expresión: “sellar tu destino”. Eres tú el que aportas la connotación, ya sea positiva o negativa.

Por ende, una boca pobre conducirá irremediablemente a una vida pobre. Es el síntoma perfecto de una enfermedad mucho más grave: falta de amor propio. Si no te gusta lo que estás viendo, quizás sea el momento de sembrar diferentes semillas.

Puede parecer que lo que más deseas nunca va a suceder, pero no te afanes en una verbalización subóptima. No quedes atrapado por tus palabras. Si fallas, que sea porque el engranaje de la probabilidad todavía tiene que girar un poco más, pero no porque hayas cavado tu propia tumba. Eso es lo verdaderamente imperdonable.

¿Piensas que el asunto se reduce a las expresiones que utilizas? En absoluto. Todas y cada una de las palabras cuentan. Te presento el arma que vas a llevar en tu bolsillo a partir de ahora: el vocabulario transformacional.

Tony Robbins defiende que, adoptando ciertos microcambios en nuestro vocabulario habitual, podemos cambiar instantáneamente cómo pensamos y sentimos. Lo cierto es que hay estudios de psicología conductual que refuerzan esta estrategia. Las palabras que utilizamos de forma consistente son como un termostato que regula la intensidad de las emociones. Si el array de palabras que usas crea estados que te limitan, deshazte de ellas y remplázalas por otras que disminuyan la carga emocional asociada.

Ejemplos:

¿Estás hecho una furia, o más bien estás molesto?

¿Estás aterrado, o más bien estás concienciado?

¿Estás nervioso, o más bien estás inquieto?

¿Estás decepcionado, o más bien estás sorprendido?

Más de uno podría pensar que hacer esto es engañar a tu mente. Nada más lejos de la realidad, embaucar a tu mente sería comunicarle que estás eufórico en un día de perros, y nosotros no queremos hacer eso. En su lugar, esta técnica tiene por objeto prender el sistema de activación reticular ascendente para adaptar la intensidad de lo que uno siente.

Hay jefes que verbalizan explícitamente el hecho de que su empresa es el conjunto de sus activos, y sus empleados, sus pasivos. ¿Cómo crees que afecta esta interpretación al trato con los trabajadores? ¡Y ojo: Cualquier persona que estudie economía sabe que esto es verídico!

A fin de cuentas, los empleados son capital humano con unos costes, una rentabilidad y riesgo asociados, ¿Pero no crees que sería más lógico contextualizar la definición de la empresa en lugar de usar un lenguaje que trata a las personas como números?

Mientras tanto, otros jefes ven a su compañía como un jardín donde todos y cada uno de los trabajadores se encargan de mantenerlo y mejorarlo día a día. Y mejor aún, ¿Qué pasaría si empezaran a concebir a su empresa como tu segunda casa? ¿Qué pasaría si trataran al equipo de profesionales como una familia? Puedo asegurar que esta persona no vería a sus empleados con los mismos ojos. Las metáforas pueden ser tu mayor aliado o un detrimento en tu camino.

Puede que lleves una época en la que te estás esforzando al máximo sin obtener los resultados que deseas. Entiendo lo frustrante que es… ¡Yo soy el primero al que le pasa! ¿Pero sabes qué? En lugar de condenarme a mí mismo repitiéndome que estoy atrapado, prefiero pensar que estoy entrenando bajo la lluvia. Desde fuera, puede parecer que se trata de dos maneras diferentes de expresar lo mismo; desde dentro, la historia es completamente distinta. A fin de cuentas, los ganadores se forjan cuando las gradas están vacías y no hay nadie mirando.

Cómo desarrollar la resiliencia a cualquier edad

La resiliencia es crecer desde la adversidad

 

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La resiliencia no es una cualidad innata, sino una habilidad. Por lo tanto, puede ser adquirida.

Todavía me acuerdo del momento en el que la inocencia surcaba por mi mente.

Todavía me acuerdo de todas aquellas expectativas vacuas que proyecté sobre mi futuro.

Todavía me acuerdo del guión barato que escribí en los rincones más ingenuos e insólitos de mi vida.

Basta ya. ¿Por qué pretendemos pasar por la vida como si fuera un camino de rosas?

¿De verdad piensas que todo va a salir según lo planeado? Te voy adelantando algo: en esta vida te vas a encontrar imprevistos, contratiempos y sorpresas que no van a ser precisamente agradables. La única manera de enfrentarte a ellos es entendiendo que, sin el obstáculo, no eres más que el pobre y diminuto animal que ha permanecido rezagado durante toda su vida, pensando que a los problemas hay que darles la espalda, y no la cara. Contrario a lo que comúnmente se puede pensar, no se trata de que la vida se haga más fácil, sino de que tú te hagas más fuerte. A dicha fortaleza necesaria para combatir, incluso cuando estás lleno de lodo hasta la garganta, se la denomina resiliencia. Y haces uso de ella…

Cuando crees que has llegado a tu límite.

Cuando crees que no puedes más.

Cuando crees que nada merece la pena.

En estos momentos, se demuestra de qué estás hecho por dentro. Entiende algo: es muy fácil cumplir cuando el viento va a tu favor y la estadística se pone de tu parte. Pero, ¿Por qué te crees que no todo el mundo llega a su mejor versión? Lo cierto es que son muy pocas las personas que empujan en sus días malos como si no hubiera un mañana. No te olvides de esto: los días malos son los más importantes de tu vida. Son en los que te demuestras si vas o no vas. Punto.

El ser humano dispone de un defecto de fábrica inminente. Evitamos el dolor a toda costa, y en consecuencia, atraemos al sufrimiento. Y déjame aclararte que dolor y sufrimiento son conceptos muy distintos.

El dolor forma parte de la vida. Éste abarca cualquier emoción que nos afecte: frustración, impotencia, tristeza, estrés… Son sensaciones desagradables, desde luego. Pero entiende que, sin la dualidad placer-dolor, tan sólo seríamos entes fríos y distantes.

El sufrimiento, en contraposición al dolor, forma parte de la muerte, porque el hastío de esa garra fría es de todo menos vida. Se trata de la respuesta cognitivo-emocional que tenemos ante una situación dolorosa. Y esta es la buena noticia.

El dolor es lo que te permite crecer como ser humano, mientras que el sufrimiento es lo que te impide crecer. El dolor es inevitable; el sufrimiento, opcional. Tú decides, en última instancia, si quieres sufrir o no, mediante una interpretación potenciadora que te permita filtrar la realidad para tomar acción.

Mi pregunta es: ¿Por qué lo queremos todo tan fácil? Mucha gente se repite a menudo que, aunque crecer a tu máximo potencial conlleve dolor, es necesario. ¿No os dais cuenta de lo que pasa? Semánticamente, estás programando a tu cerebro para que piense que el crecimiento es un requisito inesquivable para obtener una recompensa que requiere sufrimiento. Nada más lejos de la realidad, el crecimiento no requiere sufrimiento, sino dolor.

Crecer a tu máximo potencial conlleva placer y dolor, y ambos son estrictamente necesarios.

Aquí está la clave de todo: rinde culto al paso intermedio, alaba al proceso y disfruta de cada instante del camino. Si no hay dolor, ¿Qué clase de juego es el que tienes delante? Te puedo asegurar que no ha habido absolutamente nadie que haya conseguido evolucionar por cuenta propia sin enfrentarse a experiencias dolorosas. El dolor es lo que recompone nuestro circuito de recompensa y lo que crea nuevas sinapsis neuronales.

No te dejes engañar por todas aquellas personas que han obtenido recursos sin mover un dedo, en lugar de haberlos conseguido por sus propios méritos. La sociedad nos inculca, desde que somos pequeños, una mentalidad de obtención en lugar de una mentalidad de logro. En consecuencia, pretendemos obtener los resultados del proceso sin pasar por el proceso siquiera… ¿Qué clase de incoherencia es esta?

Yo no quiero cosas fáciles, ¿Sabéis por qué? Puesto que veo la vida como un juego. Se trata de ponerse en tercera persona y recapacitar acerca de nuestra propia existencia. Ya seas creyente, agnóstico o ateo, hay solamente dos tipos de seres humanos…

Los que intentan sobrevivir y los que luchan para supervivir.

Los que sufren y los que sienten placer y dolor.

Los que resignan y los que aceptan.

Los endebles y los resilientes.

Tú decides a qué grupo quieres pertenecer.